Con la Toma del Apostadero El Borbón las tropas españolas quedan completamente incomunicadas con el Apure

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

La escasa historiografía que se ha producido sobre el aspecto naval de la campaña de Guayana le había conferido un tratamiento simple y lineal. Sumado a esto, la tesis de que con San Félix se culmina la liberación de la provincia, ha hecho que todas estas proezas fluviales como el asalto al apostadero de Borbón, queden relegadas, se desconozca el heroísmo de los marinos patriotas y se produzca una especie de corte brusco a esta magna campaña.

El Teniente de Navío Ignacio Buznego Escobar en su libro “Luis Brión. El primer protector de América” (2021, p.77) resume a las primeras hazañas logradas bajo el mando supremo de Simón Bolívar, de la manera más efectiva, al argumentar que la flota sutil republicana “logró, en menos de dos meses, cortar la comunicación de los españoles apostados en Angostura con el Apure. El asalto y la toma de la isla Fajardo así como el ataque y la toma del apostadero de Borbón imposibilitaron a los realistas cualquier contacto con el interior del país”.

Uno de los mayores movimientos de la flota española para 1816, es precisamente en el Orinoco y sus fortalezas. Según el “Índice de los papeles sobre Expediciones de India: 1807-1817”, relacionado con la Independencia de América y conservada en el Archivo General de Marina, debidamente publicado por el Instituto Histórico de Marina, bajo la autoría del Capitán de Navío Julio F. Guillén, en Madrid, España, (1953. p. 136), se evidencia que para enero de 1816 “se nombra Comandante del Apostadero de la antigua Guayana al Alférez de Navío D. Melchor de Ambarede y al Alférez de Fragata D. Pedro Echenique para el de los establecimientos desde Borbón hasta el Caura.

Se trataba de la amenaza constante que al poder real significaba el General Manuel Cedeño con su ejército sobre la zona entre 1815 y 1816, produciéndose un continuum histórico, ya que Manuel Piar acude a Cedeño por el conocimiento y el control del territorio, tomándose como la segunda etapa de la campaña de Guayana y posteriormente, la tercera y definitiva al mando del Libertador, quien hará el despliegue naval más contundente que se conozca en el Orinoco.

Desde esta perspectiva podemos apreciar y comprender al asalto anfibio del apostadero de Borbón, como una de las proezas fluviales más significativas de la liberación de Guayana. Un testigo realista de primera mano, Rafael Sevilla en sus “Memorias de un oficial del Ejército Español. Campañas contra Bolívar y los separatistas de América” (1916, p. 168), apuntaría que “el 2 de Mayo supieron que el enemigo había pasado caballería a la parte acá del llano, frente a la ciudad (Angostura), al parecer con el intento de que no pudieran ser socorridos por aquel lado”. El fuego fue “contra los que estaban en la marina, pero estando el río de por medio, no era posible llegasen los proyectiles, a no ser que los tirasen con cañón”. Hecho que les “convenció de que podían hacerles daño desde allí; acto continuo, una cañonera española se acercó a ellos y los hizo retirar a metrallazos”.

Esto indica que desde el mismo momento que Bolívar cruzó el Orinoco para asumir el mando directo de la campaña, el río continuó siendo el escenario de una batalla crucial y decisiva. El día 4 de mayo les “dijeron los tripulantes de una piragua, procedente de San Fernando, que los insurgentes habían tomado a Nutrias y que estaban formando allí una escuadrilla de piraguas y flecheras para venirles a cortar la comunicación con la parte de arriba, como se la tenían ya cortada con el mar, por las bocas del Orinoco” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 168).

Como se puede observar, para el 4 de mayo de 1817, los realistas temían ser cortados por San Fernando. Trece días después, (el 17 de mayo), comenta Sevilla (1916, p. 169), que recibieron “aviso por un buque que venía de las Fortalezas, de que el enemigo estaba poniendo una batería en una punta, a cuatro leguas de Guayana, para interrumpirles la comunicación con aquéllas e impedir que ninguno de sus buques intentase ganar el mar. Al mismo tiempo tuvieron noticias ciertas de que dicha escuadrilla se había apostado en Orocopiche, a dos leguas de la ciudad”.

En efecto, la isla de Orocopiche se ubica a cierta distancia de Angostura (Ciudad Bolívar), pero realmente fue río arriba donde se levanta un apostadero en La Vuelta del Torno a cargo del Capitán de Fragata Rafael Rodríguez y reuniendo ahí todas las embarcaciones ocultas en los caños del Orinoco, con la finalidad de dejar a Angostura aislada de Apure, una operaciòn clave para evitar el continuo paso de barcos con carnes y armamentos a los sitiados.

Esta maniobra ordenada por el Libertador es corroborada por el historiador Vicente Lecuna en el Tomo II de su obra “Crónica razonada de las guerras de Bolívar” (1950, p. 37), al exponer que “solo faltaba cortarle las comunicaciones con el Apure, y para esto, el general Bolívar mandó a establecer un apostadero en la vuelta del Torno, 28 leguas más arriba de Angostura, a cargo del, quien debía por el momento reunir allí las embarcaciones menores hasta entonces ocultas en los caños, cortar las comunicaciones de los españoles con el Apure, y sostenerse ínterin fuera reforzado con otros elementos”.

La misión encomendada al valiente marino que llevara las municiones que le faltaban al Capitán Rodríguez para asaltar el apostadero de Borbón, fue sumamente delicada, ya que debía zarpar y “pasar sus flecheras, furtivamente, de noche, frente a Angostura, y seguir a unirse a aquel capitán para la ejecución de la empresa que se había encomendado (…) Las flecheras provistas de numerosos remeros podían burlar por su mayor velocidad a todas las otras embarcaciones” (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 46).

Mientras que “el Comandante Rodríguez estaba en la Vuelta del Torno al mando de 21 embarcaciones tripuladas en su mayoría por indios nativos, habiendo obtenido buen éxito apoderándose de las bocas del Pao, de Uverito y de otros puntos del río, de los buques realistas que pasaban por el Orinoco en ruta hacia Apure o viceversa” (Edgar Esteves González. Batallas de Venezuela: 1810-1824. 2º Edición. Colección ARES. El Nacional. 2007, p. 114-115)

La escuadrilla estaba integrada por 3 cañoneras, 1 gran flechera y el resto formado de curiaras y lanchas. Sostiene el mismo historiador Esteves (2007, p. 15), que “como el pequeño apostadero estaba estorbando las comunicaciones entre Angostura y San Fernando de Apure que eran utilísimas para el aprovechamiento de carne y traslado de armamentos, el General Miguel de La Torre dispuso enviar una flotilla al mando del Alférez de Frag ta Pedro Echenique para eliminarla”.

Pero las maniobras de la defensa española serán de extremo a extremo en el Orinoco. En el cuadernillo que se copian diversas órdenes e informe de Miguel de La Torre a Pablo Morillo, sobre este aspecto, hay uno dirigido al Capitán de Fragata Fernando Lizarza, comandante de las fortalezas de la antigua Guayana, comunicándole la retirada de los enemigos de esas inmediaciones” (Pilar Leòn Tello. El Ejército Expedicionario de Costa Firme. Documentos del Conde de Torre Pando conservados en Archivo Histórico Nacional. Real Academia de la Historia. Tomo I. Madrid, 1985, p. 58).

En otro oficio dirigido a Mateo Oronos, Comandante del Apostadero de la marina de Cabruta, se le solicita el envío de carnes. También se añade una correspondencia al Apostadero de Borbón para que lo mantengan vigilado” (Ibídem. Leòn Tello. Tomo I. 1985, p. 58).

Mientras que “al comandante del apostadero de Borbón le ordenan, si lo estimaba oportuno, que atacara al enemigo en el caño de Canaguapana, o al menos, que lo tuviera en estrecha vigilancia y evitara toda comunicación con Bolívar, al tiempo que anuncia dicho comandante de Borbón el envío de algunas provisiones y buques para echar al enemigo de las bocas del Canaguapana y envía esfuerzos para batir al enemigo” (Ibídem. León Tello. Tomo I. 1985, p. 59).

Todo esto comprueba que el asalto anfibio preparado por el Libertador a Borbón no era una tarea simple y sencilla. La reacción y los desplazamientos del bando realista por las acciones instruidas por Simòn Bolìvar en el Orinoco, se harán sentir. En este sentido “se solicita noticias al comandante de las fortalezas, Capitán de Fragata Fernando Lizarza sobre la situación y modo de actuar del enemigo en el río Caroní. Al comandante del apostadero de Cabruta comunica la captura de Pedro Echenique y parte de convoy” (Ibídem. León Tello. Tomo I. 1985, p. 59).

El Alférez de Fragata Pedro Echenique había sido designado para el de los establecimientos desde Borbón hasta el Caura el 20 enero de 1816, ante las noticias del insurgente Cedeño y acción contra él por el Orinoco”. De igual manera Fernando Lizarza quien toma posesión como Comandante del Apostadero de Guayana el 10 agosto 1815” (Ibídem. Guillén. 1953. p. 135- 136). Es decir, conocían bien la zona de operaciones y Borbón era uno de los apostaderos dispuestos por los realistas para proteger la comunicación fluvial entre Angostura y la Provincia de Barinas, especialmente con San Fernando de Apure.

Ante el asecho de la escuadrilla patriota en la Vuelta del Torno, Miguel de la Torre ordena a Pedro Echenique llevar una flotilla desde Angostura hasta Borbón para expulsarlos. Pero cuando su fuerza sutil zarpa el 3 de julio, éste se queda rezagado en Angostura haciendo trámites de última hora, esperando poder alcanzarla con una flechera. Durante su navegación se encuentra en la noche con las flecheras enviadas por Bolívar que pasan furtivamente frente a la ciudad, lo capturan y siguen hasta unirse más adelante a la flotilla de Rodríguez.

El 4 de julio de 1817 la flota republicana comandada por Rafael Rodríguez ataca por sorpresa el apostadero de Borbón, capturando tres de sus flecheras, obligando al resto regresar a Angostura y venciendo a los efectivos destacados en el lugar, hasta apoderarse de este importante puesto fluvial, cortando la principal vía de comunicaciones entre Angostura y Apure.

Un duro golpe que se produce a la armada española, ya que Borbón es el apostadero más próximo en dirección al poniente y su captura estrechó el cerco sobre la principal base de operaciones realista, imposibilitándola de recibir embarcaciones con hombres, armas y carne desde San Fernando de Apure, así como cualquier ayuda que le pudieran enviar desde los apostaderos de Caicara y Cabruta.

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