La victoria fluvial de Pagayos abre la navegación del Orinoco a los patriotas y obliga a los españoles a evacuar a Angostura

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

En la batalla fluvial de Pagayos vencimos a una flota muy superior a la escuadra sutil, el más brillante ejemplo de coraje y valor por parte de nuestros marinos, quienes no se detuvieron ante la superioridad naval del enemigo y le infringen una decisiva derrota.

Este triunfo alcanzado el 8 de julio de 1817 en la isla de Pagayos, ubicada en el actual municipio Antonio Díaz del estado Delta Amacuro, fue por demás, estratégico y determinante, ya que bloqueaba el acceso de suministros por mar a los realistas y garantizaba el control absoluto del rìo Orinoco a los patriotas.

Tras una larga y accidentada travesía de la escuadra republicana que había zarpado el 29 de mayo de 1817 desde Margarita con destino al Orinoco, fondea el 1º de junio a Carúpano para incrementar su fuerza a 27 naves, El Almirante Brión en el parte que comunica a Simón Bolívar el 28 de agosto de 1817, trasmite que en Carúpano dispuso “que las fuerzas sutiles al mando del Capitán de Navío Antonio Díaz, seguirán por la costa a incorporarse de nuevo a los buques mayores en punta Cangrejos” (Manuel Díaz Ugueto. Documentos del Almirante Brión. Tomo I. Ediciones del Congreso de la República. Caracas. 1982, p. 278).

Al Punta Cangrejo que Brión menciona, es la que se encuentra en el extremo izquierdo de las Bocas del Orinoco en el actual Delta Amacuro. Sin embargo, la escuadra compuesta por los buques mayores, es azota durante toda la noche del 15 de junio y el dìa siguiente, por los fuertes oleajes de la Boca del Dragón, al serenar el tiempo se encuentra con sólo cinco buques. A Punta Barima” llegan el 30 bastante disminuidas por la dispersión ocasionada en este punto en donde se baten con furia las aguas del Caribe y del Atlántico.

Prosigue Brión el relato y expone que “con las solas fuerzas de dos bergantines y dos goletas que remaron sin novedad hasta el 6 de julio, en que se me presentó en el caño Imataca la Flechera Independiente “San José”, su Capitán Blas Fariñas, despachada por el Comandante Díaz en mi solicitud.

Aquel Comandante había pasado el Río Grande con las cinco flecheras y cañoneras de mi mando, no habiéndome encontrado en el Caño de Macareo por donde estuvo” (Ibídem. Díaz Ugueto. Tomo I. 1982, p. 278).

Esto indica que las cinco embarcaciones menores al mando del Capitán Antonio Díaz debían encontrarse con el resto de la escuadra en donde desemboca el Orinoco. Esto lo reitera Ugueto “1982, p. 25), al mencionar que “por el Delta del Orinoco entra el Almirante con sus buques mayores. De avanzada vienen las Fuerzas Sutiles del Capitán Antonio Díaz”.

No obstante, Rafael María Baralt y Ramón Díaz, en el Tomo II de su obra “Resumen de la Historia de Venezuela”, asientan (2016, p. 459-460), que “al tomar el almirante las bocas, destacó con la debida anticipación tres fustas armadas para que recorriendo el caño de Macareo, penetrasen por él hasta el río y bajasen a encontrarse con la escuadra que por él debía remontar; pero llegado que hubieron las fustas al Orinoco, se encontraron con las fuerzas sutiles del apostadero de la Vieja Guayana en número de once embarcaciones de portes superiores”.

Lo cierto es que enterados los realistas sobre la presencia de la flotilla de Díaz, salieron a enfrentarla. Felipe Larrazábal en el Tomo II de su obra “Vida del Libertador Simón Bolívar” (1925. p. 88), sostiene que “como los españoles buscasen nuestras fuerzas sutiles, con diez y seis flecheras, sorprendieron a dos cerca del apostadero de la Vieja Guayana y favorecidos por el viento y la fuerte corriente del río consiguieron apoderarse de ellas”.

El libro “Efemérides y cotidianidad naval venezolana” de los autores Jairo Bracho Palma y Julio César Lanz Castellanos (2022, p.216), reafirman que el 7 de julio de 1817 se produce el “Combate Fluvial de Caño Macareo. El capitán de fragata republicano Fernando Díaz perece en el encuentro, y sus unidades son apresadas”.

Mientras que Baralt y Díaz (2016, p. 459) agregan detalles precisos al expresar que “allí se empeñó un combate en que los patriotas se batieron con su valor acostumbrado; pero, muy inferiores en número, fueron al fin derrotados y pasados a cuchillo, excepto muy pocos hombres que en un esquife se salvaron y fueron río abajo a encontrar la escuadra. Y aconteció que como marchase a la vanguardia Antonio Díaz con otras tres fustas, al recibir la nueva de aquel desastre, en que había perecido un hermano suyo, resolvió seguir forzando de vela en busca de los enemigos, sin consultar para ello al jefe de la escuadra. Los realistas, enorgullecidos con su triunfo, bajaban ya y a poco se encontraron con Díaz en Pagallos (sic)”.

UNA DECISIVA VICTORIA EN AGUAS DEL ORINOCO

Con una flotilla numéricamente inferior el Capitán de Navío Díaz, armado de coraje y sin esperar la autorización del jefe de la escuadra patriota sale el 8 de julio de 1817 a darle combate a la poderosa fuerza sutil española en Pagayos, al mando del Capitán de Fragata Antonio Ambaredes. El Almirante Luis Brión en el parte que éste envía el 28 de agosto a Simón Bolívar ofrece una narración y al respecto comenta que las fuerzas enemigas de Guayana estaban compuestas de 19 buques entre flecheras y cañoneras, mandadas por el español Ambaredes. El Comandante Díaz no pudo ni quiso evitar el combate, que empezó en el acto a pesar de la enorme desigualdad de las fuerzas” (Ibídem. Díaz Ugueto. Tomo I. 1982, p. 278).

En relación al tiempo, el resultado y las bajas, el Almirante acota que “la acción que fue reñida y sangrienta, duró tres horas, y se decidió al fin a favor de las armas de la República. El enemigo perdió cinco flecheras echadas a pique, dos cañoneras apresadas, y sobre 200 hombres entre muertos y heridos. Nuestra pérdida alcanzó a 60, de unos y otros. El resto de los buques enemigos huyó vergonzosamente, sin ser perseguidos, porque nuestras flecheras tuvieron que ir a repararse a la isla de Pagayos del daño que habían recibido” (Ibídem. Díaz Ugueto. Tomo I. 1982, p. 278).

Dado a la contundencia y la trascendencia de esta célebre victoria, no solo Brión se ocupa de dejar para la posteridad la heroicidad impresa en esta proeza fluvial, sino historiadores de la talla de Baralt y Díaz (2016, p. 460), añaden que en el nuevo “combate, en que el audaz margariteño y su gente, colocados en medio de los buques enemigos, hicieron prodigios de valor.

Por algún tiempo estuvo dudoso el resultado, porque los españoles se batían con denuedo; pero Díaz haciendo fuego a todas partes, abordando ya un buque, ya otro, y degollando sin piedad cuanto caía en sus manos, recobró sus tres fustas, apresó algunos bajeles realistas y a los restantes causó tanto daño e inspiró tal terror, que no pararon en su fuga hasta guarecerse de las fortalezas de la antigua Guayana”.

Por su parte, el historiador Jesús Muñoz Tébar en su obra “Bolívar” (1900, p. 43), también exalta el valor puesto de manifiesto por estos gloriosos marinos y en este sentido brinda extraordinarios detalles de esta épica naval, al precisar que el Capitán Díaz, “sigue la remontada sin novedad alguna hasta la mitad del día, hora en que, costeando la isla de Pagayos, descubren la escuadrilla española que baja el río clamorosa por su triunfo y segura de uno nuevo. Poco tiempo pasa y los tres barcos republicanos quedan rodeados por los del enemigo, de los cuales cinco atacan por .una banda, cinco por la otra y por el frente la nave capitana de la engreída escuadrilla”.

Continúa Muñoz Tébar (1900, p. 43) y contribuye a ampliar la descripción del combate, agregando que “el valeroso Díaz dispara a diestro y siniestro sus cañones y sus fusiles; y cae de improviso sobre tres de las naves enemigas, que juzga más débiles, y en peores condiciones para la defensa por el viento con que todas maniobran. Las aborda: acuchilla sin piedad a cuantos las defienden, las rinde y las deja tripuladas con parte de su gente, cuando vuelve cara a los que vienen a acometerlo. Esquivando el ataque que puede dañarle, atisba la oportunidad que le es favorable para embestir y descargar certero golpe. Así logra recobrar pronto las tres fustas quitadas a su hermano, y que venían a remolque y sin defensa, como demasía que no se necesitaba”.

Esta hazaña es comunicada a Brión por medio de un comisionado que Díaz envía, “anunciándole que esperaba en la boca del Macareo, ordena a todos sus buques se estén al pairo al encuentro de la victoriosa escuadrilla, y que al llegar Díaz a bordo de la capitana, cada buque haga un disparo de cañón y salude a los bizarros marinos con la enseña de la Patria. Así se verifica aquella escena de arrobador entusiasmo, pues nunca fueron más justos los honores que aquellos tributados al héroe de Pagayos”. Muñoz Tébar (1900, p. 43).

El término “un buque al pairo” se refiere a la maniobra usada para detener un velero o mantenerlo casi inmóvil en el agua, usando las velas (mayor y foque/génova) y el timón para equilibrar las fuerzas. Es ideal para esperar, descansar o realizar rescates. Es una técnica clave para mantener una posición estática sin que el barco avance o se desvíe demasiado, incluso en navegación a vela, permitiendo control y estabilidad.

En esa posición la escuadra al mando de Luís Brión espera a la escuadrilla vencedora de Pagayos para que al llegar Díaz a bordo de la capitana, cada buque hiciera un disparo de cañón y saludando a los valientes marinos. Muñoz Tébar (1900, p. 43) añade que “el trueno de los cañones llevado en alas de los vientos, llega hasta Casacoima a anunciar a Bolívar la fausta nueva del arribo de la escuadra republicana por él tan ansiosa mente esperada”.

El combate es tan fuerte que las naves del Capitán Díaz quedan bastante averiadas y ameritan ir a un astillero. Sobre el lugar más próximo a donde fueron llevadas a reparar las cañoeras y flecheras hay divergencias. El Almirante Brión señala que fueron a la isla Pagayos. Es probable que hayan improvisado astillero, dado a que los barcos de Brión cargaban las herramientas necesarias.

No obstante, Muñoz Tébar (1900, p. 43) dice que “Brión ordena a Díaz que vaya con su escuadrilla a Güiria a repararla y a esperar allí nuevas órdenes”. Baralt y Díaz (2016, p. 460), también aseguran que “su armadilla quedó averiada en sumo grado y hubo de retirarse a Güiria con el fin de repararla”,

EL ENCUENTRO DE BRIÓN CON BOLÍVAR

Sobre este poco abordado por la historiografía, Muñoz Tébar (1900, p. 43) afirma que Brión “sigue con sus buques a soltar anclas frente a la boca del caño Casacoima. Sobre sus dormidas y engolfadas aguas aparece ligero bote bogando hacia la escuadra. Un ¡viva el Libertador! sale de todas las bocas de los tripulantes al reconocer entre los que llegan al egregio caudillo. El solemne bramido del cañón lo saluda también en cada navío, que por un instante adorna su arboladura con blanquísimo penacho de espeso humo”.

LAS REPERCUSIONES DE LA PROEZA FLUVIAL DE PAGAYOS

Todos los historiadores que han trabajado el tema, coinciden en afirmar que el triunfo de Pagayos abrió la navegación del Orinoco a los patriotas y obligó a La Torre a evacuar a Angostura. Larrazábal (1925. p. 88), apunta que el “¡Glorioso combate, cuyo suceso espantó a los enemigos, y en el cual ostentó el margariteño Antonio Díaz un valor que raya en los términos de lo increíble! La navegación del Orinoco quedó abierta. Brion, con sus naves, lo subió hasta Casacoima, donde fué Bolívar a encontrarle. ¡Qué alegría! ¡Qué momento de regocijo indefinible! Aquel fausto acontecimiento aseguraba el resultado pronto del sitio de Angostura”.

Baralt y Díaz (2016, p. 461) ratifican que “así, tan pronto como La Torre supo en Angostura que Brión estaba en el Orinoco y que las fuerzas sutiles españolas se habían retirado después del combate de Pagallos (sic), evacuó a Angostura y sucesivamente las fortalezas de la Vieja Guayana”.

Mientras que los historiadores de la región, María Zambrano y José Caldera del Movimiento Cultural Guayanés Bolívar Insurgente, en su artículo “Las batallas navales del Orinoco y liberación de Guayana” lo califican como “un excepcional y heroico combate, donde Díaz asalta y derrota a los buques realistas que encuentra, recupera las flecheras que le habían quitado a su hermano y puso en fuga al resto de las embarcaciones realistas, esto permitió la entrada de la escuadra del Almirante Brión al Rio Orinoco, hasta la punta de Cabrián donde fue construido un fuerte para su protección, y le esperaba nuestro Libertador, con gran alegría”.

A pesar de que algunos cronistas de la región oriental han mencionado y realizado pequeños esbozos sobre este contundente triunfo, su trascendencia no ha logrado incubarse en la conciencia histórica del venezolano.

Uno de éstos, es el cronista de Cumaná, Tulio Ramón Badaracco Rivero, quien en su blogs “Cronología del Libertador”, resalta al 8 de julio de 1817, como fecha del “formidable del “Combate de Pagayos”, en el cual entra victorioso el Capitán Antonio Díaz, al Orinoco”.

Es de acotar que el hoy estado Sucre y muy específicamente Carúpano, estuvo la fuerza sutil del Capitán Antonio Díaz, unos diez días antes de su zarpe con la Escuadra al mando del Almirante Luís Brión y fue en el Golfo de Paria en donde se incorporan tres flecheras a la flotilla del capitán Díaz y fue en Güiria donde fueron a repararse las heroicas naves. No cabe la menor duda que esta victoria fluvial puso en jaque a la escuadra española, consolidando el bloqueo que la llevó a evacuar las fortalezas y ser expulsada para siempre del Orinoco.

El propio Libertador Simón Bolívar al responder una comunicación el 29 de Setiembre de 1817 desde Angostura al Almirante Brión, manifiesta que “las fuerzas sutiles que al mando del Capitán de navío Antonio Díaz tan gloriosamente contribuyeron a la libertad del Orinoco, destruyendo en Pagayos la escuadra enemiga” (Ibídem. Ugueto.1982, p. 288).

Para finalizar, el Contralmirante A.R.V. (Ret.) Manuel Díaz Ugueto, sentencia que “Pagayos será la página de mayor bizarría criolla que escribirá el patriotismo marinero” (1982, p. 25).

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