Esta semana, analizamos la relevancia del bloqueo decretado por Simón Bolívar en 1817 para asediar y liberar a Guayana
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Pocos historiadores se han detenido a estudiar desde el contexto geoespacial el bloqueo como primera medida de la campaña libertadora de Guayana. Se trata del primero de los seis bloqueos emitidos por el Libertador en toda la gesta emancipadora del continente. El caso de Guayana, dictaminado en 1817, tuvo como objetivo, darle viso legal y sentido estratégico a las operaciones militares terrestres y fluviales para acorralar a las fuerzas españolas en ambos extremos del caudaloso río Orinoco, con el fin de debilitarlos y rendirlos.
Para tener una idea de su dimensión, es necesario romper el sesgo historiográfico que demanda el enfoque de la “Historia Insurgente” y acudir al testimonio de dos protagonistas españoles. Uno de ellos estuvo cercano a los acontecimientos, el General Andrés García Camba y otro, se involucró de lleno y fue testigo de excepción, el Capitán Rafael Sevilla.
García Camba en el Tomo II de su libro “Memorias para la Historia de las Armas del Perú”, publicado en Madrid, España en 1846, al referirse al bloqueo de la fortaleza del Real Felipe en el Callao, Perú, (también decretado por Simón Bolívar en tres fases), sostiene que “la memorable defensa de la plaza del Callao ocupará un lugar distinguido en los fastos militares” (p. 299).
Agrega el oficial español que “este famoso sitio, admite pocos ejemplos de comparación, ya se considere la parte de decisión de los defensores, o su firmeza, sufrimiento, constancia, entereza, tesón, valor y desprecio de la muerte”. En consecuencia, afirma que solo “la desesperada defensa de Puerto Cabello, la de San Fernando de Apure y Angostura en 1817, son los únicos casos que pueden competir con el presente” (p. 299) Mientras que el Capitán Rafael Sevilla en su obra “Memorias de un oficial del Ejército Español. Campañas contra Bolívar y los separatistas de América Sevilla, editada en 1877 en Puerto Rico y luego en 1916 en España, reafirma que es “el más heroicamente defendido de toda la Costa-Firme, los guayaneses son dignos de que por España se les levante un monumento tan grandioso como grande ha sido la fidelidad de aquellos obscuros héroes, que sacrificaron todo: sus intereses, sus familias y hasta su vida, en el altar de la patria española” (p. 167-168).
O sea, que la liberación del Orinoco, no se debe únicamente a la memorable batalla de San Félix, aun cuando lo haya sido de ineludible impacto. Una de las fuentes que aclara y desmonta esta versión, es precisamente la obra de Sevilla, reeditada en 2019 por a cargo de un grupo de estudiosos del tema marítimo en España en la editorial “Escuela de Plata”, y para ratificar el crédito a su aporte, sostiene al respecto: “El capitán Sevilla, que fue sobrino del general Pascual Enrile, segundo al mando del ejército expedicionario enviado a la reconquista de América en 1815, gozó de una privilegiada posición y acceso a los documentos y reuniones en las que se decidieron las estrategias del Ejército Español. Y vivió en su persona y relató con todo detalle, un proceso que supuso el fin de la presencia española en territorio americano”.
Lo antes expuesto, sobre su acceso a las fuentes primarias resulta incuestionable. En consecuencia, para estudiar la relevancia del bloqueo decretado por el Libertador el 6 de enero de 1817 en el Cuartel General de Barcelona, primero debemos consultar estas fuentes bibliográficas y situarnos en la visión y proyección estratégica que sobre de la guerra marítima y fluvial poseía Simón Bolívar. Así veremos que el propósito de esta medida jurídica, era cortar todo tipo de apoyo logístico y bélico a los enemigos. Con ella se restringe el canal navegable para el transporte de bienes, comunicaciones y fuerzas militares a los españoles.

Bolívar es enfático al declarar que “Debiendo las fuerzas de la República de Venezuela obrar por tierra y mar contra las plazas de Guayana, Cumaná, La Guaira y Puerto Cabello, hemos venido en declararlas y las declaramos en estado de riguroso bloqueo, dejando libre todos los demás puertos de la costa y que por consiguiente a esta determinación, todo buque de cualquier nación que sea, cogido a tres leguas (14 Kilometros con 484 metros) de los puertos expresados a los cuarenta días de esta fecha será declarado de buena presa, sin admitirse pretexto ni disculpa, pero observándose religiosamente los usos, leyes y costumbres seguidos por las potencias marítimas” (Archivo del Libertador. Documento 1.755. Sección 9. Página Digital del Archivo General de la Nación. (En https://archivodellibertador.gob.ve).
La medida debía ser debidamente publicada y al respecto señala: “para que esta declaración llegue a noticia de todos los comerciantes que trafican sobre la Costa Firme se dará la mayor publicidad a los Almirantes, Gobernadores de colonias vecinas” (Ibidem. Archivo del Libertador).
El decreto firmado por Simón Bolívar y refrendado por José Gabriel Pérez se ajustaba al derecho marítimo internacional de entonces, al contemplar que “se guardarán los usos, leyes y costumbres de las naciones marítimas y cualquiera duda que pueda ocurrir sobre el particular cederá en favor de los bajeles apresados” (Ibidem. Archivo del Libertador).
Seis días después, el 12 de enero de 1817, el Almirante Luís Brión como Comandante General de la Marina republicana, ratifica el decreto pero con alguna variación en relación a la distancia o el espacio que abraca el bloqueo. Brión se expresa en términos marítimos, al hacer mención a una radio de acción “de tres millas de dichos puestos de Guayana, Cumaná, La Guaira y Puerto Cabello”, lo que equivale a 5.556 Kilometros.
La relación del apresamiento de buques se puede apreciar en la correspondencia que el Libertador dirige el 24 de agosto de 1818 a Juan Baptiste Irvine, Agente de los Estados Unidos de América del Norte ante el Gobierno de la República de Venezuela, en donde expone que “en todo el mes de abril se aprehendieron buques que conducían víveres y emigración de esta plaza para las colonias y para el Bajo Orinoco, y a principios de mayo un bergantín que venía de Europa fue también apresado” (Héctor Valdés y Luís Cortés Bargallo” (Coordinadores). Simón Bolívar. Textos de una Antología Original. México. 1982, p. 175).
En la misma comunicación el Libertador añade que “antes del mes de marzo fueron apresadas en frente de San Miguel varios buques y se sostuvieron también allí varios choques contra los apostaderos militares del enemigo, hasta que al fin apresaron el apostadero de la isla Fajardo. Bolívar puntualiza que el objetivo del bloqueo era interceptar el comercio, batir y apresar a los buques de guerra enemigos” (Ibidem. Valdés y Cortés. 1982, p. 175).
Esto nos da una idea sobre la relación de la cantidad de buques interceptados y provisiones decomisadas y en cuanto debilitó al ejército y a la marina enemiga. No obstante, el Libertador explica las razones del por qué la flota comandada por el Almirante Luis Brión ingresa a las aguas del Orinoco en el mes de junio de 1817 y en este sentido argumenta que las “fuerzas no las creyó necesarias dentro del río, sino cuando quisieran estrechar más las plazas”. Al mismo tiempo refuta que “para bloquear un río sea necesario remontarlo”. Aclara que “el río estaba bastante bloqueado con las fuerzas sutiles y con el ejército en tierra que lo sostenía mientras los buques mayores hacían su crucero en el mar” (Ibidem. Valdés y Cortés. 1982, p. 172).
Lo dispuesto en el decreto del bloqueo fue cumplido a cabalidad. Esto lo reconoce el Capitán Rafael Sevilla al testimoniar que cuando llegan “el 20 de julio de 1817 a los castillos de la Vieja Guayana, ya estaban bloqueados por agua y por tierra” (Ibidem. Sevilla, p. 162).
De no haber sucedido este cerco, bien podrían abastecerse o esperar apoyo externo, tal como era el propósito. Por lo que resulta imposible desestimar las acciones fluviales ejecutadas y libradas entre abril y agosto de 1817. Sin embargo, es menester reconocer, que la victoria de San Félix, aunque no haya sido una acción decisiva, si estimuló el recrudecimiento del bloqueo.
Esto lo revela Sevilla al describir textualmente que tan “pronto se supo en la plaza este desgraciado acontecimiento, pues engreídos los insurgentes con aquella tan completa como inesperada victoria, a las cuarenta y ocho horas de ocurrido el desastre, se presentaron con fuerzas imponentes a sitiar la ciudad, colocándose, con la osadía del vencedor, a tiro de fusil de nuestras débiles trincheras, y presentando, vestido de uniforme, el cadáver ensangrentado del teniente coronel de Barbastro, Sr. Ceruti” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 166).
LOS ESPAÑOLES QUEDAN COMPLETAMENTE BLOQUEADOS
Sevilla detalla las operaciones que de manera sistemática fueron intensificando el bloqueo y sus repercusiones. Por ejemplo, éste sostiene que el 4 de mayo de 1817 les “dijeron los tripulantes de una piragua, procedente de San Fernando, que los insurgentes habían tomado á Nutrias y que estaban formando allí una escuadrilla de piraguas y flecheras para venirles a cortar la comunicación con la parte de arriba, como se la tenían ya cortada con el mar, por las bocas del Orinoco. Resalta que de ese “modo imposibilitaban todo auxilio que el general Morillo intentase enviarles” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 168-169).
Lo que relata más adelante pone en mayor evidencia los estragos causados por el bloqueo, al decir textualmente: “al mismo tiempo tuvimos noticias ciertas de que dicha escuadrilla se había apostado en Orocopiche, a dos leguas de la ciudad. Nos cerraban todas las salidas; el hambre empezaba a molestarnos y era preciso mantener abierta la parte baja del Orinoco, como nuestra última esperanza de salvación, aunque al llegar a la embocadura tuviésemos que romper el bloqueo de los rebelde” (Rafael Sevilla, p. 169).

Pero once días más tarde, es decir, el 17 de mayo, recibieron “aviso por un buque río estaba bastante bloqueado con las fuerzas sutiles y con el ejército en tierra que lo sostenía mientras los buques mayores hacían su crucero en el mar” (Ibidem. Valdés y Cortés. 1982, p. 172). Lo dispuesto en el decreto del bloqueo fue cumplido a cabalidad. Esto lo reconoce el Capitán Rafael Sevilla al testimoniar que cuando llegan “el 20 de julio de 1817 a los castillos de la Vieja Guayana, ya estaban bloqueados por agua y por tierra” (Ibidem. Sevilla, p. 162).
De no haber sucedido este cerco, bien podrían abastecerse o esperar apoyo externo, tal como era el propósito. Por lo que resulta imposible desestimar las acciones fluviales ejecutadas y libradas entre abril y agosto de 1817. Sin embargo, es menester reconocer, que la victoria de San Félix, aunque no haya sido una acción decisiva, si estimuló el recrudecimiento del bloqueo.
Esto lo revela Sevilla al describir textualmente que tan “pronto se supo en la plaza este desgraciado acontecimiento, pues engreídos los insurgentes con aquella tan completa como inesperada victoria, a las cuarenta y ocho horas de ocurrido el desastre, se presentaron con fuerzas imponentes a sitiar la ciudad, colocándose, con la osadía del vencedor, a tiro de fusil de nuestras débiles trincheras, y presentando, vestido de uniforme, el cadáver ensangrentado del teniente coronel de Barbastro, Sr. Ceruti” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 166).
LOS ESPAÑOLES QUEDAN COMPLETAMENTE BLOQUEADOS
Sevilla detalla las operaciones que de manera sistemática fueron intensificando el bloqueo y sus repercusiones. Por ejemplo, éste sostiene que el 4 de mayo de 1817 les “dijeron los tripulantes de una piragua, procedente de San Fernando, que los insurgentes habían tomado á Nutrias y que estaban formando allí una escuadrilla de piraguas y flecheras para venirles a cortar la comunicación con la parte de arriba, como se la tenían ya cortada con el mar, por las bocas del Orinoco. Resalta que de ese “modo imposibilitaban todo auxilio que el general Morillo intentase enviarles” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 168-169).
Lo que relata más adelante pone en mayor evidencia los estragos causados por el bloqueo, al decir textualmente: “al mismo tiempo tuvimos noticias ciertas de que dicha escuadrilla se había apostado en Orocopiche, a dos leguas de la ciudad. Nos cerraban todas las salidas; el hambre empezaba a molestarnos y era preciso mantener abierta la parte baja del Orinoco, como nuestra última esperanza de salvación, aunque al llegar a la embocadura tuviésemos que romper el bloqueo de los rebelde” (Rafael Sevilla, p. 169).
Pero once días más tarde, es decir, el 17 de mayo, recibieron “aviso por un buque que venía de las Fortalezas, de que el enemigo estaba poniendo una batería en una punta, a cuatro leguas de Guayana, para interrumpir la comunicación con aquéllas e impedir que ninguno de sus buques intentase ganar el mar” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 169).
La relación del apresamiento de buques que se hace durante el bloqueo se puede apreciar en la correspondencia que el Libertador dirige el 24 de agosto de 1818 a Juan Baptiste Irvine, Agente de los Estados Unidos de América del Norte ante el Gobierno de la República de Venezuela, por la captura de dos goletas estadounidense trayendo armas a los españoles, en donde resalta “en todo el mes de abril se aprehendieron buques que conducían víveres y emigración de esta plaza para las colonias y para el Bajo Orinoco, y a principios de mayo un bergantín que venía de Europa fue también apresado” (Héctor Valdés y Luís Cortés Bargallo” (Coordinadores). Simón Bolívar. Textos de una Antología Original. México. 1982, p. 175).
En la misma comunicación el Libertador expresa que “antes del mes de marzo fueron apresadas en frente de San Miguel varios buques y se sostuvieron también allí varios choques contra los apostaderos militares del enemigo, hasta que al fin apresaron el apostadero de la isla Fajardo. Bolívar puntualiza que el objetivo del bloqueo era interceptar el comercio, batir y apresar a los buques de guerra enemigos” (Ibidem. Valdés y Cortés. 1982, p. 175).
Esto nos da una idea sobre la relación de la cantidad de buques interceptados y provisiones decomisadas, cuánto contribuyó a debilitar al ejército y a la marina enemiga. Bolívar aclara que “el río estaba bastante bloqueado con las fuerzas sutiles y con el ejército en tierra que lo sostenía mientras los buques mayores hacían su crucero en el mar” (Ibidem. Valdés y Cortés. 1982, p. 175).
Con la noticia sobre la construcción del fuerte Brión en la ensenada del Cabrián, la derrota del 8 de julio en la isla Pagayos, a cargo del comandante patriota Capitán Antonio Díaz y la entrada de la escuadra del Almirante Brión al Orinoco, “era en efecto imposible a los realistas sostenerse más tiempo en aquellos parajes, sin esperanza de socorros terrestres, interceptada la comunicación” (Ibidem. Baralt y Díaz. 1841, p. 461).
Lo dispuesto en el decreto del bloqueo fue cumplido a cabalidad. Esto lo reconoce el Capitán Rafael Sevilla, al citar al oficial español Sebastián Echeverría, quien en una junta de oficiales con miembros de la población en Angostura, sugiere que “el río está bloqueado: no hay que pensar en él”, mientras que Simón Bolívar, lo ratifica en el párrafo anterior.
De hecho, cuando abandonan a Angostura y llegan el 20 de julio de 1817 a los castillos de la Vieja Guayana, ya “estaban bloqueados por agua y por tierra” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 162). De no haber sucedido este cerco, bien podrían abastecerse o esperar apoyo externo, tal como era el propósito. Por lo que resulta imposible desestimar la relevancia del bloqueo y las acciones fluviales ejecutadas y libradas entre abril y agosto de 1817.
El 3 de septiembre de 1817 desde las fortalezas de la Antigua Guayana el Libertador dispone el cese del bloqueo y en consecuencia dictamina que “hallándose ocupada toda la Guayana por las tropas de la República, y no habiendo ni en una ni otra banda del Orinoco enemigos que puedan hostilizar el comercio, he venido en declarar como declaro por las presentes, levantado el bloqueo decretado el 6 de enero de este año por lo respectivo a la Guayana, quedando en toda su fuerza y vigor en cuanto a los puertos de Cumaná, La Guaira y Puerto Cabello” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 292. Edición en facsímil por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2020).
Los efectos del bloqueo decretado por Simón Bolívar para asediar y liberar a Guayana en 1817, tuvieron una profunda repercusión, quedando libre e independiente del yugo español y experimentando un cambio radical en el flujo comercial a través del Orinoco, al tiempo que se convertirá en la principal base de operaciones de los patriotas. El contenido del cese del bloqueo señala que “serán bien admitidos y tratados en todos los puertos del Orinoco, sus caños y sus vertientes, los buques de todas las naciones, cualesquiera que sean los frutos, géneros y mercancías que conduzcan, siendo en adelante permitida toda importación” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 292).

