La proeza de la caballería en el paso del río Caura rompe la primera barrera defensiva española en la ardua batalla por la liberación del Orinoco

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

El Caura es un río ubicado entre los municipios Cedeño y Sucre del estado Bolívar, es decir, al sureste de Venezuela. El río tiene una longitud de 723 km hasta desembocar en el río Orinoco. Es el tercer río de Venezuela por su caudal. Esto nos da una idea de la magnitud de una acción heroica que rompe la primera barrera defensiva española en la libración del Orinoco.

El 30 de diciembre de 1816 las fuerzas patriotas logran una proeza militar al cruzar el río Caura y vencer a la escuadrilla española que obstaculizaba el paso Angostura. Al verse impedidos de una florilla respetable”, el general Manuel Cedeño toma la decisión de enfrentar las naves enemigas, con 64 diestros jinetes que con lanza en mano y con el puñal en la boca avanzan hasta el medio de río e infunden pánico a las tripulaciones de las lanchas realistas que solo lanzan un pequeño cañoneo y titos de fusilería, pero ante la valentía de los patriotas, huyen despavoridamente y se produce un hecho absolutamente determinante para la liberación de la Provincia de Guayana.

La contundencia de la hazaña del Caura es de tal manera que Piar lanza una proclama el 1º de enero de 1817 para exaltar el heroísmo de quienes acometen una obra titánica sin precedentes. Por primera vez una caballería desafía el poder de la artillería de una flota. Dirigiéndose a los soldados en la citada proclama, la cataloga como: “la obra primaria de vuestras campañas: El Caura mismo admira vuestra audacia”. (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 114. Edición en facsímil por el Centro de Estudios Simòn Bolivar en 2020).

Fue tanto el impuso de la hazaña del Caura que Piar asienta: “Soldados: Guayana solo será libre con vuestro solo aspecto, y sus habitantes reconocidos dirán: he aquí los que nos han traído la libertad, la gloria y la dignidad” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 114).

Conforme al itinerario del Diario de Campaña, la campaña liderada por Piar y Manuel Cedeño había logrado el paso de dos ríos: el Orinoco y el Cuchivero. Este diario registra que el día “29 de diciembre marchó el ejército hacia el Caura por el Paso de los Negros a lograr el momento de pasar, para lo cual se llevaron tres canoas, y por el paso general la gran canoa con 50 hombres y un escuadrón para llamar la atención” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 113).

La cronología del diario (O’Leary. 1881, p. 113) puntualiza que “a las tres de la tarde marchó Piar con su Estado Mayor para el Paso de los Negros. A las nueve de la noche se echaron dos canoas al agua, por haberse inutilizado la otra, y con 14 hombres sorprendieron la guardia de 40 Infantes de Barbastro habiendo muerto uno y herido otro. En la sorpresa se tomaron cuatro cartucheras, un fusil y todos sus morrales que abandonaron en la huida”.

En una operación conjunta del ejército y la incipiente flotilla, el relato del diario indica que ambas fuerzas operaron de una manera conjunta, al acotar que “la flechera que custodiaba el paso se retiró y tiró tres pedrerazos, después de lo cual repasaron el río nuestras canoas y dejaron solo el paso. Piar se retiró a las dos de la mañana con sus Estado Mayor, habiendo dejado en el puerto el Batallón Barlovento” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 113).

El día de la brillante ejecución queda plasmado en el siguiente relato: “El 30 al amanecer se retiraron las tropas para el campamento trayéndose las dos canoas para el paso principal. A las dos de la tarde salió Piar con Estado Mayor y todo el ejército para el Paso de Maripa; luego que nuestras canoas llegaron a la orilla del río, mandó Piar colocar las dos piezas de artillería a derecha e izquierda y al caer las canoas al agua se le hicieron dos tiros a una flechera enemiga que guarnecía este paso. Los enemigos ocuparon sus trincheras y la flechera se puso a disposición de batirse” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 113).

La acción del ejército y de la marina en esta imprescindible maniobra indica que supieron operar de forma sincronizada y pese a no contar con fuerzas navales suficientes, refiere el diario que “tres de nuestras canoas con 25 hombres desembarcaron salieron hacia la trinchera enemiga, mientras que 64 caballos con sus jinetes avanzaban al frente de la flechera y trincheras enemigas” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 113).

No obstante, la acción decisiva quedará a cargo de “la caballería que mantenida largo tiempo en el medio del río esperaron nuestras canoas, hasta que los enemigos, viendo la resolución de nuestras tropas abandonaron nuestras tropas, abandonaron vergonzosamente el punto. Nuestras tropas desembarcaron y la flechera huyó río abajo” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 113).

La correspondencia de Piar emitida el 5 de diciembre de 1816 desde el Cuartel general de Pueblo Nuevo al general Pedro Zaraza, muestra la falta de una considerable flotilla, al tiempo que permite valorar la acción temeraria de la caballería que ocupa la vanguardia en el río Caura y ejecuta la maniobra determinante. En la misiva, Piar reconoce: “No hallo, pues, un motivo para abandonar la empresa de Guayana por atender las amenazas insignificantes de un enemigo de un enemigo que U.S. solo, es capaz de destruir” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 95).

Otro aspecto significativo es que no solo Simon Bolívar le recomendaba a Piar que no era tiempo de tomar Guayana y reiteraba que para tomarla “hacía falta una flotilla respetable”, sino que también Zaraza, a quien Piar había asignado como comandante General de la Provincia de Barcelona, le pedía que regresaba debido al peligro inminente de las fuerzas españolas al mando de Pascual Real en dicha provincia.

Pero la respuesta de Piar, era enfática: “me hallo en la imposibilidad de volver a atravesar el Orinoco antes de ocupar la capital de Guayana. Las flecheras y lanchas enemigas nos han apresado cuantos buques teníamos para el pasaje, privándonos casi hasta de la comunicación por ese lado. Sobre estas razones añada U.S. la importancia de mi empresa, y convendrá fácilmente en que sería una temeridad imprudente aventurarnos a repasar el río en estas circunstancias” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 95).

Es decir, que para el 5 de diciembre, a pesar de no contar con suficientes embarcaciones para cruzar el río Caura, no había marcha atrás. Lo que le da mayor rango a la hazaña de la caballería y a su acción crucial. Agrega Piar en la mencionada carta que “dentro de dos días, es decir, el 7 de diciembre marchará sobre el Caura si la fortuna les concede un pasaje tan feliz como el del Orinoco” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV.1881, p. 95).

Pero sin las suficientes lanchas disponibles para lograrlo, había que recurrir a otra estrategia, jamás vista hasta ese entonces, a una caballería enfrentar a una fuerza fluvial. Es menester destacar que Piar hizo lo posible por compensar la escasez de la fuerza sutil patriota. Según apunta el diario, el día 11 a las siete de la mañana Piar salió a ver las canoas que estaban fabricando y regresaron a las nueve, es decir, a las dos horas”. Tres días después, a la una de la tarde, llegó el General Cedeño con toda la reserva y a las tres Piar sigue su marcha al Río Caura para su reconocimiento a donde llegó luego de descansar, como a las diez del día y no vio godo alguno sino solo canoas” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV.1881, p. 110-111).

Al día siguiente fueron a hacer otro reconocimiento, pero esta vez, con su Mayor General, sus dos Edecanes y Cedeño, volviendo el mismo día a su cuartel General. El 20 por la mañana fue el Coronel Anzoátegui a ver si habían concluido la gran canoa” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV.1881, p. 110- 111).

El día 28 a las tres de la tarde sale Piar con el General Cedeño y sus Edecanes, y 25 hombres a reconocer el Paso de los Negros; se vio una flechera y una canoa, dejando una partida con el Capitán Albarrán con el objeto de vigilar el paso toda la noche” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV.1881, p. 112).

Rafael María Baralt y Ramón Díaz en el Tomo II de su reconocida obra “Resumen de la Historia de Venezuela (2016, p. 442- 443), sostienen que a Piar le capturan los buques y queda impedido de una fuerza naval, pero que el “25 de diciembre de 1816 se puso éste en marcha para el Caura, en cuyas orillas se detuvo hasta lograr la construcción de embarcaciones para pasarlo: los enemigos tenían del otro lado cuatro compañías parapetadas en tierra e igual número de embarcaciones menores en el río, bien armadas y tripuladas”.

Por su parte, la historiadora Maria Magdalena Zambrano en su magnífico libro “Manuel Piar: Gloria y extravío de un héroe”, publicado por la Fundación Editorial El perro y la rana en 2022,), relata al respecto, que “para pasar exitosamente el Caura y dar continuidad a la conquista de Guayana, tuvieron Piar y Cedeño que dar un combate en el río contra las fuerzas realistas comandados por el teniente coronel José Ceruti, comandante militar de la plaza. Los patriotas construyeron un par de curiaras y capturaron otra del enemigo, luego con dos piquetes de infantería y apoyo de fusilería hicieron el desembarco, mientras Cedeño se arrojaba al río con la caballería, lanza en mano y puñal en la boca, en la dirección donde estaban las flecheras enemigas. Tanto las fuerzas realistas fluviales como las de tierra huyeron, los patriotas triunfaron logrando liberar casi todo el territorio hasta el Caroní” (p. 50).

Sobre el valiosísimo aporte de la necesidad de Cedeño y sus tropas para la campaña de Guayana, el historiador Ángel María Galán en la “Biografía del Coronel de la Independencia Felipe Mauricio Martín”, publicada en Bogotá en 1882, comenta que “después de una penosísima marcha llegó Piar con su División a las orillas del Orinoco, y pasando este río por Machacótes, se unió en Caicara, en los últimos días de noviembre, a la División que mandaba Cedeño. Piar asumió el mando en Jefe, y Cedeño quedó como segundo” (p. 19).

En cuanto a la proeza del Caura, el historiador colombiano (1882, p. 19) acota que “a las seis de la mañana la artillería de los patriotas, trasladada a la orilla del rio en profundo silencio, abrió fuegos sobre las fuerzas sutiles españolas; los dos piquetes de infantería secundaron el ataque con un arrojo sorprendente, y el General Cedeño en persona, con el Comandante Martín y el escuadrón que éste mandaba, se arrojaron al rio, un poco arriba del paso, y nadando, asidos de la cola de sus caballos, con la lanza cogida entre los dientes, se dirijieron hacia el punto donde estaban las barcas realistas”.

En cierto modo fue una operación conjunta y sincronizada, pero “tanta audacia, tanto arrojo, tanto denuedo de ese escuadrón de titanes, aterraron de tal suerte a las fuerzas españolas, que, disparando apenas los tiros que tenían en sus cañones y fusiles, abandonaron las embarcaciones y huyeron despavoridos y desatentados. Cedeño, Martín y sus compañeros, a caballo en pelo y rápidos como el huracán, los persiguieron por legua y media, dejando muertos a su paso a todos los que no se rendían. Por estos hechos heroicos y su comportamiento anterior, fueron ascendidos inmediatamente a Capitán el oficial Rodríguez y a Coronel el Comandante Martín, ascenso que ratificó después el General Bolívar con términos muy honrosos para dicho Coronel” (Ibidem. Galán. 1882, p. 20).

Corrobora Baralt y Díaz (2016, p. 443) que “vencido el paso del río y no habiendo ya inconveniente para seguir a Angostura, continuó Piar su marcha y llegó frente a la ciudad el 12 de enero, estableciendo su campo en el sitio llamado del Juncal”. El impacto del Caura es de tal modo que el general Manuel Piar al participarle a Simon Bolívar, el 19 de enero de 1817 desde el Cuartel de la Mesa frente Guayana, los pormenores de la campaña suscitados hasta esa fecha, resalta que “las fuerzas enemigas batidas en el Caura, (como verá V.D. en el adjunto boletín) replegaron a la capital, entregándome todo lo interior de la Provincia, esto es, todo el territorio desde las bocas del Caroní más allá de las de Meta” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. p. 128).

No cabe la menor duda que la proeza de la caballería en el paso del río Caura rompe la primera barrera defensiva española en la liberación del Orinoco y otorga a los patriotas el territorio conocido como el Alto Orinoco, indispensable para la consecución de la campaña libertadora de Guayana.

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