MARILYN MENDOZA ALMELLA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Deisy Zulay Pinto de Rojas, es una artesana cuyo nombre es sinónimo de cultura, entrega y amor puro por sus raíces. Nació el 10 de mayo de 1969 en Santoyero, un humilde y pintoresco pueblito ubicado más abajo de Lagunitas, en el municipio Ricaurte del estado Cojedes.

Deisy, creció cobijada por el amor de una familia numerosa. Hija de Luis Pinto y Francisca Piedra, el cuál compartió su infancia con siete hermanos varones y tres hembras; un hogar donde los recursos podían ser medidos, pero la unión, el cariño y la imaginación era infinita.

Actualmente reside en Lagunitas, donde vive felizmente junto a los suyos. Ahí recuerda con una sonrisa que su pasión por la artesanía no fue un accidente, sino una herencia del alma que le ofreció su madre desde su infancia y que atesora con gran valor

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Contó que su madre, era una mujer que cosía, tejía y trabajaba su jornada en el campo artesanal, “sembró de forma sutil la semilla del arte en su pecho y me enorgullezco de eso. Gracias mamá”, dijo con amor.

“Ella me hacía mis muñecas de trapo para que yo jugará y de vez en cuando me daba un pedacito de tela con una aguja y una tijera para que yo le hiciera los vestidos y la ropa a mis muñecas. Y yo me fui apasionando por ese arte de la costura”, señaló.

Lo que comenzó como un juego tierno de una niña, se transformó al crecer en una conexión profunda con el arte cultural. Con el tiempo Deisy, se dejó envolver por la magia de las fibras naturales: el coco, las hojas de cambur y la noble corteza del totumo. Además de los hilos y las telas que fueron el origen de su mundo cultural.

Deisy, inició formalmente su andar en la artesanía a los 26 años. Hoy con 30 años trayectoria, no solo es una diestra costurera y manualista, sino una artista integral que plasma la cotidianidad en lencería, sombreros tejidos a crochet adornados con cintas y flores, muñequería de trapo que desborda ternura, y cuadros pintados en papel maché elaborados a base de cartón de huevo.

ARTE DEL RECICLADO

Para Deisy Pinto, el arte va sujeto a la ecología que se alimentan mutuamente. Su taller es un santuario de la transformación de la “basura” en arte. Aquello que la sociedad descarta con indiferencia, bajo su mirada se convierte en un tesoro para ella.

“Reciclar para nosotros los artesanos es magia y orgullo que usamos para hacer cosas muy bonitas; mientras que otras personas lo que ven es basura, nosotros vemos potencial. Todo el mundo no es artesano y por ello le doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de ser artesana”, dijo con arraigó.

Reconoce que el don que habita en sus dedos, es un privilegio que debe compartirse para que no muera. Por eso durante la temporada vacacional las puertas de su hogar se abren de par en par, ofreciendo talleres gratuitos a las niñas y niños de su comunidad.

“El propósito es enseñar a las niñas y que obtengan el conocimiento que yo tengo y avancen hacia su propia exploración en el arte cultural y de la artesanía. El objetivo, es que otras personas también se enriquezcan de nuestros saberes”, afirmó.

“Ver a los más pequeños disfrutar del trabajo con el papel maché o el hilo entre sus manos me da esperanza. Mi mayor felicidad, es ver cómo la generación futura se abre camino en el arte”, profundizó. Convencida de que cada día los pequeños se apasionen más y se sumerjan más allá en este mundo sensible.

APOYO DE UNA GRAN MAESTRA

El camino de esta creadora se cruzó con faro de luz y ese faro tuvo nombre propio: Digna Núñez, el paso de la maestra Digna, por la vida de Deysi, no fue una simple coincidencia sino una marca cultural imborrable. Esta mujer, considerada un baluarte artesanal del municipio Ricaurte y del estado Cojedes, guio a Deisy en el perfeccionamiento del tallado en totumo y los tejidos complejos.

“Nos enseñó muchas cosas bonitas”, rememoró la artesana con profunda gratitud. “Fue un privilegio haber contado con su apoyo y aprendizaje”, expresó.

A lo largo de sus tres décadas de labor, Deisy ha recibido merecidos reconocimientos en su municipio y ha participado en numerosas exposiciones donde exhibe con orgullo sus piezas. Sin embargo, el aplauso más valioso para ella no viene en un papel firmado, sino en el brillo de los ojos de quienes aprecian su esfuerzo en cada evento público.

“Estar en las actividades y eventos para mí son momentos que atesoro y que me nutren el alma. Es muy bonito cuando le preguntan a uno el proceso de elaboración de la pieza e indagan qué material usé, el tiempo de elaboración, entre otras cosas”.

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