En esta serie de artículos, analizamos la relevancia de la Armada venezolana en la liberación del Orinoco, empezando desde su visión por parte de la historiografía venezolana
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Si existe una etapa crucial en la historia de la gesta emancipadora de Suramérica, esta es la contraofensiva de Simón Bolívar y la reacción de Pablo Morillo, en lo que concierne a la campaña de Guayana en 1817. Ambos desplazamientos dependen del poderío y movilidad de sus escuadras y eso lo sabían perfectamente los dos líderes, quienes tenían plena conciencia de lo significativo del poder naval en la conservación y la toma de una formidable base de operaciones dominada por el caudaloso río. Por tal motivo movieron todos sus recursos marítimos disponibles por control de Guayana y esto decidirá la suerte de la campaña.
Para Simón Bolívar la toma y liberación del Orinoco marca un punto de inflexión en su indetenible gesta libertaria continental, mientras que para Pablo Morillo, la pérdida del estratégico río se convierte en una especie de pesadilla. Al punto que al sentirse al borde de la muerte, tras el lanzazo que atravesó su cuerpo el 16 de marzo de 1818 en la batalla de La Puerta, exclama ¡Al Orinoco!, ¡Al Orinoco!,
Por su parte, el Libertador hará una exaltación al expresar en 1829: “nadie me podrá quitar la honra de haber humillado al león de Castilla desde el Orinoco hasta el Potosí”. Por consiguiente, no cabe la menor duda de que se trata de la más relevante y trascendente de todas las maniobras fluviales en la historia de la revolución emancipadora continental. Tanto Angostura como los dos castillos de la Vieja Guayana son las dos únicas fortalezas de todas las llaves marítimas del hemisferio americano que no capitulan, sino que los sitiados salen a enfrentar combate. La razón, tenían estricta orden del Rey Fernando Séptimo de salvar al ejercito sobre la población civil.
Las tres obras de la historiografía venezolana más difundidas que abordan el tema fluvial en la toma del Orinoco y la liberación de la provincia de Guayana en el campo educativo, militar y literario, son “Resumen de Historia de Venezuela en su Tomo II (1841) por Rafael María Baralt; “Vida del Libertador Simón Bolívar” de Felipe Larrazábal (1865) y “Venezuela Heroica” en su segunda edición (1883) de “No se trata solo de comida, es el colapso deliberado de los sistemas necesarios para la supervivencia humana”, denunció Guterres, quien señaló que Israel, como potencia ocupante, tiene “obligaciones inequívocas” según el derecho internacional, incluido el deber de no asegurarse de que los alimentos y los suministros médicos estén disponibles para la población de Gaza. Eduardo Blanco. En estas obras los autores explican con suficiente argumentación documental la proeza naval de la Armada de Venezuela, su heroicidad y la expulsión definitiva de la flota española de las aguas del Orinoco, una hazaña que le permitió a nuestra república gozar a partir del 5 de agosto de 1817 de la soberanía de la fachada atlántica, hoy día un punto geopolítico referenciado por las principales noticias mundiales, debido a la lucha que libra por la recuperación del Esequibo y la plataforma marítima que por derecho indiscutible nos corresponde.

No obstante, desde hace muchos años para acá se ha intentado desconocer una de las paginas más brillantes de la Armada Venezolana que se sitúa entre enero y agosto de 1817 etapa gloriosa en las caudalosas aguas del río madre, aduciendo que la batalla de San Félix culminó la campaña de Guayana. Pese a haber sido una hazaña militar liderada por Manuel Piar, reverenciada por el propio Libertador y mencionada por Pablo Morillo, esta victoria registrada el 11 de abril de 1817, destrozó al ejercito realista comandado por Miguel de La Torre, pero no concluyó con el control español en Guayana.
Ahora bien, si reconocidos historiadores han dedicado su atención a la epopeya fluvial que se libra en el Orinoco, de dónde surge el relato de que la batalla de San Félix decidió la liberación de Guayana. Muchos historiadores imbuidos por la visión terrestre de la independencia y haciendo uso de una exacerbada apología a Manuel Piar, han reproducido esta versión, mutilando el heroísmo de nuestros marinos y desconociendo la proeza de la flotilla republicana entre enero y agosto de 1817.
Uno de los primeros historiadores en hacer una especie de salto de pértiga, es precisamente el reconocido biógrafo Augusto Mijares, quien en su obra “El Libertador” (2021, p. 355) atribuye a Piar la liberación de Guayana con la batalla de San Félix, pasando por alto los tres meses de arduo combate en las riberas como en las aguas del Orinoco.
Mientras que Fernando Colón en su artículo “Manuel Piar, el Libertador de Guayana”, incluido en una compilación de biografías del héroe y publicado en 2004 por la Fundación editorial el perro y la rana, bajo el título “Las biografías del Gene ral en Jefe Manuel Piar, a cargo de Antonio Valdez Mederico, sostiene que “con el triunfo de San Félix culmina la más brillante campaña realizada hasta ese momento en Venezuela, afirmando que la evacuación de Angostura y Guayana Vieja, que se lleva a cabo tres meses más tarde, será como consecuencia de la imposibilidad absoluta de las tropas del rey de recuperar la rica provincia” (p. 213).
Por su parte, Asdrúbal González, en su trabajo “Manuel Piar (1979, p. 161), también incluido en la mencionada compilación, asegura que “San Félix ha sido visto como una etapa de la campaña y no como la culminación de una obra”.
Pero negar las acciones épicas de la escuadra venezolana en el Orinoco se traduce en un egoísmo a la capacidad táctica de del Libertador en la guerra fluvial. En Guayana, por primera vez, Simón Bolívar da cuenta de sus cualidades para dirigir una campaña de manera sincronizada entre el ejército y la marina. En ella sabrá combinar perfectamente las operaciones desplegadas por ambas fuerzas.
Uno de los autores más leídos, es precisamente Eduardo Blanco, quien en la segunda edición de Venezuela Heroica (1883) reconoce que el 18 de enero de 1817, antes de la batalla de San Félix, “Piar intenta en vano apoderarse de la inexpugnable fortaleza de Angostura, ya que estaba defendida por la parte del río de dos fragatas de guerra tres goletas y cuatro cañoneras”.

Luego de la magistral narración que hace de la batalla de San Félix, para referirse a los dos Castillos de la Vieja Guayana, agrega que Piar encarga al Coronel Pedro León Torres del asedio de aquellas fortalezas, llave del Orinoco, que dominan las naves españolas; regresa a Upata, manda a Cedeño con una división a estrechar el sitio de Angostura…se provee de algunos débiles esquifes con los que intenta disputar a las cañoneras realistas el transito del caudalosos río y el dominio de las islas, y teniendo en jaque al mismo tiempo a las dos plazas fuertes de aquella importantísima provincia, reorganiza el ejército y se dispone marchar a Angostura, tan luego como el Libertador le proporciones los pertrechos que le ha ofrecido enviar de Barcelona”.
En efecto, el general Piar se hallaba desprovisto de una flotilla para hacer frente al control de la Real Armada Española en el Orinoco y esto lo testimonia en muchas correspondencias dirigidas tanto a Bolivar como a Cedeño. Por lo que le será imposible rendir las inexpugnables fortalezas sin el apoyo de una flota significativa.
La versión de que las Misiones del Caroní eran la única fuente de aprovisionamiento, no es real del todo, ya que desde San Fernando como de Las Antillas, recibían, no solo pertrechos logísticos sino también militares. Los reportes de la gran cantidad de buques incautados, como las goletas de procedencia norteamericana capturadas por el Capitán de Navío Antonio Díaz, dan cuenta que las aguas del Orinoco permitían el apoyo y el abastecimiento a los derrotados en San Félix.
Esto lo corrobora Eduardo Blanco al comentar que “obtenida la victoria de San Félix, Piar se apresura a intimar rendición a los Castillos de Guayana la Vieja, pero no logrando el sometimiento de aquellas fortalezas que no puede reducir a diche fuerza por carecer de artillería de sitio (armas militares de gran calibre, como cañones y ametralladoras para atacar la defensa de una fortaleza), resuelve con el ejército cruzar de nuevo el Caroní y va a poner asedio a la amurallada Angostura, en unión del Libertador que presto llega a reforzar la línea sitiadora con las brigadas de Bermúdez, de Armario y de Valdés”.
Esta narración contribuye a despejar la diatriba que se ha originado y mantenido en torno a la culminación de la liberación de Guayana con el triunfo de San Félix. No obstante, Eduardo Blanco acota que “con la infatigable actividad el Libertador emprende la laboriosísima tarea de rendir las plazas de Angostura y Guayana La Vieja, de arrojar del Orinoco las naves españolas, de plantar los cimientos donde debe afianzarse el gobierno de la República”.

Remata diciendo el insigne escritor venezolano, que Simón Bolívar con la escuadra patriota es quien “activa el sometimiento de Angostura y de los Castillos de Guayana La Vieja, hostilizando en el Orinoco la escuadrilla española que abastecía de vituallas a las sitiadas plazas. Construye embarcaciones que han de aumentar las naves con que el almirante Brión, atendiendo las ordenes de Bolívar, se dispone a remontar el río, y personalmente activa y lleva a cabo las más arriesgadas empresas”.
Para ello el Libertador dará precisas instrucciones que ejecutarán valientes y celebres marinos de nuestra escuadra. Esta apreciación de Eduardo Blanco al calificar de “arriesgada empresa” no es para nada exagerada, ya que las célebres victorias obtenidas en las aguas del Orinoco, marcarán la proeza fluvial de nuestra gloriosa Armada en la liberación de Guayana.

