DOMINGO ALBERTO RANGEL
RNCC / FOTO CORTESÍA

Los aranceles a importaciones que, a nom bre del libre comercio, impone Donald Trump contra productos originados en Eu ropa, México y Canadá, no dan los resulta dos anunciados. 

 Ni Canadá comienza el larguísimo e im probable camino para ser el estado número cincuenta y uno de la Unión yanqui, ni Mé xico permite que el FBI ingrese a su territo rio persiguiendo narcotraficantes de dro gas de consumo en los Estados Unidos por ciudadanos de ese país. Mucho menos que incauten en México —es la verdadera me ta— capitales de quienes ayuden a los nar cos y sus mercancías a ingresar en territo rio estadounidense. 

 Sin embargo, y a pesar de todo, hay cam bios en las economías de esos países, salvo en México, país al cual Trump le dio otro mes de plazo antes de poner en práctica to dos los nuevos aranceles que —repito— se imponen a nombre de la libertad de comer cio. 

 Un cambio insospechado: en París, el champán original —que los hay de muy buenas marcas— baja entre un treinta y un cincuenta por ciento sus precios de venta. 

 Mientras, en España, abarrotada de tu rrones que serían vendidos en los Estados Unidos para la Semana Santa, los producto res están ofreciéndolos a precios de gallina flaca en los países árabes, donde consumen la miel y las almendras como nosotros las arepas. 

 En cambio, de Canadá, los venezolanos sabemos poco, salvo que algunas amistades han emigrado a ese país y, después de qui tarse la paranoia de los osos polares y las ba llenas, se adaptaron y allí fundan familias. 

 Canadá, sin embargo —al igual que Mé xico y España—, no es un país bananero, aunque tiene productos agrícolas —insos pechados para nosotros, los venezolanos— con los que se empinan sobre la competen cia. Por ejemplo, las lentejas. 

 Para nosotros, esa legumbre es un plato exótico, consumido más bien y casi a diario por los españoles radicados en Venezuela, pero, por ese maravilloso proceso que une pueblos con costumbres diferentes, hace años se puso de moda como un aporte más a la pantagruélica cena de fin de año. 

 Aun así, en muchas partes, es el complemento alimenticio que suple las proteínas de la carne, que está —como todo— subien do de precio, llegando algunos cortes al es tratosférico precio de cuarenta dólares la li bra. 

 De hecho, en la costa oeste de los Estados Unidos —desde el estado de Washington hasta California—, las lentejas son el plato diario de los gringos más pobres, pero des de que le subieron los aranceles a Canadá, simplemente desaparecieron. 

 Canadá, miembro de la Commonwealth, y mayor exportador mundial de lentejas, las desvió hacia Gran Bretaña, China y la In dia, principalmente. 

 Este proceso es parte de la globalización por la que pone sus esfuerzos Elon Musk, aunque en este caso se volvió contra los au tores de estas talanqueras que son los aran celes. 

 En nuestro caso —y sin romper lanzas, salvo por quienes lo hacen por nosotros—, por los momentos, nos han quitado el equi valente a los aranceles, con la eliminación del acuerdo 41, que le permite a la Repúbli ca Bolivariana exportar petróleo crudo des de Venezuela. 

 Ojo, para las y los ignorantes que aplau den, es bueno recomendarles que, en vez de ver tanto meme, leyeran el texto de ese acuerdo. 

 Si lo hicieran —que lo dudo—, se entera rían de que Chevron prácticamente no pa ga nada por producir en Venezuela, y que las ganancias son destinadas para ir pagan do el mono que dejó la nacionalización de los activos de esa empresa. 

 No importa. Los aplaudidores de esta po sible medida deben saber que la misma so lo se viene posponiendo debido al déficit de energía que tiene Estados Unidos, y que se va a acrecentar hasta que estén en funcio namiento las cuatro centrales nucleares que se proyectan para el estado de Texas. Estas serán usadas para alimentar las in mensas usinas de inteligencia artificial con que los Estados Unidos intentarán acortar la ventaja que en ese rubro le lleva China. 

 Termino recordando al viejo Henry Kissinger, que sería todo lo malo que ustedes, lectores, le quieran endilgar, pero inteligencia y humor a veces le sobraban; por ejemplo, cuando dijo que: “Ser enemigo de los Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo de ese país es fatal”.

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