Este maestro de la camoruca tiene más de 60 años de experiencia y tradición, templando el alma del joropo cojedeño y formando amorosamente, a las nuevas generaciones de arpistas

MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Emilio Ramón Ortiz Montero es un testimonio vivo de la tradición venezolana, con más de 60 años de trayectoria que enaltecen la cultura de Cojedes y de toda Venezuela. Nacido el 10 de enero de 1947 en Barinas, este hijo de arpista se convertiría, sin saberlo, en una leyenda.

Tras ser trasladado a la comunidad de El Mijagua, Tinaco, sus primeros acercamientos al arte fueron en un internado de San Carlos. Allí, junto a amigos y el maestro Víctor Trejo, dio sus primeros pasos participando en actos culturales y entonando serenatas. Sin embargo, la verdadera fascinación llegó a los catorce años.

EL ARPA Y LA PERSISTENCIA

Al regresar a casa, el destino musical de Emilio se selló frente al instrumento de su padre. “Mi papá tenía un arpa en la casa y cuando se iba a trabajar yo agarraba el arpa para practicar, pero a mi papá no le gustaba mucho y se ponía bravo, pero yo persistía en seguir descubriendo sus sonidos”, relató Ortiz.

A pesar de la reticencia paterna, la práctica autodidacta de Emilio dio frutos, y pronto recibió su propia arpa, marcando el inicio de una carrera imparable. “Comencé poco a poco a hacer mis primeras canciones. Trabajé en cantinas tres y cuatro días seguidos, como era muchacho no me cansaba, yo era pa’ lante”, recordó con alegría.

 A los 18 años, formalizó su vocación con la creación de la agrupación pionera “Los Llaneros de Cojedes”, junto a talentos como Rafael Suárez y Pedro Carrasco. Este conjunto marcó el inicio de sus grabaciones, debutando discográficamente en 1974 con el 45 RPM “La vida es una experiencia”.

 A este logro le siguieron innumerables producciones con distintos intérpretes, destacando “A mi pueblo de San Carlos” (El San Carlos de ayer), interpretada por Héctor González.

 MAESTRO DE GENERACIONES

El talento de Ortiz trascendió fronteras, llevándolo a festivales en Colombia y a giras importantes con figuras como Amado Lovera en Brasil. Compartió escenario con íconos como la Reina Lucero, Teo Galíndez y Rumí Olivo. Su legado incluye, además, la grabación instrumental de 12 temas “Remembranza de mi estilo Llanero”, un disco que, según él, realza la ejecución de cada instrumento de la canta criolla.

El Maestro Ortiz es hoy un tesoro de la región: Patrimonio Cultural Inmaterial del estado Cojedes, reconocido por el Ministerio de la Cultura, y distinguido con el Botón Ciudad de San Carlos, entre otros galardones.

Actualmente, su pasión se centra en la formación de relevos, siendo mentor de su hijo, Andrés Emilio Ortiz, y de otros jóvenes arpistas y maraqueros. Su labor educativa se consolida como padrino y colaborador activo de la escuela virtual infantil y juvenil “Llano, Romance y Folklore”, dirigida desde Italia.

“Yo sigo apoyando y aportando mis conocimientos y experiencias a todos de quien lo necesite. Lo que se quiere es seguir construyendo y dejando huellas de nuestra cultura y tradiciones”, asegura.

Emilio Ramón Ortiz Montero es, más que un músico, el cultor que sigue templando el alma del joropo cojedeño para las futuras generaciones.

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