FREDDY FERNÁNDEZ
RNCC
La técnica para que alguien pueda sentirse bien mientras mata es realmente sencilla: tiene que actuar convencido de que está realizando un acto de justicia
El truco es potente y vale tanto para cometer un asesinato como para un genocidio. Hacer que parezca inscrito en un acto de justicia, de limpieza moral. Se logra atizando odios que tienen sus bases en una visión religiosa, entendiendo el término “religioso” en una acepción en la que las ideas propias aparecen como las únicas morales, que no requieren una verificación en la realidad.
Sobre esta base, el tema puede ser económico, político o religioso. El adversario es presentado como si su existencia fuera inmoral. Esta dinámica podemos rastrearla con ejemplos a través de la historia. En todos los casos, aterra la convicción de asesinos o genocidas de que están haciendo el bien.
En 2002 recibí un correo de un muchacho que vivía alquilado en la casa de mi mamá, donde era tratado como uno más de la familia. El estudiante de la ULA, después de preguntarme si no me daba vergüenza ser chavista “por un salario”, habló de asesinar a todos los chavistas, “esa plaga”.
Le respondí que cuando empezara la cacería, tuviera el cuidado de matar a mi mamá, a mis hermanos, hermanas y sobrinos sin someterlos a tortura.
Respondió que jamás había pensado en asesinar a mi familia. Parece que soñaba con que se podría asesinar a todos los chavistas sin incluir a los chavistas que él quería. Lamentablemente, la violencia no se comporta así. No tiene una racionalidad que permita administrarse por sí misma y actuar con elementos de afecto.
Quizá la motivación central de la clase media alta de Libia era lograr, una vez destruido el gobierno, cuotas más grandes en el reparto de las riquezas del país. Hoy ha recogido solo el espanto de un país destrozado, administrado violentamente en trozos, imposibilitado de ir hacia ninguna parte.
A veces me gusta pensar que toda esa carga de violencia y odio que sueltan personas enfermas de oposición es solo una impostura radical, que piensan que les queda bien para su uso en redes sociales, en ascensores y en panaderías. También sé que algunos son solo unos cobardes pagados para multiplicar el miedo y el odio.
Afortunadamente, en la oposición se ha fortalecido una reflexión que permite dejar sin influencia a los odiadores y violentos. El exterminio destruye a todos, sin distinción. No sirve para mundos mejores.

