Bolívar plantea incluir a Bolivia en una alianza marítima continental que protegiera sus puertos y sus costas
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Bolívar tuvo una visión clara al plantear ante el Congreso Anfictiónico de Panamá la conformación de una “Marina Federal” que evitara cualquier intento de reconquista español, al igual que las amenazas de cualquier potencia extranjera que pretendiera invadir y ultrajar los intereses de las naciones de la confederación. Así mismo para protegerse mutuamente contra la apetencia de un estado vecinos que por la fuerza osara violar soberanía territorial de las nuevas repúblicas.
El Libertador, aspiraba dotar a la nación boliviana que recién se constituía como Estado independiente, de un puerto para su comercio internacional, pero además de una flota para el resguardo de sus costas, la seguridad de las rutas marítimas y la defensa de su soberanía, para lo cual pondría especial interés de integrar a Bolivia en la gesta anfictiónica que se esbozaba con el Congreso de Panamá.
No se había concluido con los bloqueos navales y terrestres para rendir las fortalezas de Puerto Cabello en Venezuela y la del Callao en Perú, los últimos bastiones del imperio español en Suramérica, cuando el 22 de septiembre de 1825 el Ministro de Exteriores, Rafael Revenga, comunica a los Plenipotenciarios de la República de Colombia ante el Congreso de Panamá Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez, las instrucciones generales ante el congreso del Istmo.

En cuanto al planteamiento del contingente de fuerzas militares, señalan las reconvenciones a los Diputados colombianos que “al resolverse a fijar un contingente de fuerzas terrestres, no es posible prescindir de la marítimas, por la conexión que tienen las unas con las otras y que el establecimiento de armada federal es, sin embargo, lo que debe ocupar la atención de ustedes, con preferencia a toda otra cosa. Subraya que de nada servirá, ciertamente, el fijar un contingente de tropas respetables si éstas se vieran en la imposibilidad de obrar por falta de medios de transportarlas de un lugar a otro, cuando lo exigiese la necesidad”
Once días después de esta circular, es decir, “el 3 de octubre de 1825, la Asamblea Constituyente decreta el envío a Colombia de Casimiro Olañeta con las instrucciones de que pase “oportunamente al gran congreso de Panamá al objeto de (lograr el) reconocimiento (de la independencia) del país. Más tarde en la sesión del 21 de noviembre de 1825 se da lectura a una nota de Olañeta en la cual éste se dice imposibilitado de cumplir el encargo” (Germán de La Reza. Comp. Documentos sobre el Congreso Anfictiónico de Panamá. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas. 2010, p.11)
El 6 de octubre, “el Congreso boliviano nombra en su lugar al canónigo Mendizábal, quien inmediatamente prepara su marcha a Lima. Serrano, quien había sido comisionado a Europa y que en un primer momento rechaza su nombramiento, también accede a completar el equipo de representantes bolivianos” (Ibidem. De La Reza. 2010, p.11).
En consecuencia, los delegados ante la convocatoria del istmo, serán “José María Mendizábal y Mariano Serrano; el primero por recomendación expresa de Bolívar, en razón de encontrarse en Lima y estar más cerca de la sede del Congreso, y el segundo por su papel protagónico en las independencias altoperuana y argentina” (Ibidem. De La Reza. 2010, p.11).
Sin embargo, debido a toso los avatares que concierne la creación del nuevo estado, es el 23 de julio de 1826 desde Chuquisaca, cuando el presidente de la nación, Mariscal Antonio José de Sucre, junto a su Ministro del Interior, Facundo Infante, remite las instrucciones a los Plenipotenciarios por Bolivia al Congreso de Panamá. Siendo la primera de éstas, sumamente precisa, puesto que se autoriza a “celebrar un acto solemne de unión y alianza entre los estados que forman la asamblea de Panamá ofensiva y defensiva contra la España, para obligarla a poner término a la guerra, y defensiva contra cualquiera otra potencia que invada a los confederados” (Antonio José de Sucre. De mi propia Mano”. Fundación Biblioteca Ayacucho. Carcas. 2009, p. 422).

Entre las instrucciones emanadas, se encuentran: “Solicitar que la asamblea sea permanente con los importantes fines: 3ª.- de servir de conciliador y aun de árbitro, si se pudiere, entre los aliados que por desgracia tuvieren algún motivo de alteración que tienda [sic] a disolver sus relaciones: 4ª.- de expeler de la confederación al estado que falte en las obligaciones contraidas [sic]: 5ª.- de dirigir y reunir los esfuerzos comunes contra aquel estado, que por ideas de ambición y de engrandecimiento, quiera volar la independencia de cualquier otro” (Ibidem. Sucre. 2009, p. 422).
En la cuarta instrucción se propone “un tratado general de comercio y navegación entre los confederados, análogo a los sentimientos de fraternidad que deben reinar entre ellos (…) 7. Solicitar la formación de un ejército y de una escuadra federal: el primero de 25.000 hombres y la segunda de 30 buques de guerra. El ejército constará de los contingentes de tropa que debe suministrar cada estado según su población; la escuadra será también tripulada bajo la misma base” (Antonio José de Sucre. De mi propia Mano”. Fundación Biblioteca Ayacucho. Carcas. 2009, p. 423).
Se sugiere que “cada Gobierno mantendrá de un todo su contingente de mar y tierra, adoptando los medios que, tenga por conveniente. Los aliados deben contribuir también, bajo la base de población, con la parte que les quepa para la compra de la escuadra. Mas siendo dilatorio emprender la construcción de buques, puede adoptarse el proyecto presentado por Colombia de que los buques de guerra que actualmente tiene y los que poseen otros de los aliados, se consideren como de la confederación, precediendo al justiprecio de ellos para de este modo calcular lo que corresponde a cada estado” (Ibidem. Sucre. 2009, p. 422-423).

Todo esto indica la visión de una alianza marítima continental que protegiera los puertos y costas de la nación del Altiplano. Refiere Germán de La Reza (2010, p.11) que tanto “las dilaciones, tareas concurrentes y la distancia en que se encuentra Serrano (Buenos Aires) impiden la oportuna partida de los delegados y agrega que esto explica la carta de Bolivar a Sucre el 3 de junio de 1826, en el cual urge el envío de la representación boliviana, pero resalta que en agosto de ese año, se difunde la noticia de la terminación de las sesiones Istmo y Mendizábal debe cancelar su viaje”.
Bolívar realiza ingentes esfuerzos para que los plenipotenciarios de la República de Bolivia pudieran estar presentes en la Asamblea del Istmo, adonde no pueden llegar por las razones antes expuestas. Aunque se aprueba el traslado a Tacubaya en México, el boicot estadounidense termina torpedeando la anfictionía y con ello la integración marítima, que de haberse consolidado, Bolivia fuera parte de una armada continental poderosa y no encontraría a una nación débil y desprovista de una fuer za naval y se hubiera evitado el arrebato a la soberanía marítima que con tanto esfuerzo lograron Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.
El injerencismo norteamericano a través del Cónsul en Lima, William Tudor, estimuló el ego en los desafectos al Libertador y a su proyecto integracionista, con mayor peso en la oligarquía limeña. El nuevo Estado boliviano fue víctima del propio general La Mar con el poder en Perú, junto con Agustín Gamarra, quienes azuzados por los gringos promueven y dirigen en 1828 la agresión contra Bolivia y el Motín de Chuquisaca, en el cual se comete el primer intento de magnicidio el 18 de abril de 1828, en donde resultó gravemente herido Antonio José de Sucre, con un tiro de mosquete que deja lisiado su brazo derecho.
La creación de Bolivia y su acceso al mar fue usado por la narrativa injerencista estadounidense para gestar el odio y a su vez detener la convocatoria de la anfictionía, a la cual fue llamada la naciente república para que integrara la “Marina Federal”, una alianza naval continental que hubiera defendido de la agresión de las potencias extranjeras e invasión de estados vecinos, como el ocurrido por Chile en la denominada Guerra del Pacífico, la cual se inicia el 14 de febrero de 1879 con el asalto anfibio al puerto boliviano de Antofagasta, en donde la naciente república pierde sus 400 Km de costas, privándola desde entonces, de su salida soberana al pacifico Sur.
Un aspecto importante a mencionar y que hubiera dirimido el conflicto y el justo reclamo que ya abarca casi siglo y medio, lo refiere De La Reza (2010, p.11-12) al señalar que “en caso de asistencia, no cabe duda que la delegación boliviana hubiera pugnado y quizás hecho posible la adopción de principios del uti possidetis o incluso la centralización de la defensa confederada”. Una consecuencia que no deja de repercutir en la resolución diplomática que como estados hermanos se hubiera adoptado. Tal como lo señala el numeral 5ª de las instrucciones dictadas el 23 de julio de 1826 en Chuquisaca por Sucre e Infante, para “dirigir y reunir los esfuerzos comunes contra aquel estado, que por ideas de ambición y de engrandecimiento, quiera volar la independencia de cualquier otro”.

