Analizamos el impacto marítimo de la escuadra española tras su derrota y expulsión de las aguas del Orinoco
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
El impacto marítimo de la escuadra española derrotada y expulsada del Orinoco, tras tres siglos de dominio colonial, no ha sido valorado desde la óptica naval que amerita el caso. A pesar de que la poderosa flota que defendìa las fortalezas de la Provincia de Guayana estaba considerada, de acuerdo a los informes que se remitían al Ministerio de Marina en España, como una de las mejores en cuanto a condiciones operativas en toda la Costa Firme, la historiografía tradicional ha omitido el duro golpe y la trascendencia de las proezas fluviales, que trastocaron las estrategias de la campaña de Pablo Morillo.
La defensa naval de las fortalezas realistas fue reforzada con gran parte de la flota expedicionaria enviada por el Rey Fernando VII en 1815. Así, las fortalezas de Angostura como las de la Vieja Guayana estaba bien preparadas para repeler cualquier ataque. Gonzalo Quintero Saravia en su obra “Pascual Enrile, Jefe de la Escuadra de Expedición de Pacificación a Costa Firme (1815- 1817), refiere que del total del Ejército Expedicionario: 12.254 eran soldados y oficiales, mientras que 1.547 pertenecían a tripulaciones y oficiales de Marina. La expedición al mando de Pablo Morillo fue la más grande de las treinta en total que se enviaron a la América española entre 1811 y 1819” (S/F, p. 90).
Esto lo confirma un testigo de primera mano y agente español, como lo es José Francisco Heredia y Mieses, quien en sus “Memorias sobre las revoluciones de Venezuela (1812-1817), asevera que “jamás había salido de España para la América expedición más brillante y numerosa, como que era el último esfuerzo de los comerciantes de Cádiz por medio de la Junta llamada de Remplazos que suplió todos los gastos” (2014, p. 331).
Gran parte de esos buques de guerra y oficiales de marina fueron enviados como refuerzos desde La Guaira a Angostura, en respuesta a las reiteradas solicitudes de las autoridades de esa plaza militar. Ubicándonos en el contexto de la campaña fluvial de Guayana, encontramos que para el 17 de julio de 1817, los españoles estaban evacuando a Angostura, mientras que el General Pablo Morillo emitía una proclama desde el Cuartel General de los Barajes, cerca de Margarita, a los patriotas, en donde les intimaba a rendirse, prometiéndoles amnistía. Esto indica lo crucial de la campaña para ese entonces.
En esta proclama hace menciòn al Almirante con la siguiente expresión: “el pirata Brión corona sus servicios depredando la isla y huyendo con sus barcos”, asegurando que los había abandonado. Era parte de la propaganda de guerra, porque escasos días después, el 6 de agosto de ese año, huían las únicas tres naves que pudieron sobrevivir a la mayor derrota y persecución fluvial asestada en el Orinoco.
Un testimonio irrefutable de la odisea marítima del Orinoco a la isla inglesa de Grenada, es el Capitán español Rafael Sevilla, a bordo de “La Polacra”, quien en sus “Memorias de un Oficial del Ejército Español. Campañas contra Bolìvar y los separatistas de América. Madrid, España”, narra textualmente que estando “ya en mar franca, navegamos con viento favorable todo aquel día, cruzando por delante de la isla de la Trinidad. El día 8 (de agosto) descubrimos corsarios por la popa, que nos venían dando caza. Forzamos la vela: ellos ganaban visible ventaja sobre nosotros, por ser más ligeros” (1916, p. 190).
Aclara Sevilla (1916, p. 190) que “por fortuna, vino la noche a interponer entre los perseguidos y los perseguidores un velo negro, a la vez que por la proa se destacaba una especie de nubarrón: era la isla inglesa de Granada, en cuyo puerto fondeamos a las nueve de las noche. Habíamos navegado las 89 leguas que hay desde aquel punto al Orinoco”.

Era la distancia de la travesía marítima para llegar a salvo a la isla inglesa y solicitar socorros, mientras pasaron la noche sin dormir hasta el amanecer 9 de Agosto, cuando vieron acercarse a ellos los botes de sanidad y dice: “Estábamos en salvo: la Providencia se había compadecido de nosotros” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 190).
Más adelante expone el oficial español que “el brigadier Latorre pasó una carta oficial al gobernador de la colonia, suplicándole le dijese si podía considerarse allí libre para defenderse de los corsarios o si le garantizaba de que éstos no habían de acometer sus buques. Al mismo tiempo rogaba a aquella autoridad que dispusiese se trasladasen parte de los pasajeros a los pontones o a otro punto, pues estaban muy oprimidos, muy mal de salud por la extenuación, y que temía, si seguían tan apretados, el desarrollo de alguna enfermedad contagiosa” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 192-193).
El gobernador de Grenada contestó que había girado una comunicación al jefe de los corsarios, para decirles que los emigrantes súbditos de Su Majestad la Católica, “estaban bajo la protección del pabellón inglés; que se retiraran acto continuo (los buques rebeldes), pues si hacían alguna demostración contra los españoles, serían echados a pique en el acto. Este pliego lo llevó a los colombianos una fragata de guerra inglesa de cuarenta y cuatro cañones” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 193).
Según Sevilla esto hizo que “los insurgentes se hicieran a la vela en el acto, perdiéndose de vista por la tarde” y el 11 de agosto de 1817, tras una conferencia con el teniente coronel Díaz Aguado, éste “pasó dos días después a la isla de Margarita, donde estaba Morillo, en una balandra inglesa con pliegos, en que se hacía la historia de nuestra tan desgraciada como heroica campaña, y se le pedían órdenes” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 195-196).
Añade Sevilla que el 4 de Septiembre descubrieron en el horizonte dos buques de guerra que arbolaban la bandera española. Era Díaz Aguado, quien al poco tiempo desembarcó en un bote. Les informó además, que Morillo se disponía a abandonar la isla de Margarita, después de sufrir grandes pérdidas, para trasladarse a Caracas” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 196).}
En efecto, así lo fue. En cuanto obtiene la noticia de la pérdida de Guayana, el jefe español decide a abandonar sus planes de tomar Margarita. Esto lo corrobora en su Memorias, publicadas en 1826 en Francia, en donde expone que “la isla fue rodeada casi enteramente. Todas sus posiciones, fortificadas por el arte o la naturaleza, fueron tomadas sucesivamente a pesar de una resistencia inaudita en los fastos militares”.
Lo que expresa en este fragmento, no deja lugar a dudas, cuando revela que “la ocupación de su capital (la ciudad de La Asunción) iba a terminar esta campaña cuando nuevas exageradas sobre el progreso del enemigo y conmociones en la provincia de Caracas, me obligaron a abandonar mi empresa. Estas noticias aseguraban que el General de La Torre había evacuado La Guayana, después de haber soportado el hambre más horrible, y se había visto obligado a retirarse a la Isla de Granada, dejando al enemigo la libre posesión de la comarca. Me dirigí’ entonces rápidamente, con una parte de las tropas hacia la capital de Venezuela”.

En un informe que remite más adelante para argumentar la pérdida del control de Guayana, reconoce la superioridad de la fuerza marítima al mando del Almirante. Lo cierto es que antes de abandonar Margarita, Morillo le envía al reducto marítimo español en Grenada, la goleta Descubierta que mandaba D. Francisco Topete, y el bergantín Perignon, su comandante Gaboso, para que protegiesen su regreso a la TierraFirme.
Este episodio logra gran cobertura en la prensa internacional, la cual ofrece noticias sobre el desarrollo de los acontecimientos. Algunos periódicos solo forman parte de la guerra propagandística, lo cual indica que no es una táctica nueva. Sin embargo, otros, corrigen las informaciones erradas, aclarando la veracidad de los hechos.
Por ejemplo, el The Courier de Londres, tomando como fuente un periódico de Nueva York, publica el 23 de agosto de 1817, una carta de San Thomas del 2 de julio, en la que se anuncia la recaptura de la isla de Margarita por el general Morillo y la retirada de los insurgentes a Guayana” (Jesús Rosas Marcano. La independencia de Venezuela y los periódicos de París: 1808- 1825. Colección Bicentenario Carabobo. Caracas. 2021, p. 295).
Algo talmente falso. No obstante, tres días después, el 26 de agosto, el The Time de Londres, aclara que “no se ha dado aquí ningún crédito a la noticia bastante difundida de la ocupación de Margarita o Nueva Esparta por Morillo” (Ibídem. Rosas Marcano. 2021, p. 295).
Pero las distorsiones informativas se reproducen. En este caso, el periódico Charles-Town, (CS), difunde el 2 de agosto de 1817, que “el general Morillo desembarcó el 14 de julio en Margarita. Una columna de sus tropas marchó en seguida sobre Porlamar, la que tomaron a pesar de una viva resistencia. Trescientos insurgentes murieron, muchos quedaron heridos y el resto huyó a las montañas. El general Morillo tomó la resolución de pasar por el filo de la espada a todos los que se encontrasen con las armas en la mano. Varios han sufrido ya su suerte” (Ibídem. Rosas Marcano. 2021, p. 300).
De igual manera, el The Courier de Londres, se hace eco de esta tergiversada noticia y el 17 de septiembre de 1817, sobre la supuesta base del extracto de una carta de San Thomas del 29 de julio de 1817, hace correr que “la isla de Margarita fue tomada por los realistas. Su jefe Morillo hizo llamar dos mil quinientos hombres para apoderarse de ella y tres mil quinientos para atacar a Angostura, en el Orinoco. El cuartel general de Morillo está en Cumaná” (Ibídem. Rosas Marcano. 2021, p. 300).
Un mes y una semana después, el 25 de octubre de 1817, el periódico londinense The Courier, divulga una carta de San Thomas del 17 de septiembre de 1817, en la que se hace saber que “Morillo abandonó la isla de Margarita. El general Bolívar la ocupó seguidamente sin quemar un cartucho” (Ibídem. Rosas Marcano. 2021, p. 309).
Lo cierto es que el General Pablo Morillo deja para la posteridad en sus Memorias (1826), de manera textual: “El 18 de agosto abordé a Cumaná y el 28 a la Guaira. Dejé algunas tropas en cada uno de estos puertos y dirigí el resto de la Armada hacia Puerto Cabello, en donde me detuve varios días. Llegué al fin en septiembre a la capital de Venezuela; allí permanecí el tiempo necesario para extirpar algunos abusos que se habían introducido en la Armada durante mi permanencia en la Nueva Granada. El 21 de septiembre lanza una proclama a los habitantes de Caracas.
La realidad de las consecuencias del trágico golpe de la flota española, era expuesta por el principal jefe militar de la monarquía, una fuente realmente incuestionable. No obstante, para seguir desprendiéndonos del sesgo historiográfico y reconstruir el impacto de la derrota y la expulsión de la escuadra española de las aguas del Orinoco, acudimos a otra valiosa fuente, la cual ofrece detalles, aunque algunos inexactos en las fechas, por razones obvias. Se trata del “Índice de los papeles sobre Expediciones de India: 1807-1817. Independencia de América, localizados en el Archivo General de Marina. Instituto Histórico de Marina, Madrid, España” publicados en 1953 por el Cap. Navío Julio F. Guillén.
Aunque con alguna imprecisión con respecto a la fecha de salida del puerto cumanés. Esta obra señala que el 25 de agosto de 1817 salen de Cumaná la corbeta Descubierta y bergantín Perignon a escoltar a la Guayra las tropas y buques salvados de Guayana que se hallaban en las islas Granada y Trinidad. Además reporta el mal estado de la corbeta; noticias del bergantín mercante Latorre; escorbuto en la Descubierta y Perignon; herida grave del Comandante de Guayana, Capitán de Fragata don Fernando Lizarza y el Teniente de Fragata D. Melchor Ambarede” (1953. p. 129).
Quien realmente sale de Cumaná con destino a La Guaira, es Pablo Morillo y según sus Memorias, su zarpe ocurre un 28 de agosto de dicho año. Para esa fecha, las fuerzas expulsadas de Guayana, aún se encontraban en la isla de Grenada.
El propio Sevilla testimonia la salida desde la Antilla inglesa en el Caribe, al expresar literalmente: “nos dimos a la vela el 12 (de septiembre) para el teatro de la guerra. El 15 fondeamos, a las tres, en el puerto de Cumaná, después de una navegación feliz. La plaza estaba muy acosada por el enemigo y había bastante escasez, sobre todo de forraje. Allí pasé unos días con antiguos amigos” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 197).
Fue el 24 de Septiembre, cuando salen “de nuevo con tres buques: la polacra, el Casanova y la Descubierta, en dirección a la Guayra, en donde añade que tuvo el gusto de abrazar a su hermano Manuel, segundo comandante de la goleta Bailén” (Ibídem. Sevilla. 1916, p. 197).
La estadía en aquel puerto fue corta, ya que tal como asegura Sevilla, en breve recibieron la orden de trasladarse a Puerto Cabello los pocos que habían quedado de la campaña de Guayana. Cuatro días más tarde, el 28 de septiembre zarpan para la fortaleza porteña, Gobernada por el Coronel español José Pereira, en donde llegan al mismo dìa (…). Finaliza diciendo: “aquel baluarte inexpugnable era nuestra última esperanza en caso de un desastre” (1916, p. 197).
Ese fue el destino de la Armada que defendìa de manera estoica las fortalezas españolas en las aguas del Orinoco. Tal como bien lo confiesa Pablo Morillo, esta derrota y expulsión, hizo que abandonara sus planes de reconquistar Margarita e ir en auxilio de los sitiados en la Provincia de Guayana, un acontecimiento que produjo un giro en la guerra de independencia y de mucha trascendencia. Su escuadra queda prácticamente desmoronada.

