Bolívar y Sucre adelantan numerosas gestiones para el desarrollo
y consolidación del puerto de Cobija

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Bolivia surge como la nación con la más grande perspectiva de las repúblicas que iban gestándose en el continente, debido a muchos factores; entre ellos, el privilegio de situarse como el mayor yacimiento de plata en el mundo. Según las estadísticas, en el gobierno del Gran Mariscal Antonio José de Sucre, reporta el 42% de la produc-ción mundial. Esto nos da una referencia de la urgente necesidad de conectarla con el comercio internacional y eso lo tuvie-ron bien claro sus padres fundadores: Bolí-var y Sucre.

De acuerdo a Javiera Letelier Cosmelli y Victoria Castro en su artículo Imaginarios del puerto Lamar desde 1825 a 1877 “el Puerto Lamar fue un proyecto político que se configuró junto con la creación de la re-pública boliviana a inicios del siglo XIX, con el objetivo de incentivar el desarrollo a través de la conexión ultramarina de Bo-livia con el resto del mundo” (2019, p. 2).

Durante la colonia se había erigido co-mo una pequeña población que contaba con una bahía fundada en bajo el nombre de Santa María Magdalena de Cobija, pero la misma se constituyó como un puerto alternativo frecuentado por corsarios, piratas y contrabandistas que burlan los intereses comerciales de la Corona, que debido a su lejanía, dificultad de acceso y escasez de agua, no se encontró controlada por las autoridades administrativas” (Ibidem. Cosmelli y Victoria Castro. 2019, p. 3).

Esto fue realmente la causa de la reforma político administrativa ejecutada por la corona española, en donde las provincias del Alto Perú pasan a depender del Virreinato del Río de La Plata en 1776. Francis Burdett O’Connor a quien comisiona el gobierno boliviano presidido por Sucre pa-ra la exploración y estudio orientado a la apertura de un puerto que le diera acceso al mar a la naciente república, en sus memorias tituladas “Recuerdos” lo expresa textualmente: “este puerto de Arica era en el que se embarcaban para España todas las encomiendas procedentes del Alto Perú. El primer cargamento que se embarcó en Arica después de retirada la guarnición, fue apresada por filibusteros y esta ocurrencia motivó otra real orden, disponiendo la separación del alto y el Bajo Perú, la incorporación del Alto Perú a la Capitanía general de Buenos Aires, y que en adelante todas las encomiendas para España, se remitiesen por tierra y se embarcasen en el puerto de Buenos Aires” (1895, p. 131).

Luego que O’Connor cumpliera la mi-sión, el oficial irlandés remite a Sucre el proyecto instruido por Simón Bolívar, el cual se convierte en un tema de debate en el primer congreso boliviano de tal mane-ra de lograr la conexión con el Pacifico y la construcción de un proyecto como parte fundamental del proyecto de independencia.

En carta que Sucre envía a Bolívar el 12 de febrero de 1826 desde Chuquisaca le hace saber que “según el reconocimiento de O’Connor se necesitan trescientos mil pesos para abrir el camino de Potosí al puerto de la Mar, poner agua, etc., etc., etc. Agrega que se reserva el proyecto para pre-sentarlo al congreso constituyente, y ex-pone textualmente: “en tanto sabremos qué nos dice ud. sobre la adquisición de Arica. Si no se cede a Bolivia, pienso hacer absolutamente franco el puerto la Mar; es-to es lo mejor que hay que hacer” (Antonio José de Sucre. De mi propia mano. Funda-ción Editorial Biblioteca de Ayacucho. Ca-racas, 2019, p. 381).

Apuntan Cosmelli y Victoria Castro (2019, p. 3) que “en Cobija se generó una nueva realidad local en donde se distinguió un notable incremento de población, la transformación del paisaje y consecuentemente, donde se conformaron diversos imaginarios en tensión sobre este enclave en el desierto de Atacama”.

No obstante, esta visión de Bolívar lo lleva a dictar el 23 de diciembre de 1825 dos decretos sobre temas aduaneros, uno asumiendo que “las aduanas son la clave del gobierno económico de un estado”, y que “la moderación de derechos de importación y exportación no basta para animar el comercio, mientras exista la práctica de aforos arbitrarios” (Actos de gobierno del Libertador Simón Bolívar – 1825).

La disposición determinaba que “todos los efectos que se introduzcan en el terri-torio de la república de Bolivia procedentes bien sea de ultramar, o extranjeros, o bien de los estados limítrofes, satisfarán el 8% sobre sus avalúos” y a continuación fijaba los aranceles a ser aplicados a productos tales como máquinas para la explotación de minas. En el decreto se regulaban también los costos de las mulas (animales que eran indispensables para el transporte de los minerales), costos de trasbordo y costos por almacenaje de mercancías. El decreto incluía un Reglamento o arancel de aforos – el primero de la nueva República- que debería regir todo el año 1826” (Ibidem. Actos de gobierno del Libertador Si-món Bolívar (1825). 2025, p. 1).

En efecto, la creación del Puerto Lamar en el asentamiento colonial de Santa Magdalena de Cobija se enraizó en el nacimiento del Estado boliviano, sustentado en una política minera económica extrac-tiva con orientación externa y para ello, fue necesario el impulso de un puerto pro-pio que permitiera que la nueva república se conectara con el resto del mundo ” (Ibi-dem. Cosmelli y Victoria Castro. 2019, p. 3).

Un aspecto importante de destacar y que resalta el concepto y la filosofía de la República, es el decreto emitido por el presidente Sucre a los habitantes de Cobija. El 10 de septiembre de 1827 cuando ya el acceso portuario de Bolivia estaba bien adelantado, Sucre dicta otro decreto, en esta ocasión sobre el poblamiento del puerto La Mar, disponiendo la exención de impuestos directos por tres años pa-ra los vecinos de Cobija. El cual establece que cada jefe de familia, nativo o extranjero, recibiría pre-dios de 1.000 varas cuadradas. Los de origen nacional que se asentaran en el puerto mismo o hasta diez leguas de éste, además de la garantía de la supresión de tribu-tos, recibirían dos vacas, diez ove-jas, dos mulas, herramientas agrí-colas y cuatro parcelas de tierra que se obligaban a trabajar. (Noticias sobre los inicios históricos de Lamar (Cobija), primer puerto de Bolivia en el Pacífico (1828). Cua-dernos de Historia Nro. 37 Santiago de Chile. 2012. p. 3).

También disponía que “aquellas fami-lias que se situaran a la vera del camino de Cobija a Potosí, y levantaran postas de aprovisionamiento y reparo, serían gratificadas con el doble de animales y de tierra. El transporte de las familias que desde el interior quisieran radicarse en Lamar se-ría parcialmente costeado por una subvención estatal de 20 pesos. El Gobierno de Atacama quedó a cargo de financiar con recursos provenientes de las contribuciones locales la compra de utillajes, mulares y algún ganado lanar y bovino para dotar a los nuevos migrantes” (Ibidem. Noticias sobre los inicios históricos de Lamar (Cobija), 2012, p. 3)

A comienzos de 1827, Sucre faculta al mercader español Lucas de la Cotera a abrir una sucursal comercial en Cobija y a fraguar un sistema eficaz de comunicaciones con el interior. De la Cotera fue estimulado con la adjudicación de extensos predios para la manutención de ganado mular y devino en el mayor mediador comercial del Gobierno boliviano con el exterior, aparte de ser el principal importador privado de Cobija” (Ibidem. Noticias sobre los inicios históricos de Lamar (Cobi-ja), 2012, p. 4).

Mientras se reactiva el desarrollo mine-ro y agrícola y, se logran las condiciones de un acceso costero directo, para el flujo de su comercio externo, se habilita el puerto de Arica, hasta que el 18 de octubre de 1827 se iza ceremonialmente, por primera vez, el tricolor boliviano en Cobija. Un acto que de manera inobjetable oficializa la soberanía de su salida al mar.

Un mes después de su inicio se observa el dinamismo y las perspectivas del desa-rrollo de la nación boliviana. Al punto que para “noviembre, más de una docena de barcos de distintos pabellones tocaron en Cobija, trayendo en sus bodegas diversi-dad de insumos y artículos de lu-jo. Ese flujo respondía al decreto que el 23 de diciembre de 1825 firmara Bolívar imponiendo la re-baja de aranceles aduaneros para las introducciones hechas por Co-bija, las que pagarían el 8% según valor, quedando exentas también de los derechos de alcabala. Antes de un año, la providencia había sido sustituida por otra, expedida por el congreso constituyente que el 9 de noviembre redujo los derechos de importación al 2%, y que se transformó en ley el 6 de enero de 1827. Las medidas apun-tadas trajeron a Cobija a cuatro comerciantes (marzo de 1828), al tiempo que algunos vecinos de Salta cursaron soli-citudes al Gobierno paceño requiriendo entrega de tierras en el ancladero alto-pe-ruano” (Ibidem. Noticias sobre los inicios históricos de Lamar (Cobija), 2012, p.5).

Pero meses más tarde, este auge promisorio se desvanecía, ya que producto de la intromisión e injerencismo extranjero, que como los Estados Unidos, inflaron el ego de políticos ambiciosos como José La Mar, quien degrada el honor que se le confiere como epónimo del primer puerto de la recién creada nación, al promover la invasión peruana a la soberanía boliviana, impulsada por Agustín Gamarra, a quien Sucre expresa el 20 de diciembre de 1827, cuando este ingrato se acerca a las fronteras del nuevo Estado, un contundente mensaje: “Que ningún pueblo americano de el abominable ejemplo de intervención y mucho menos de hacer irrupciones tártaras” (Guillermo Sherwel. Antonio José de Sucre. Gran Mariscal de Ayacucho. Caracas, 1924, p. 125).

Sin el menor escrúpulo lo hicieron y se abre un capítulo de una lucha antagónica que nos trae el presente.

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