Hoy 24 de febrero se celebran 252 años del Establecimiento del Pueblo de Blancos y Pardos de Tinaco

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

El “24 de Febrero de 1774” es instituido mediante Decreto del Ejecutivo Municipal Nº 006 de fecha 22 de diciembre de 2014 como la fecha del verdadero establecimiento del pueblo de Tinaco, hecho que si bien no desembocó en una polémica mediática, si causó sorpresa y generó dudas en los habitantes acostumbrados a celebrar una fecha que solo se dedica al dìa festivo de la Patrona Nuestra Señora del Rosario de la Chiquinquirá de Tinaco.

A esto se debe que la conciencia del colectivo haya asumido el 4 de enero como la fecha de “fundación” del pueblo o “Dìa de la Ciudad”. Sin embargo, en los libros de Actas del Concejo Municipal del Distrito Tinaco a comienzos del siglo XX, se refleja que la Patrona se celebraba el 7 de octubre de cada año, de acuerdo al Santoral Católico. El cambio para el 4 de enero, según se evidencia en sesión del Ayuntamiento, fue “por lo copioso de las lluvias que interrumpían tal celebración”. No obstante, una revisión pormenorizada a los libros de la Parroquia, podría confirmarnos tal aseveración del Ayuntamiento tinaquero.

Pero la razón atiende a que celebrar una fecha que a la luz de los documentos no posee soporte histórico, realmente no tiene sentido. En primer lugar, se cuenta con el Acta de Establecimiento, localizada por el historiador Torcuato Manzo Núñez y publicada en el Boletín Nº 251 de la Academia Nacional de la Historia en 1980, en el ensayo titulado “Sobre el origen del pueblo del Tinaco”, y en segundo lugar, los aportes que vienen haciendo la nueva generación de historiadores de carrera, con maestrías y doctorados, formados bajo una concepción filosófica de la historia muy distinta a la tradicional.

LAS ENCOMIENDAS: EL FRACASO DE LA CORONA ESPAÑOLA EN TIERRAS DE TINACO

Si pretendemos rastrear los orígenes de Tinaco tenemos que remontarnos mucho más a allá de lo refiere Manzo Núñez en su ensayo publicado en el Boletín Nº 251 de la Academia Nacional de la Historia Julio-Septiembre 1980. Antes de la llegada de los misioneros a estas tierras llamadas Tinaco, se establecieron hatos ganaderos que giraron en torno al régimen de la encomienda. Pero la resistencia que opusieron los nativos, impidió el dominio colonial, frustrando varios intentos de los encomenderos para reducir a la población originaria a “Encomiendas”.

Uno de los testimonios lo refiere Armando González Segovia (1995), quien señala que desde de 1561 los vecinos y moradores de la provincia de Caracas fueron introduciendo ganado vacuno para su sustento y permanencia, para lo cual fundaron los hatos en los llanos y en los sitios entre los cuales se encontraba El Tinaco. Dato que es corroborado por José Oswaldo Pérez (2014), al acotar: “El Juez de Llanos Don Francisco Carlos de Herrera señala en un Censo Ganadero de 1723 que la introducción de ganadería vacuna comenzó a implantarse en 1561 para el “sustento y permanencia” de la ciudad de Santiago de León de Caracas. Para este cometido fundaron hatos en los llanos y en los sitios de Paya, San Antonio, Las Palmas, Aricapano, La Platilla y Tinaco”.

Otro documento de importancia para la comprensión de los orígenes de Tinaco, son los aportes que viene haciendo el reconocido locutor Mario Pineda, quien inspirado en su genealogía familiar, ha rastreado numerosos documentos que tienen conexión con el problema estudiado. Uno de estos documentos es la Merced de Tierras otorgada el 18 de agosto de 1623 a Pedro Rodríguez de Quiñonez, pariente de Vicente Díaz Pereira, fundador de Valencia, en la cual le adjudican 8 leguas de tierras entre El Cayman y el Río Tinaco (AGN. Sección Tierras).

Tomando en cuenta que la legua cuadrada de tierra equivalía a 3.105 hectáreas, este latifundio abarcaba parte de los actuales municipios Pao y Tinaco. El asiento del hato lo tuvieron a orillas del Río Tinaco y esto se comprueba en la relación documental de la cadena titulativa o tradición legal de esta familia, sobre las tierras en Tinaco, como se verá más adelante.

Estas fuentes documentales permiten corroborar que no es el hato del Capitán Andrés Román, lo que empieza a aparecer en los documentos con el nombre de Tinaco en 1625, tal como quiso afirmar Manzo Núñez en la página 602 de la publicación citada. Andrés Román no es el primer hatero llegado a estas tierras, quedando claro con esto, que su hipótesis está desplazada, por lo tanto no podemos ceñirnos sólo a su trabajo citado para estudiar los orígenes de Tinaco.

Es cierto lo del establecimiento del pueblo de “San Francisco Solano” por Andrés Román, quien redujo hacia 1630 seiscientos indios, pero este pueblo desaparece por la rebeldía de los aborígenes a ser sometidos, lo que comprueba que su encomienda no determina la dinámica demográfica que con el paso de los años se va a congregar en Tinaco.

LA RESISTENCIA INDÍGENA SE HACE PRESENTE

Al extinguirse las encomiendas la corona española opta por las misiones religiosas para apoyarse en el proceso de conquista. Daniel Chirinos en la ponencia titulada “Apuntes para la compresión del origen del pueblo del Tinaco (1650 – 1781), presentada en las “Jornadas de Historia” en el marco del Bicentenario de la Independencia en el año 2010 en San Carlos, señala que en 1687“Fray Ildefonso de Zaragoza salió desde San Carlos con indios ladinos en una jornada hasta el río la Portuguesa, de regreso a San Carlos el Padre Zaragoza le solicita a Fray Pablo de Orihuela, poblase a los indios que había logrado reducir en pueblo aparte, cerca de 400 indios “fueron llevados a un sitio distante de unas 5 leguas de San Carlos, a orillas del Río Tinaco, donde se asentaron formando el pueblo que se llamó San Pablo del Tinaco”, para la mantención del pueblo el padre Juan de Utrera recolectó entre los vecinos de la villa y en los hatos circunvecinos “muchas fanegas de maíz y más de cincuenta reses para subvenir a la alimentación del recién fundado pueblo”, además de un hato de unas doscientas reses”.

Pero la rebeldía de los nativos al dominio colonial desarticuló e hizo desaparecer esta misión. Los pocos que quedaron señala Chirinos (2010) quisieron irse a sus antiguos parajes, pero Fray Pablo de Orihuela los llevó a la misión de San Francisco del Tirgua, siendo los de corta edad repartidos entre las familias de la villa de San Carlos de Austria.

LA LUCHA POR EL DERECHO AL USO DE LA TIERRA

A diferencia de la “Villa de San Carlos de Austria”, establecida en 1678 y los “Pueblos de Misión” de San Diego de Cojedes, en 1700; San Miguel de Arcángel de la Boca del Río Tinaco, en 1744 y la Divina Pastora del Jobal, en 1751, Tinaco es producto de un largo proceso histórico.

Fue realmente la presencia y el latifundismo de los clanes familiares lo que condujo a que un grupo de pardos se organizaran y solicitaran el establecimiento del Pueblo de Blancos y Pardos, en 1773. Entre 1623 y 1744 se registra la mayor localización de expedientes que hasta ahora se conozcan sobre las luchas del pueblo por el derecho a la tierra. La primera prueba fehaciente ocurre cuando capitán Mauricio González Perera introduce una querella el 14 de noviembre de 1715, en representación de Baltazar Blanco, en contra de varios vecinos de Tinaco, solicitando el desalojo de unas tierras (AGN. Sección Tierras. Letra B. Nº 1. Folios 1 al 98. Facilitado de igual manera por Mario Pineda).

Se trata de uno de los primeros actos sobre el conflicto generado por el control de la tierra, incoado por esta familia en contra de los pardos en Tinaco. Esto se convertirá en una práctica común. Como, por ejemplo, el que vemos veintinueve años des pués, es decir en 1744, referido por Chirinos (2010), al exponer que la esposa de Mauricio González Perera, la señora Rosa Urraca y Quiñones, “pedía fueran lanzados de su hato de El Tinaco, las personas que lo ocupaban ilegalmente”.

La confrontación de la población mestiza contra la aristocracia territorial, conlleva a que el pueblo se organizara y sus causas fueran escuchadas. Pero el hecho que a nuestro juicio marca un punto de inflexión, acontece en septiembre de 1773, cuando Pedro Ruiz Espejo impide a los pardos José Antonio Carrillo y Montano Judas del Rosario, la fábrica de casa en uno de los solares contiguos a la plaza del antiguo vecindario de Tinaco.

El férreo control de las tierras por parte de este grupo social no sólo se limitó al constante despojo de las tierras productivas, sino que también se extendió a restringir el derecho a los terrenos para la construcción de sus casas, lo que realmente que limita el crecimiento urbano, económico y social de un pueblo que espontáneamente se iba configurando.

Es realmente Montano Judas del Rosario quien organiza al pueblo y solicita el 16 de noviembre de 1773 al Gobernador de la provincia de Venezuela, José Carlos de Agüero, la autorización para el establecimiento de un pueblo de Blancos y Pardos. Es decir, dos meses después de la querella con Ruiz Espejo. Tal petición es inmediatamente concedida por el Gobernador de la Provincia, tras librar el Auto en fecha 6 de diciembre de 1773, ordenando al Teniente de Justicia Mayor de San Carlos, Don Pedro Echeverría para trasladarse al sitio indicado y procediera a la repartición de solares, delineando las calles con perfección. Esta disposición se lleva a cabo el 24 de febrero de 1774, cuando las autoridades se trasladan con los vecinos a los sitios escogidos, para la asignación de solares de la nueva población de Tinaco que así se establece con el título de “Pueblo de Blancos y Pardos”.

En la nómina de vecinos, se pueden mencionar algunas familias: Matute, Fernández, Bolívar, Hernández, Bravo, Noguera, Inojosa y Silva. Estas dos últimas corresponden a la rama genealógica del General José Laurencio Silva, que se encontraban en el estrato social de los pardos, específicamente su abuela materna María Germana Inojosa. Este pueblo arrancó con una matrícula de 1700 habitantes, y de allí en adelante fue creciendo progresivamente.

Si hay algo que debemos reconocer es que desde el punto de vista económico y social, la encomienda y los hatos ganaderos derivaron en la dinámica demográfica de un vecindario disperso que se fue aglutinado paulatinamente en torno a una pequeña ermita construida hacia 1740 con aportes de los vecinos, tutelada por los misioneros capuchinos, pero este vecindario continuaba adscrito civil y eclesiásticamente a la villa de San Carlos. Fue a partir de 1774 este adquiere una verdadera fisonomía urbanística, se delinean las calles y se traza la plaza. Se entregan solares a los vecinos y posteriormente se solicita la ampliación de la Ermita, dado al espacio insuficiente para los oficios religiosos. Cuatro años más tarde, se autoriza para la administración de sus rentas.

Pero este pueblo que se establece en 1774 tiene una duración efímera desde el pueblo de vista arquitectónico y urbanístico, es decir, de apenas siete años, debido a lo anegadizo del terreno en donde se establece, en las adyacencias de la planta de tratamiento de agua que surte a la población. El traslado se efectúo en 1781, previo al decreto de Don Francisco Ramón Venegas Teniente de Justicia Mayor de los pueblos de Tinaco y Tinaquillo. Este es el pueblo que hoy encontramos formando el casco histórico colonial de Tinaco.

Para finalizar debemos destacar que el conocimiento que hasta ahora teníamos acerca de la génesis de Tinaco como pueblo había estado supeditado a trabajos de investigación carentes del rigor científico que otorga la ciencia histórica, a la luz de la visión colonizadora. Esta interpretación documentada nos confiere otra perspectiva y una nueva conciencia acerca de nuestro pasado, que nos ayuda a romper el culto impuesto por el colonizador, al tiempo que visibiliza las luchas por la igualdad social que conlleva en 1774 establecer el Pueblo de Blancos y Pardos de Tinaco.

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