LUIS FELIPE PELLICER
RNCC

La modernidad es un proyecto civilizatorio de dominación que incluye la colonialidad y el eurocentrismo. Es decir, surge en 1492 cuando comienza a instalarse en el mundo europeo la idea supremacista frente a Asia y África. De manera que lo que encuentra Colón es inferior porque es India y lo que después se inventa, América, también en la negación de la alteridad, porque es el futuro y la proyección de Europa.

 La modernidad es el proyecto civilizatorio que, desde el eurocentrismo colonizador y capitalista, funda el mito de la superioridad europea (y luego gringa) para la explotación de la población americana y africana en función de la producción de excedente para el mercado y para el control sobre los recursos del territorio colonizado. Es un proceso que arranca en el siglo XVI y perdura hasta nuestros días, prácticamente con los mismos medios.

Lo que ha prendido de la modernidad es su lado oscuro fundamentado en la inferiorización del otro: negro, mestizo, indio, trabajador, obrero o campesino frente al blanco colonizador, oligarca o burgués. Es la civilización occidental, colonial, burguesa, hegemónica en decadencia, en plena era de cambio mundial. Ni moderno ni universal sino hacia otra cultura pluriversal, como ha propuesto Dussel.

Crear “el nuevo modelo económico di versificado, no dependiente y autosuficiente, es el tercer tema central para el debate, un modelo económico estructural y vital”. Propuesta del presidente Nicolás Maduro para la reforma constitucional. Es decir, una economía productiva para la satisfacción de las necesidades de la vida, no del mercado. Sin descartar el pensamiento crítico de la modernidad europea y el escaso norteamericano. Valdría con apegarse a la sentencia: 

 “Saber sus obligaciones sociales es el primer deber de un republicano—y la primera de sus obligaciones es vivir de una industria que no le perjudique, ni perjudique a otro, directa ni indirectamente” Simón Rodríguez. 

 También propone el Presidente “definir los parámetros, valores y principios a establecer para una sociedad más humana desde el bolivarianismo”. Bastaría con desarrollar y viabilizar a 206 años aquella propuesta de Bolívar en Angostura: “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”. 

 Hacer buenas esas recomendaciones de los simones no es fácil, no es moderno y no es imposible.

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