Sus manos son las protagonistas silenciosas de esta labor, que no solo han moldeado alambre sino su propia historia
MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
La concentración y la paciencia se entrelazan con el metal que se desliza entre los dedos de Máximo Fuentes, surgiendo figuras imponentes y con gran valor artístico en la cultura Cojedes y Venezuela.
A sus 74 años, este caraqueño de la parroquia El Recreo, Sabana Grande, no solo moldea alambre, moldea historias, cultura y recuerdos que han trascendido las fronteras de su natal Venezuela.

Su inicio fue forjado en la adversidad, en una lección de resiliencia y creatividad, este es el desenlace de la historia de este noble luchador que vive a través del arte.
Hace más de cuatro décadas, un incidente que lo mantuvo fracturado de una rodilla se convirtió, paradójicamente, en el punto de partida de una carrera artística excepcional. En aquel momento de quietud forzada, la visita de un amigo artesano y el préstamo de una simple pinza encendieron una chispa que transformaría su vida para siempre.
“Hice una pieza, le gustó y de ahí para adelante, ya tú ves”, relata con la sencillez de los grandes maestros. Lo que comenzó como un pasatiempo de recuperación se transformó en una vocación que le ha permitido crear más de 1 mil piezas, cada una con un sello único de autenticidad y esmero.
UN ARTISTA DE PROYECCIÓN INTERNACIONAL
Aunque sus manos empezaron a familiarizarse con el alambre en Caracas, el talento de Máximo ha recorrido un largo camino.

Su obra no conoce límites geográficos; ha participado en prestigiosas exposiciones en lugares icónicos como el Eurobuilding y el Tamanaco en Caracas, así como en diversos resorts en Margarita. Su arte ha llevado el nombre de la artesanía venezolana a escenarios internacionales, siendo apreciado en países vecinos como Colombia, Ecuador y México.
Máximo, se ha especializado en piezas de gran envergadura y complejidad técnica, como carros, aviones, helicópteros y torres emblemáticas. Cada escultura es el resultado de un proceso minucioso, donde el material se rinde ante la destreza de sus manos.
“Cualquier arte se hace”, asegura con confianza, destacando su disposición para enfrentar desafíos creativos basándose en fotografías o encargos específicos.
Hace más de 18 años su compromiso con la cultura local se posicionó en el municipio Tinaquillo. Máximo, se ha convertido en un ferviente promotor de la identidad local.
Su trabajo actual se centra en enaltecer los símbolos culturales de sus comunidades de acogida. Un ejemplo destacado es su reciente labor dedicada a la recreación de fachadas de iglesias, como la del municipio Tinaco, una pieza que donó a un amigo artesano para preservar el recuerdo de su arte en la localidad.
Para Máximo, el arte no es solo una transacción comercial, sino un gesto de generosidad. Es común verlo obsequiar piezas a colegas artesanos durante ferias y exposiciones, entendiendo su obra como un puente de camaradería.

“Regalo piezas a los compañeros, a los cultores para que tengan un recuerdo mío”, comentó con nobleza.
Hoy, Máximo se erige como un maestro del alambrismo, un referente de constancia y un ejemplo vivo de que la maestría nace de la constancia, de la paciencia y sobre todo, del profundo amor por lo que hacemos. Sus manos, son las protagonistas silenciosas de esta labor, no solo han moldeado alambre; han tejido un legado que permanecerá en la memoria colectiva de Venezuela, recordándonos que en cada doblez, en cada estructura y en cada pieza, se encuentra el corazón de un hombre que decidió hacer del arte su propia historia.

