EDUARDO MARIÑO
RNCC / FOTO EDUARDO MARIÑO
Indudablemente que a raíz de la desidia de los gobiernos locales y el asedio económico que le ha tocado enfrentar a Cojedes como a toda la nación, hay un sin número de problemas que agreden constantemente a los habitantes de esta región. Uno de ellos, y al que muchos consideramos el más grave, atenta contra las posibilidades de desarrollo a futuro y me arriesgaría a decir que incluso a la supervivencia de la capital cojedeña.
No hay ningún sancarleño que, al día de hoy, no haya tenido la oportunidad de acercarse al balneario Bocatoma, lugar por excelencia de paseos familiares y no tan familiares para los habitantes de esta ciudad. Tampoco creo que haya al menos un sancarleño, que no haya padecido en algún momento la falta de agua en las tuberías de nuestro añoso sistema de distribución del vital líquido.
En ambos casos, y sin descartar el deterioro e insuficiencia de tal sistema, es indudable que el río ya no es el que era hace unos años. Su caudal, cada vez más disminuido y contaminado, viene causando severos problemas de escasez al sistema de potabilización y distribución, pues, a más bajo caudal, por simples leyes de hidrodinámica, más sedimentos, y menor el flujo de agua a la planta de tratamiento “Don Elías Nazar Arroyo”.
En un reportaje publicado en estas mismas páginas, el periodista Héctor “Nuno” González denunciaba que “estudios recientes delatan vertidos en los municipios Bejuma, Nirgua, Tinaquillo, San Carlos, Rómulo Gallegos y Ricaurte, algunos de manera directa y otros previamente tratados en lagunas de oxidación”.
Asimismo, señala que, en este cauce tan importante para la vida de Cojedes, “caen los desechos de manera directa al río desde los colectores marginales de la capital, provenientes de sectores como el Centro, El Chuchango, Alberto Ravell, Las Lajitas, La Medinera, Limoncito, entre otros. El canal de La Yaguara, que recoge los desechos de buena parte de la zona sur sancarleña, también termina en el Tirgua. Pasa lo mismo en Manrique directamente, en Las Vegas con los desechos que caen al caño Buen Pan y de allí al Tirgua. También pasa en el municipio Ricaurte, en el sector Caño Hondo”.
Nuno destaca la relevancia económica y social de esta cuenca, que se extiende por algo más de 300 kilómetros y es la principal fuente de agua para uso doméstico, agrícola, comercial e industrial para medio millón de cojedeños que habitan y prosperan en los municipios Tinaquillo, Tinaco, San Carlos, Rómulo Gallegos, Ricaurte y Girardot.
Esto incluye por supuesto, las aguas subterráneas que por permeación se nutren de esta cuenca y están igualmente sujetas a la contaminación que adolece el cauce superficial.
A esto se suma, la masiva deforestación de que es objeto la misma, sin ningún tipo de control o permisología, por parte de productores, principalmente de cultivos tan perjudiciales para la sostenibilidad de la cuenca como lo son el ñame y otros tubérculos.
Este tipo de cultivo tradicionalmente favorece la eliminación de árboles y arbustos, dejando a los cerros sin la protección adecuada para la captación de las precipitaciones, a la vez que aumenta la superficie expuesta para la evaporación.
Además, otro factor antrópico a tomar en cuenta, no es solo la cantidad de desechos que caen al río aguas abajo, sino el poblamiento cada vez más creciente del territorio correspondiente al Parque Nacional Tirgua, así como su aprovechamiento turístico, lo que pone en peligro la existencia misma de la cuenca como reservorio natural y de agua.
Cuando estaba pequeño, solía ir al parque Bocatoma con mi papá, armados de simples anzuelitos “sardineros”, y pasábamos demoradas tardes viendo el río, y yo me maravillaba, más que de la pesca, de la cantidad de objetos hermosos, troncos desgastados y suavizados por el agua y los días, piedras, conchas de moluscos diminutos, las aves, la fauna en general y el verdor de este río. Siempre con cuidado de no ser arrastrado por la poderosa y rumorosa corriente.
Hace poco fuimos, a escapar un rato del calor y de esa corriente solo quedan las grandes piedras, limadas y desgastadas de tanta caricia del río, que ahora se ha esfumado y habita apenas en la memoria.
Recordé, como en un golpe fuerte de aquellos de Vallejo, las palabras de un eterno enamorado de este río, Demetrio Silva, quien una vez me dijo, “cuando se acabe este río, se acaba todo”.
Es imposible vivir en San Carlos sin el regalo maravilloso que este río nos ha dado, fiel y majestuoso, desde que se hicieron las primeras casas en estos lares, por allá, donde está enterrado el ombligo del poeta José Daniel Suárez, en lo que fue la Misión de San Francisco del Tirgua, por donde hoy es La Colonia.
Es imposible hablar de expansión del comercio, del turismo, de la industria y la producción agrícola sin agua.
Para nosotros, los que nacimos y nos quedamos aquí, los que nos duelen la tierra y su dolor de rastrojo seco, sus cerros pelados y sus garzas tristes, es sencillamente imposible el futuro, sin el río Tirgua.
Es imperativo que los gobiernos locales, empezando por las Comunas que ocupan el territorio, la Gobernación del Estado, las Alcaldías de los municipios involucrados y el Ejecutivo Nacional, asuman esta tarea con la pertinencia que amerita, ya que, recalco aquí, está en juego la propia supervivencia económica y la habitabilidad de San Carlos como ciudad.
Asimismo, es obligación nuestra, de todos los que habitamos en su cuenca, hacer conciencia y tomar acciones para su rehabilitación, su reforestación y su cuidado.
Al respecto y para finalizar esta reflexión, quiero tomar algunas ideas compartidas por nuestro buen amigo y apreciado educador Porfirio Gómez, quien señala que, en este problema, “hay una gran oportunidad de enseñar a las nuevas generaciones. No sólo a las de educación primaria, a todos, especialmente a quienes están preparándose para enseñar” y que desde la óptica robinsoniana de nuestra educación “ese cauce seco es la lámina más impactante que un alumno pueda ver. Allí está en vivo y en directo lo más descarnado de lo que les espera de seguir las cosas como van. Siendo maestro a cualquier nivel aprovecharía y llevaría mis alumnos a ese sitio, para que observen y saquen sus propias conclusiones”.
Hago un llamado a los candidatos y candidatas, que hoy aspiran regir los destinos de esta tierra, que tomen el consejo del profesor Porfirio: Que vayan al río Tirgua, observen, y saquen -si pueden, sus propias conclusiones.
