Este cultor, con más de 45 años de trayectoria y experiencia artística, afirma que “cuando uno trabaja haciendo lo que le gusta, es maravilloso”

MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

La serenidad y la calma, conforman el alma desnuda que acompaña al artista plástico Amílcar Alejo, un hombre que enmarca su vida entre óleo sereno y pinceles domados entre sus dedos, que imitan el reflejo de sus pensamientos, transformándolos en arte.

“Desde que tengo noción de mi vida dibujé y pinté”, dice, al señalar que no recuerda una fecha como tal desde que empezó a pintar. Para el año 1981, un profesor le dice a ese muchacho dibujante y pintor, “te vamos a llevar a un concurso que llegó y tú eres el postulado, píntate un cuadro y me pinté mi cuadro con lo que siempre me compraba mi mamá, pinturas, pinceles y esas cosas”, detalló.

Concurso que ganó y lo animó a seguir abriéndose camino en la pintura. Pero es a finales de los años ‘80 e inicio de los ‘90 inicia que fija una posición a nivel profesional y expositiva como artista. Desde entonces, ha obtenido muchos premios, pero uno de los más significativos a nivel personal, de todos los que ha obtenido, es el 1er Premio de Dibujo en el salón de Artes Visuales Cojedes.

Como artista plástico, Amílcar Alejo ha desarrollado una carrera muy profunda y compleja, pero a su juicio, de mucha satisfacción. Su obra, ha obtenido reconocimiento a nivel nacional, participado en los eventos de mayor nivel en el país, como el Salón Arturo Michelena, el Salón Aragua, además de bienales, exposiciones colectivas, así como en el Certamen Mayor de las Artes.

Comenta que su formación al inicio fue autodidacta hasta principio de los años 1990, a pesar que constantemente participaba en talleres de formación.

“Me gusta mucho aprender, sobre todo en los aspectos prácticos”, confiesa.

Este cultor, con más de 45 años de trayectoria y experiencia artística que deslizan sus pasos hacia la proyección internacional, aspira que en el tiempo circule su talento a lugares lejanos.

Sin embargo, su trabajo ya ha traspasado las fronteras venezolanas, gracias a la proyección de su obra, fruto de la maduración de su técnica. De esta manera, sus cuadros han sido expuestos en Canadá, Estados Unidos, Japón, Italia, España, Colombia, Curazao y Países Bajos, lugares donde existen obras del artista en colecciones personales. En la humildad que le caracteriza, asegura que esa proyección internacional, también ha sido gracias al trabajo en colectivo con conocidos artistas y galerías del país.

“He tenido la oportunidad de visitar varios países como artista, exponiendo mis obras y abriéndome camino a nivel profesional y personal”, asegura. Esto le ha permitido, “la oportunidad de compartir experiencias con muchas personas, especialistas del mundo cultural, así como también personas ajenas al campo artístico”.

 UNA CARRERA LARGA Y PRODUCTIVA

El artista ha realizado más de 3 mil obras a lo largo de toda su carrera, destacando que, entre tanto trabajo artístico, el seriado “Soliloquios”, enmarcado en el ámbito mágico religioso, tiene un significado especial en su vida personal.

 Afirma que “satisfactoria y orgullosamente”, vive del arte que ama y lo envuelve a diario.

“Cuando uno trabaja haciendo lo que le gusta, es maravilloso”, expresó.


Un artista nacido en el corazón del llano

Un 5 de junio de 1963, en El Baúl, estado Cojedes, nació Amílcar Alejo Realza. Proveniente de una familia humilde, pero honrada, donde afloró el talento y la musa arropó al ahora maestro, siendo sus padres Pablo Alejo y Josefina Realza, ambos maestros integrales de la ruralidad de la época. El joven muchacho cursó sus estudios de básica y parte del bachillerato en su pueblo natal. Luego para el año de 1976, junto a su familia se residencia en San Carlos hasta finales de la década de los ‘80, cuando se mudan a Tinaco, donde hace vida desde entonces. En el año de 1983 estudió en el Centro de Enseñanza de Artes Plásticas en San Carlos, sus primeros estudios en la rama de la pintura a la edad de 19 años. Posteriormente cursó estudios en el Instituto de Arte Federico Brandt, así como en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y en el Sistema Nacional de Talleres del extinto Consejo Nacional de Cultura. Añadió que estudió Metalurgia en el tecnológico de Puerto Cabello, donde también practicaba la pintura en un taller al aire libre, en la zona colonial del puerto. En el año 1990, ingresa al Instituto de Cultura del estado Cojedes, como coordinador de Artes Visuales, donde se profundiza su pasión por el arte, al trabajar en la difusión y promoción del mismo. Para el año 2000, asumió como director del Museo Casa La Blanquera, en San Carlos, siendo corredactor del decreto que creó dicho museo. Ahí tuvo la oportunidad de estudiar en el Centro Latinoamericano y del Caribe para el Desarrollo Cultural (Clacdec), ahí se graduó en Gestión de Museos y Patrimonio en el año 2001. Igualmente profundizó sus estudios de museología en el Instituto Superior de Artes Plásticas Armando Reverón, núcleo que daría origen a la actual Unearte. En la actualidad, es profesor de la Unearte Cojedes, siendo profesional de la educación en la mención Desarrollo Cultural, título que obtuvo en la Universidad Simón Rodríguez.


A su criterio, “la ilusión y el esfuerzo mental de un artista no tiene precio. La ilusión que le pone el artista a cada pintura, es invalorable”.

“El artista, con su obra genera una relación efectiva, eso es posible a medida que se va consolidando la obra y el trabajo artístico. Además de la maduración, no solo cronológica sino artística”, confirmó el maestro.

Admitió que un artista no debe pensar primeramente en vender su trabajo, eso debe llegar por añadidura por parte de cada persona en particular que se interese en la obra.

“Pero eso es parte de la ética del artista”, considera Alejo.

“Los artistas no producimos objetos decorativos, producimos arte, que emite un mensaje y que en algún momento trasciende al arte contemporáneo. El arte se valora con el tiempo. Las obras artísticas llevan un proceso evaluativo y de investigación hasta llegar a la exposición, observación y apreciación del público”.

 EXPERIENCIAS SIGNIFICATIVAS

Alejo recuerda con gran alegría numerosas experiencias que le ha traído el arte, como su participación en “La Pintura Más Larga del Mundo”, realizada en Curazao en el 2013, donde participó como junto a 20 artistas más creando una pintura de 2.5 kilómetros en Willemstad, capital de la isla, que se adjudicó el Récord Guinness.

“Una experiencia única, donde se cubrió toda una avenida llena de lienzo. Yo realice un paisaje abstracto que reflejaba árboles de flamboyán, un árbol muy común allá”, señala.

Del mismo modo, nos habló sobre su más reciente exposición, realizada el año pasado y titulada, “Transpaisajes”, que aborda una propuesta de la transición entre el paisaje real e irreal.

Su carrera en el arte le ha llevado a involucrarse en actividades relacionadas al ámbito, como la museología y el diseño expositivo.

Así, indicó que recientemente participó en un proyecto de museología en el Museo de la Guardia Nacional.

“Una de las experiencias más ricas que he tenido, porque había mucha variedad. Tuve el honor de tener en mis manos obras de Arturo Michelena, también trabajé en la marquetería dónde se instalaron obras antiguas. Asimismo, participé en la elaboración del mobiliario, que fue diseñado por una amiga arquitecta, quien llevó adelante tan importante proyecto”, detalló.

EN VENEZUELA EL ARTE ES INCLUSIVO

 Refiriéndose al tema cultural en el país, Amílcar considera que en Venezuela el arte se ha venido fortaleciendo, producto de las nuevas oportunidades de estudio y formación que ofrece el Estado, a través de las universidades y centros culturales creados en las últimas dos décadas, gracias a lo cual, muchos jóvenes artistas y maestros se han incorporado a la familia de cultores venezolanos.

Libertad creativa

Dayana Farfán
Estudiante de Unearte – Tinaco
“El profe Amílcar me ofrece orientación y asesoramiento técnico en el taller, pero a su vez tengo libertad creativa, igual que todos mis compañeros. Llegar al taller es sinónimo de comodidad, es sentirse a gusto en un ambiente fructífero y de compartir junto a mis compañeros”

Sin embargo, considera que actualmente en el país, no tiene el mejor escenario en materia de galerías. También sugirió la expansión y promoción de ferias de las artes a lo largo y ancho de todos los espacios del país, no solo en Caracas, como capital.

En este plano no dejó de señalar que pese a las circunstancias que atraviesa el país, la cultura sigue creciendo “como lo es el caso del estado Cojedes, ya cuenta con la Universidad Nacional Experimental de las Artes y talleres de maestros artistas. Un ambiente que no se veía años atrás”.

“El arte y la cultura son herramientas que generan transformaciones, crecimiento y conocimiento”, declaró.

En esa línea, dijo que el sustrato conceptual de la obra de arte, es mucho mayor que antes, dónde los jóvenes se preparan y generan difusión de su trabajo, a través de las redes sociales.

“Se podría decir que estamos a nivel de las tendencias o estándares que se manejan a nivel mundial. Las redes han revolucionado el mundo de los cultores, abriendo camino a muchos profesionales del arte”, expresó.


Un templo para la creación, la enseñanza y la expresión

El taller de Amílcar Alejo, abrió sus puertas al público en el año 1998, un espacio donde ha dedicado 27 años a la formación de pequeños, jóvenes y estudiantes del arte del dibujo y la pintura. “Mi taller, es como mi templo”, dice al referirse al espacio donde trabaja a diario y expone sus conocimientos y técnicas obtenidas durante años de experiencia. “Este es un espacio donde mis estudiantes poseen la libertad de crear y practicar la técnica que se les enseña en la universidad y a su vez son creadores de sus propias búsquedas personales”, comentó, asegurando que “en Cojedes hay mucho talento”. Siempre le recomienda a sus estudiantes tener una mesita en cualquier lugar de su casa, donde puedan “expresar a diario una mancha, una raya, algo, un dibujo, que les permita crear a diario”. “Ser profesor de arte, ha sido uno de los oficios más satisfactorios en mi vida. El hecho de orientar y de transmitir experiencias y saberes, incluso aprender de ellos es algo indescriptible”, comentó. Dayana Farfán y Keylis Reverol, dos de sus estudiantes, resaltan que “al aire libre y entre cantar de los pájaros, disfrutamos llegar al taller, donde podemos expresar nuestro sentir sin fronteras, siendo el mejor aliado el caballete que nos permite disponer de los colores que aglutinan un pensamiento hecho arte”.

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