Investigadores venezolanos han armado un expediente sobre el evento hidrometereológico que inició en junio pasado, sus causas, consecuencias y alertas hacia el futuro

SORIANA DURÁN / TERESA OVALLES / JOSÉ ROBERTO DUQUELA INVENTADERA / RNCC / FOTOS CORTESÍA

El período de sequía más severo en la mayo-ría del territorio Venezuela, dentro de la temporada conocida como “norte-verano”, suele transcurrir entre los meses de diciem-bre y abril. En 2025 esa sequía fue particu-larmente recia; según informe del INA-MEH, febrero de este año fue el tercer fe-brero más cálido registrado en el país desde que se lleva ese tipo de estadísticas: “0,18 °C más frío que el febrero más cálido regis-trado, febrero de 2024, y solo marginal-mente más cálido, en 0,03 °c, que el cuarto más cálido, de 2020”.Un mes más tarde ya los pronósticos y previsiones de ese mismo organismo aler-taban sobre la eventual ocurrencia de llu-vias inusualmente profusas y prolongadas en amplias regiones del territorio nacional. Incluso existen informes que daban la voz de alerta desde enero de 2025:“La incertidumbre sobre la presencia de La Niña en 2024/2025 continúa generando debate en la comunidad científica. La Ad-ministración Nacional Oceánica y Atmosfé-rica de Estados Unidos (NOAA) declaró el inicio del fenómeno en enero de este año (2025)”.Una especie de anuncio o premonición viene contenida en el informe 2023 del De-partamento de Ingeniería Hidroeteorológi-ca de la UCV, que establece que ese año fue “lluvioso extremo”, según sus parámetros técnicos.Cuando empezó a producirse el fenóme-no de las torrenciales y persistentes lluvias en junio, el presidente del instituto, Reidy Zambrano, declaró a El Universal que se-gún “un equipo de científicos e investiga-dores de alto nivel que monitorean tanto el tiempo como el clima (…) la actividad cicló-nica que influirá sobre la geografía venezo-lana inició el primero de junio y culminará el 30 de noviembre de 2025”. Este último dato resulta más que alarmante, ya que una buena parte del país tiene la impresión de que lo más grave culminó a mediados de ju-lio, mientras en Portuguesa, Bolívar, Ama-zonas y Apure todavía en la primera sema-na de agosto lidiaban con el desbordamien-to de los grandes.Todo este cuadro de alertas y previsiones se cumplió a partir de junio con implacable precisión, cosa especialmente preocupante en un país lleno de ríos, lagos y embalses, y varios de cuyos más ingratos recuerdos de los últimos tiempos siglo por catástrofes naturales están asociados a las lluvias: tra-gedias por vaguadas y deslaves de Vargas DOSSIER(1938, 1952 y especialmente la de 1999, ca-talogada como la mayor catástrofe natural colectiva en la historia de Venezuela), desla-ves de 2005 y 2010 en Distrito Capital, que dejó miles de familias damnificadas y dio origen al plan Gran Misión Vivienda Vene-zuela en 2011; deslave e inundaciones en Las Tejerías (octubre 2022); crecidas del río El Limón, Aragua, particularmente las de 1987 y 2020; inundaciones más recientes como las de Cumanacoa (julio 2024, con más de 30 mil damnificados), Socopó y to-do el eje de los municipios Zamora y Anto-nio José de Sucre de Barinas (2023), entre otros eventos catastróficos que dejaron des-trucción de infraestructura y dramática modificación de la geografía, cursos de agua y condiciones para la movilización te-rrestre de personas y bienes.Un informe de Trading Economics aporta un singular dato o estadística en 2024:“Las precipitaciones en Venezuela au-mentaron a 1881.10 mm en 2024 desde 1797.25 mm en 2023. Las precipitaciones en Venezuela promediaron 1965.37 mm desde 1901 hasta 2024, alcanzando un máximo histórico de 2360.36 mm en 2010 y un mínimo récord de 1633.04 mm en 2009”.

El contexto de este informe es la devasta-ción dejada por el paso relativamente cer-cano del huracán Beryl en julio de 2024. El medio se regodea en el concepto “desplaza-do climático” solo para culpar de cualquier cosa al gobierno venezolano.JUNIO 2025: LA CATÁSTOFEArribamos a junio de 2025 y comienzan a producirse las primeras noticias del desbor-de de ríos de pequeño, mediano y gran cau-dal. En lenguaje técnico, ocurrió “un even-to hidrometeorológico extremo asociado al paso de la Onda Tropical N° 9 y la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), que ge-neró precipitaciones acumuladas superio-res a 150 mm en 8 horas”En principio las más resonantes provie-nen de Mérida, Trujillo, Barinas y Portugue-sa; el río Chama, patriarca de los valles del páramo merideño, arrasó con viviendas, carreteras y sembradíos en Apartaderos y a lo largo de su cauce; la afectación fue evi-dente en los municipios Pueblo Llano, Car-denal Quintero, Rangel, Miranda, Cardenal Quintero, Santos Marquina, Libertador y Campo Elías.En la otra vertiente de la montaña, la que baja hacia el piedemonte andino barinés, el río Santo Domingo produjo también des-trucción de puentes y tramos de carreteras, incluidos varios de la emblemática ruta que baja de Apartaderos hacia Santo Do-mingo y más abajo hacia la capital de Bari-nas. Antes de llegar a esta ciudad se le unie-ron también en descontrolada crecida las quebradas que pasan por Calderas y Alta-mira de Cáceres, que destruyeron con ma-yor brío que en otras ocasiones esa precaria carretera rural, por lo general llena de de-rrumbes y accidentes.Hacia el suroeste las aguas crecidas del Socopó, La Acequia, Quiú y otros cauces violentos se ensañaron contra todo el eje que va de Pedraza hasta Santa Bárbara de Barinas, dejando triste saldo de familias damnificadas y muros de contención de-vastados.Hacia Trujillo las aguas causaron desma-nes de particular intensidad en Boconó, Campo Elías y en la Mesa de Esnujaque.Luego el país presenció con asombro las imágenes de puentes colapsados en el esta-do Portuguesa; las noticias y fotografías aé-reas del derrumbe de un viaducto en la au-topista José Antonio Páez, a la altura de Os-pino, fluyeron caudalosas en las redes y me-dios de todo el mundo. Justo en los alrededores de Portuguesa, junto al embalse ubi-cado en la finca El Esfuerzo, falleció en el desborde su propietario.A finales de junio el número de familias afectadas se calculaba en más de 8.500 en los estados Mérida, Trujillo, Táchira, Bari-nas, Portuguesa, Apure, Guárico, Amazo-nas y Bolívar. Un dato socioeconómico so-bresaliente es que en los mencionados esta-dos andinos se produce más de 70 por cien-to de las hortalizas y algunos de los tubér-culos que se consumen en el país, mientras que los estados llaneros son célebres por su producción de cereales (arroz, maíz) y legu-minosas.En julio, la vicepresidenta ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez, informó que la incidencia las lluvias aumentaron en 300 por ciento en relación con los meses ante-riores. LOS PADRES ORINOCO Y APUREComo si no fuera suficiente con la crecida de quebradas y ríos de mediano y gran cala-do, los ríos Apure y Orinoco produjeron también inundaciones a lo largo de las ciu-dades y pueblos ribereños. El río más gran-de Venezuela, del que se miden regular-mente las cotas. La Estación Hidrométrica de Ciudad Bolívar registró una crecida que rebasó niveles históricos, al reflejar en la ta-bla de medición 17,54 msnm el 4 de agosto de 2025. El punto de inundación del río Ori-noco se ha fijado en 17 msnm.El 4 de agosto el gobernador del estado Amazonas, Miguel Rodríguez, anunció que el nivel del Orinoco comenzó a descender gradualmente, lo que anuncia el retiro de las aguas al menos en esta temporada.En cuanto al Apure y el Matiyure, gran-des ríos apureños, causaron estragos en Apure, Guárico y parte sur de Barinas, que se agravaron más abajo y al este por la creci-da de otros importantes ríos como el Cina-ruco y el Capanaparo. También tributan sus aguas desde Colombia el Arauca y el Meta, lo que ocasionó perturbaciones en Guas-dualito y todo el cajón de Arauca, franja bi-nacional regada por esos ríos.POR QUÉ SE ENFURECEN LOS RÍOSEl doctor Dirk Thielen, egresado de la Uni-versidad de Los Andes, ecólogo con maes-tría y doctorado en Ecología Tropical, jefe de Laboratorio de Ecología del Paisaje y Cli-ma del Centro de Ecología del Instituto Ve-nezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), tiene interpretaciones sobre los vai-venes de las precipitaciones y las subse-cuentes inundaciones y deslaves.En el estudio titulado “Respuestas de las precipitaciones en Venezuela al actual ca-lentamiento sin precedentes de las aguas oceánicas globales”, que cubrió las ocho principales regiones o sistemas naturales presentes en el país: lago de Maracaibo, Sis-tema Coriano, los Andes, los Llanos, Cordillera Central, Cordillera Oriental, Sur del Orinoco y Sistema Deltaico, y Territorio Esequibo, el científico plantea el origen del fenómeno ambiental en el “calentamiento de las aguas oceánicas de la zona tropical costera del país”.Sostiene que “buena parte del pronóstico que se tiene de la zona del Caribe y toda es-ta zona del Atlántico, ya tiene años andan-do. Es un vapor que se está incorporando a la atmósfera: los vientos alisios dominantes lo empujan hacia esta zona y tenemos res-puestas como la de tragedia de Las Tejerías, o ahora la de Los Andes y Llanos, de una manera casi permanente. Porque eso está caliente, y es un cuerpo de agua que no solo es caliente en la superficie, sino que es pro-funda también. Y sí, todo esto tiene que ver con el calentamiento global y la exacerba-ción por la acción del ser humano. Además, estamos en un período interglaciar, en un período cálido y, por supuesto, cuando es cálido hay mucha evaporación”.MIENTRAS MÁS SE CALIENTEN LOS OCÉANOS, MÁS SEVERAS LAS LLUVIASJahn Franklin Leal, profesor en el Departa-mento de Cartografía, Método y Técnicas de la Escuela de Geografía de la Universi-dad de Los Andes, doctor en Matemáticas y exdirector del Observatorio Nacional Con-tra la Crisis Climática, forma parte del equi-po de trabajo de la ministra Gabriela Jimé-nez para el monitoreo de los efectos del cambio climático o, como el mismo Leal ex-plica, “la crisis y la variabilidad climáticas”:“Es más adecuado hablar de la crisis cli-mática o de los cambios climáticos, hacien-do referencia a la variabilidad climática, porque está variando el clima muy acelera-damente. En esa variación lo que se ve es que cosas que ocurrían en cincuenta años podrían estar ocurriendo ahora cada diez, cada cinco; el período de ocurrencia es cada vez menor”.De acuerdo con las proyecciones realiza-das para 2030 por el Grupo Interguberna-mental de Expertos sobre el Cambio Climá-tico (IPCC), el aumento de la temperatura promedio global ha alcanzado niveles preo-cupantes en un período de tiempo inferior al estimado. A este ritmo, si no se reducen las emisiones globales de gases de efecto in-vernadero un 43%, lo que antes se preveía para un futuro lejano, como 2050, ha esta-do sucediendo ya desde hace menos de una década.Leal aborda este dato desde lo que signifi-ca para Venezuela:“Venezuela tiene una particularidad, porque nuestro frente, del norte, es mar. Y hay varios elementos que intervienen en los eventos por precipitación, y uno de esos es el calor. El conductor son los vientos; los vientos arrastran grandes masas de agua que están en la atmósfera. Es como si tuvie-ras ríos, pero en el aire. Si se calienta mu-cho el mar, se evapora más agua. Ahora, ¿hacia dónde es conducida esa agua? En al-gunas ocasiones se conduce hacia el norte y tú ves las afectaciones en ciertas partes de las costas de algunos países de Centroamé-rica y Norteamérica. Y también ves las afec-taciones en las islas del Caribe, pero adicio-nal a eso, esas grandes masas de agua tam-bién afectan al territorio; nuestras monta-ñas, nuestros ríos. En los Andes también es-tá el lago de Maracaibo, y el Lago de Mara-caibo es un cuerpo de agua bastante grande y ese también se calienta, y más que el mar. ¿Para dónde van todas esas grandes masas de agua? Se van a precipitar en algún mo-mento”.Mientras más se calienten los océanos, más severas las lluvias y más abrasadoras las sequías. Las consecuencias de ambos es-cenarios pueden ser devastadoras, pero lo que hace la situación más delicada es el fac-tor de la imprevisibilidad, que como dice Leal, dificulta la planificación general de to-dos los aspectos que construyen una socie-dad, desde la agricultura hasta la salud pú-blica:“La crisis climática puede afectar directa-mente al sector alimentario. Este es uno de los que tiene mucho más impacto. Y lo otro que nos preocupa mucho es el sector salud, porque ante la variabilidad climática, al cambio de temperatura, cambio de pisos climáticos, es decir, en montañas donde no había tanto calor, ahora hace un poco más de calor, la vegetación va cambiando, pero los vectores, los mosquitos y algunas enfer-medades también van cambiando, enton-ces, tenemos que estar preparados para ese tipo de enfermedades vectoriales que pu-dieran estar gestándose. Eso también se re-fleja en la agricultura con las plagas, con el control de plagas. Lo que es el sector ali-mentario y el de salud son los más preocu-pantes… pero desafíos con el cambio cli-mático son casi en todos los sectores; tienes que adecuar las ciudades, sembrar muchos más árboles de los que sembrabas antes”.

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