En esta serie de artículos, analizamos la relevancia de la Armada venezolana en la liberación del Orinoco. Esta semana, vemos que el triunfo de Manuel Piar en San Félix no deja indefensa a Angostura
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Hace ya más de 75 años, el historiador Vicente Lecuna en el Tomo II de su obra “Crónica razonada de las Guerras de Bolívar, publicada en Nueva York en 1950, había observado que “la mayor parte de nuestros historiadores no han narrado los trabajos efectuados para libertar las plazas de Guayana, y atribuyen el resultado únicamente a la batalla de San Félix, que tuvo lugar tres meses y medios antes de la conquista de aquellas. Resalta Lecuna que solo Baralt da a la escuadra la influencia que tuvo en la obra de libertar la provincia, ya grandes rasgos expone la destrucción de los buques españoles (p. 56).
Aunque parezca mentira, esa inoculada versión persiste en algunos historiadores que limitan la liberación de Guayana a la batalla de San Félix. No obstante, Rafael María Baralt y Ramón Díaz en el Tomo II de su reconocida obra “Resumen de la Historia de Venezuela”, que ha tenido varias publicaciones desde en 1841, al referirse a la victoria de San Félix, sentencian que “este brillante triunfo, que dio a Piar hombres, municiones, armas, vestuarios y dinero, no dejaba sin embargo indefensa a Angostura, mientras que los patriotas careciesen de fuerzas navales con que batir las del enemigo y hacerse dueños del curso del Orinoco” Versión digital por la Universidad Rafael María Baralt. 2016, p. 451).
A pesar de que el General Manuel Piar registra en su mismo Diario de Operaciones todos los intentos por apoderarse de los Castillos de la Vieja Guayana y el Fuerte de San Gabriel en Angostura, de una manera metódica y minuciosa, en donde se asienta que todas las operaciones fluviales para la captura de embarcaciones españolas en las aguas del Orinoco y las maniobras para la toma de las denominadas fortalezas españolas, fueron imposible, debido a una escuadra respetable, se obcecan en asegurar que la expulsión de la flota española de las aguas del Orinoco, es consecuencia directa de San Félix, reproduciendo de una forma acomodaticia la versión inverosímil.
Para disipar las dudas, es menester hacer una revisión exhaustiva al diario de Operaciones, que no tiene reparo en detallar los pormenores de manera fidedigna. Cuya irrefutable fuente histórica nos remite a sustanciar que apenas trascurridos dos días del triunfo de San Félix, es decir, el 13 de abril “el ejército estaba preparado para marchar sobre los castillos de Guayana, solo aguarda el ganado con que debe abastecerse en su marcha; para lo cual se ha oficiado a los Comisionados del Caroní y Altagracia, y al comisionado general de las Misiones” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 242. Edición en facsímil por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2020).
Sin embargo, dado a la falta de ganados pudieron salir el 17 de abril. Al amanecer del día siguiente llegaron a la Mesa de Guayana en donde encontraron la caballería sitiadora al mando del Coronel Carlos Hernández. Como a las cuatro y media de la tarde se situó el ejército frente a la plaza fuera de tiro de cañón. Tocaron corneta, se recogieron los pabellones nacionales e izaron el del parlamento, pero los enemigos no contestaron las señales y mantuvieron sus pabellones enarbolados. El ejército se mantuvo hasta el anochecer con un piquete de Cazadores escogidos y otro de Carabineros a las órdenes del teniente Coronel Medina y el resto del ejército contramarchara a su campamento” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 244).
Agrega O’Leary (1881, p. 244) que “los enemigos mantuvieron toda la noche un fuego terrible de artillería de todos los calibres y fusilería que le hizo la guerrilla patriota que se retiró en el peso de la noche hacia su gran campamento” y que Piar impaciente se retira a las siete de la mañana del 19 de abril con las divisiones de Infantería y los Carabineros en contramarcha hacia San Miguel, dejando a los escuadrones de Chaviripa y cien hombres más del de Caicara, todos a las órdenes del sargento mayor José Antonio Franco, sosteniendo el sitio de Guayana la Vieja”.
A las 10 de la mañana del día 23 de abril llegó a la Mesa de Angostura y en el sitio del Juncal se encuentra con el General Cedeño, donde acampana. Piar decide que al amanecer marche todo el ejército sobre la plaza de Angostura, adelantándose antes que amanezca los Cazadores a ocupar los cerros de la izquierda frente al reducto de la ciudad” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 244).

Como a las nueve de la noche llega el Coronel Tomás Motilla, enviado por el Libertador a comunicar la toma de la Casa Fuerte de Barcelona por el desembarco del enemigo al puerto de dicha ciudad, que antes de ser tomada Bolívar pudo salir con la infantería y se dirigía a Angostura.
El 25 de abril de 1817 a las cuatro de la madrugada señala el parte militar en el diario que se ejecutó la tentativa dispuesta por Piar en donde fueron rechazadas las tropas vigorosamente por haber recibido la plaza. Señala textualmente el parte: “solo perdimos diez y siete hombres entre muertos y heridos. Nuestras tropas se retiraron a las mismas posiciones que ocuparon ayer, quedando a las órdenes del Coronel Salom” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 247).
En la tarde de ese día fueron despachados Montilla y Montesdeoca a comunicar la acción al Libertador, dejando varios piquetes de Caballería en observaciones y ordenando la contramarcha de la Infantería al sitio del Juncal, a legua y media distante de la plaza.
Como se puede evidenciar, dos acciones en menos de una semana, resultan infructuosas para culminar la liberación del Orinoco, ya que se trataba de unas fortalezas inexpugnables que solo era posible tomarlas con una fuerza naval respetable y una artillería de sitio, de cuyos elementos careció su ejército, hasta ese momento.
Mientras esto ocurría la amenaza de la escuadra española se hace sentir, debido a la escasez de una flota con la cual evitar sus maniobras. Un día después del intento fallido de tomar Angostura, llegan al Cuartel General varios oficios del interior, entre ellos, el del General de Brigada Pedro León Torres, en donde comunica la continua subida de buques enemigos en apoyo a los sitiados. .
No obstante, como a las nueve de la noche se recibe parte del comandante de la flotilla, Capitán Rafael Rodríguez, de haber apresado tres lanchas cargadas de víveres que subían a la plaza de Angostura” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 248).
El 28 no se reporta novedad alguna, pero el 29 de abril a las cuatro y media de la madrugada se recibe un parte del capitán Rodríguez, informando sobre el apresamiento de un bergantín enemigo que conducía víveres y caldos a la plaza de Angostura, además de una gran correspondencia de España. Motivado por la información clave, Piar marcha con sus Estado mayor hacia el puerto de Panapana, al tiempo que un convoy de buques enemigos se dirigía a dicho puerto con algunos tiros de cañón. Allí se le notifica sobre el paso de varios buques” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 248).
Apunta el diario que “el bergantín apresado fue quemado después de habérsele extraído el velamen y la mitad del cargamento solamente, por no haber tenido tiempo nuestros marinos, a causa de la bajada del convoy en protección del bergantín” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 248).
Siguiendo la secuencia del diario, vemos que el mismo señala que “a las cuatro de la madrugada del día 2 de mayo, Piar marcha con su Estado Mayor hacia el Aro a encontrarse con el Jefe Supremo del Ejército Republicano. Como a las once de la mañana Bolívar fue recibido en el Juncal con las más vivas expresiones de júbilo, estimación y respeto, y con los correspondientes honores, alojándose en la tienda del General Piar” ” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV, p. 249).
Un hecho bastante peculiar lo acota Felipe Larrazábal en el Tomo II de su libro “La Vida del Libertador Simón Bolívar” (1883, p. 67), al afirmar que “Bolívar llega de Barcelona y cruza el Orinoco en una curiara que le ofreció el Comandante Pantaleón Guzmán”.
Media hora después de su arribo llegaron Arismendi, Bermúdez, Valdez, Zaraza y Soublette con la división de Infantería que trae el Jefe Supremo para engrosar las que operan sobre Guayana.
El Libertador estaba consciente que debía fortalecer la escuadra, construir fuertes, incrementar las operaciones fluviales y tomar de manera paulatina y sistemática los apostaderos enemigos en el curso del rio Orinoco para debilitar sus maniobras y extender el bloqueo decretado.
Comenzaba de esta manera, lo que creemos denominar como la Tercera Fase de la Liberación del Orinoco. Sostiene Lecuna (1950, p. 19) que tan convencido estaba Bolívar de la urgente necesidad de la escuadra que “el mismo día envió por tierra al comandante Salcedo con despachos para el almirante Brión, llamándolo a penetrar con sus escuadrilla en el Orinoco, para intimidar a los españoles, cortarle sus comunicaciones y producir la rendición de las plazas”.

Esto lo corroboran Baralt y Díaz en su ya citada obra (2016, p. 451-452) que “conociéndolo Bolívar, dio orden a Brión para que de Margarita fuese con la escuadra a reunírsele, y él, renunciando a asaltar por el pronto la ciudad, resolvió conducir todos los cuerpos de infantería a las misiones del Caroní, para completarlos y disciplinarlos”.
Como medida de estrategia comunicacional, Simón Bolívar dicta una proclama el 16 de mayo frente a Angostura, sin dudar de la decisión del jefe de marina, pero anticipándose a los hechos, en la cual estampó estas palabras solemnes: “S.E. el Almirante ha llegado ya a las bocas del Orinoco con una fuerte escuadrilla a destruir a la vez las fuerzas de mar y tierra, de vuestros tiranos” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 19).
Esta extraordinaria propaganda de guerra, la refuerza con un Boletín que emite dos días después. Cuando el 18 de mayo afirma que la rendición de las dos plazas se realizará al penetrar toda la escuadrilla de Brion en el Orinoco” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 19).
En este sentido, refieren Baralt y Díaz (2016, p. 451-452) que el ejército se acantonó en San Félix, San Miguel y otros pueblos, mientras Angostura quedaba observada por la caballería a las órdenes de Sedeño, para sólo el efecto de impedir el que recibiera socorros por tierra. Ambas medidas eran acertadas y asequibles: la segunda, porque La Torre no tenía fuerzas con que batir a Sedeño en campo raso” (Ibidem. Baralt y Díaz. 2016, p. 451-452).
Pero la noticia de otra amenaza llegaba al Cuartel General del Libertador. “En el momento que Bolívar supo la marcha de Morillo contra Margarita, dió nuevo impulso a la construcción de las embarcaciones y consiguió en efecto que se equipasen cinco o seis barquichuelos, cuya salida se dispuso luego” (Ibidem. Baralt y Díaz. 2016, p. 457).
Este lo detalla Lecuna (1950, p. 19) con mayor precisión, al decir que se instruye “la construcción de una batería o la Punta o la Vuelta más debajo de Angostura para estorbar los movimientos de la escuadrilla real y se reunió una flotilla con el mismo objeto en la boca del Orocopiche”, pero la flota española contraataca de inmediato y “en la madrugada del 17 de mayo, el capitán Echeverría, desembarcó una columna, atacó por sorpresa y tomó la batería, pero reaccionados los patriotas volvieron a la carga, retomaron el puesto y obligaron a los españoles a reembarcarse”.
El siguiente objetivo es la toma de la isla Fajardo, un punto geoestratégico que facilita las operaciones tácticas y comunicacionales, además de estrechar el bloqueo a los enemigos. Esta misión es encomendada al capitán de Navío Agustín Armario. Para es te propósito Bolívar había mandado a “mejorar el apostadero de Puerto de Tablas, en las bocas del Caroní, y establecer un astillero, si se puede utilizar esta expresión, en San Miguel, punto abundante en maderas para construir flecheras al estilo margariteño” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 20).
Estudiado el entorno y detectada las fortalezas, “en los pueblos y en las tropas se recogieron algunas herramientas y carpinteros de ribera, y las obras se encomendaron a la pericia y actividad incansable del general Arismendi y del coronel Armario, encargado Este último especialmente del corte y preparación de maderas en los bosques detrás de San Miguel” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 20).
Esto permitió reorganizar la escuadrilla de curiaras recogidas por el malogrado coronel Chipía, dotándola de hombres expertos sacados de las tropas, y la destinó a sorprender el apostadero de los españoles en la isla de Fajardo, frente a la boca del río Caroní” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 20).
La narración de esta primera proeza fluvial de la Armada venezolana. No las ofrece Lecuna (1950, p. 20) en el siguiente párrafo: “el Coronel Armario, el vencedor del Morro de Barcelona, encargado de realizar el golpe cuanto antes, se puso en movimiento en la madrugada del 24 de mayo. Los enemigos fueron asaltados de improviso y el puesto y todo cuanto había en él, quedó en poder de los patriotas, tras corta resistencia”.
El saldo fue de un caído y tres heridos por el lado patriota y de cuarenta entre muertos, heridos y prisioneros. De acuerdo con Lecuna (1950, p. 20), esta operación victoriosa proporcionó a los independientes una excelente cañonera con un cañón de 8 en colisa, dos grandes flecheras con sus pedreros, una balandra de comercio, 1 lancha, 1 bongo tres curiaras y 1 piragua; muchos tiros de cañón y de fusil, 10.000 piedras de chispas, 1 cañón de a 3”.
Ese día en la mañana, desde San Miguel Bolívar informa al jefe de estado mayor el asalto a la isla Fajardo, ejecutado por sus instrucciones. Al día siguiente marcha a las fortalezas de la Vieja Guayana a efectuar un reconocimiento los días 26, 27 y 28 de mayo. Entre el 30 de mayo y el 1º de junio se incorpora de vuelta al cuartel de San Miguel.
Lo cierto es que con la efectiva operación de la isla de Fajardo ordenada por el Libertador en la madrugada del 25 de mayo, la flota republicana despoja a la marina española de la principal base de operaciones en el Caroní, la cual era protegida por su infantería. Seis días después, zarpaba la escuadra de Brión, que sale de “el 31 de mayo de Pampatar, llevando al Libertador lo único que necesitaba para rendir a Guayana, es decir, la escuadra de su mando y la escuadrilla sutil que regía el valiente margariteño Antonio Díaz” (Ibidem. Baralt y Díaz. 2016, p. 456-457).
Los siguientes acontecimientos estarán marcados en su mayor proporción, por los movimientos de ambas flotas, en los cuales se producen varios hechos heroicos que desmontan el mito de que con San Félix se culmina la Campaña Libertadora de Guayana y se corrobora también, que a pesar de haber sido una brillante victoria militar, Angostura no queda indefensa.

