La artesana ha recorrido diferentes regiones del país llevando el arte de su tejido y la gastronomía tradicional, resaltando lo autóctono cojedeño
MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Nelly Noguera, es una artesa por herencia y vocación. A sus 50 años, expresa que ama la cultura desde todos sus campos, a pesar de dedicarse a algunas áreas en específico, como el tejido de hamacas, cestas y a la dulcería criolla. Especialidades a las que ha dedicado más de la mitad de su vida.
Labores que realiza con orgullo y pasión desde que era una adolescente y que le han permitido, día a día al pasar de los años, sacar adelante a su pequeña familia, integrada por sus dos hijas.
Nelly, manifiesta su agradecimiento y amor por su madre, Amanda Noguera, quien fue la precursora de instruirle y guiarle en sus pasos. Sumado a sus raíces ancestrales que nacen desde sus abuelos, tanto maternos como paternos.

“Me enorgullece que mi hija mayor, también se haya sumado al mundo de la cultura, en especial a la cocina, elaborando dulcería criolla. Una herencia que le brindo con cariño desde sus primeros pasos, cuando me veía elaborar las recetas y que ahora compartimos tres generaciones, mi mamá, mi hija y yo”, describió
Nelly con satisfacción. Nelly también es una profesional de la cultura, graduada como Licenciada en Educación mención Desarrollo Cultural, área en la que se especializó por ser una apasionada del arte y que ama trabajar con sus manos.
Nelly Josefina Noguera, nació el 26 de junio de 1974, en Valencia, pero fue criada en Tinaco, estado Cojedes, desde muy pequeña. Tiene más de 10 años viviendo en el sector Paradero de Macapo, en el municipio Lima Blanco.

Noguera, ha participado en diferentes espacios, como el Congreso de Tejido, Textiles y Artes Aplicadas, en Barquisimeto, así como numerosos talleres y cursos en su área que le han permitido mostrar sus conocimientos y enriquecer sus habilidades.
Está mujer ofrece hermosos trabajos artesanales especializados en el tejido de hamacas, muñecas, pañitos, manteles, apliques, colitas, flores y demás, dónde el protagonista es la alegría del color.

Por otro lado, también desarrolla una gran variedad de dulcería criolla, endulzando el paladar de los comensales y su clientela con exquisitos manjares de la tradición venezolana y cojedeña.

