El Libertador emprende la tarea de rendir las fortalezas y de arrojar del Orinoco las naves españolas

WILLIAM GARCÍA
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Con el segundo arribo del Libertador a Angostura, el 2 mayo de 1817 se inicia la campaña fluvial más determínate de la guerra de Independencia, la tercera y última fase de la liberación de Guayana. Un período soslayado y hasta negado por algunos autores que se limitan a ver el triunfo de San Félix como el único hecho militar de esta magna campaña, pese a las fuentes disponibles que revelan el imprescindible rol de la Armada venezolana en la expulsión de los españoles de las aguas del Orinoco.

Uno de los que ha intentado distorsionar y desconocer con un abrupto salto de pértiga a este lapso que se sitúa entre mayo y agosto de 1817, es Fernando Colón, quien en su esbozo biográfico llamado “Manuel Carlos Piar: el Libertador de Guayana”, (1997), e incluido en la compilación de Antonio Valdez Mederico, titulada “Las biografías del General en jefe Manuel Piar (2024, p. 113), asegura que “con el triunfo de San Félix, culmina la más brillante campaña realizada hasta ese momento en Venezuela”.

Agrega Colón (2024, p. 113), que “cierto es que permanecerían sin tomarse las fortalezas de Guayana la Vieja y la ciudad de Angostura, pero la evacuación de las mismas tres meses más tarde, será como consecuencia de la imposibilidad absoluta de las tropas del Rey de recuperar la rica provincia”.

Otro historiador empeñado en obviar la épica fluvial que se registra en las aguas, islas, puertos y apostaderos del caudaloso río, es Asdrúbal González en su biografía “Manuel Piar” (julio de 1979), e incluida en la citada compilación, quien es más directo y enfático en la negación del papel y la relevancia de la escuadra patriota, al sostener que “la unanimidad de los historiadores patrios ha acogido en forma axiomática la opinión vertida por Bolívar desde Barcelona, en carta a Piar del 10 de enero, según la cual era imposible tomar Guayana sin la colaboración de la escuadrilla”. (2024, p. 161),

González (2024, p. 161), insiste en base a este supuesto y sostiene que “San Félix ha sido vista como una etapa de la campaña y no culminación de una obra; y todo, porque inmediatamente después del suceso no se abrieron las puertas de las dos ciudades que albergaban los restos enemigos”.

Pese a no tener argumentos históricos convincentes, asegura que “antes de que la escuadrilla comandada por Brión penetrara al Orinoco, la Provincia era libre y los realistas que durante tres meses mantienen los muros de las dos Guayanas, son una caricatura de dominación” González (2024, p. 162).

No obstante, ambas obras carecen de la rigurosidad documental y no profundizan el período cuestionado, simplemente lo evaden, haciendo que su errada versión se reproduzca. En el fondo ni consultan ni confrontan las obras ni los historiadores que durante el siglo XIX abordaron el tema, como son Rafael María Baralt y Ramón Díaz, quienes en el Tomo II del “Resumen de la Historia de Venezuela”, en su primera edición en 1841, exponen que el brillante triunfo de San Félix, “que dio a Piar hombres, municiones, armas, vestuarios y dinero, no dejaba sin embargo indefensa a Angostura, mientras que los patriotas careciesen de fuerzas navales con que batir las del enemigo y hacerse dueños del curso del Orinoco” (Versión digital por la Universidad Rafael María Baralt. Maracaibo, 2016, p. 453).

Mientras que Eduardo Blanco, en la segunda edición de Venezuela Heroica (1883), lo confirma al expresar que “obtenida la victoria de San Félix, Piar se apresura a intimar rendición a los Castillos de Guayana la Vieja, pero no logrando el sometimiento de aquellas fortalezas que no puede reducir a viva fuerza por carecer de artillería de sitio (armas militares de gran calibre, como cañones y ametralladoras para atacar la defensa de una fortaleza), resuelve con el ejército cruzar de nuevo el Caroní y va a poner asedio a la amurallada Angostura, en unión del Libertador que presto llega a reforzar la línea sitiadora con las brigadas de Bermúdez, de Armario y de Valdés”.

Por su parte, el historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre en su biografía “Bolívar” (2011, p. 263), añade un significativo aporte, al decir que luego de San Félix, Piar “ordenó entonces levantar el campamento y se dirigió hacia Guayana la Vieja primero y a Angostura después, confiado en que las nuevas de su victoria habrían quebrantado la decisión de resistir, demostrada en los últimos tiempos por los defensores de las dos plazas. Pero los hechos pronto disiparon sus precipitadas esperanzas; ante los bastiones de Guayana y Angostura, sus tropas obtuvieron sólo costosos fracasos y se vieron la necesidad de reanudar el sitio, para el cual le era imprescindible la escuadrilla Bolívar”.

Como se puede contemplar, el solo estudio de estas obras contribuye a despeja cualquier diatriba en torno al sesgo de eludir las proezas fluviales de la liberación de Guayana, bajo el mando de Simón Bolívar. Eduardo Blanco (1883) ratifica que “con la infatigable actividad el Libertador emprende la laboriosísima tarea de rendir las plazas de Angostura y Guayana La Vieja, de arrojar del Orinoco las naves españolas, de plantar los cimientos donde debe afianzarse el gobierno de la República”.

Recalca el insigne escritor venezolano, que Bolívar con la escuadra patriota es quien “activa el sometimiento de Angostura y de los Castillos de Guayana La Vieja, hostilizando en el Orinoco la escuadrilla española que abastecía de vituallas a las sitiadas plazas. Construye embarcaciones que han de aumentar las naves con que el almirante Brión, atendiendo las ordenes de Bolívar, se dispone a remontar el río, y personalmente activa y lleva a cabo las más arriesgadas empresas”.

No cabe la menor duda que el papel del Libertador en Guayana será por demás, fundamental. Baralt y Díaz (2016, p. 457), aclaran que “no fué una disposición ocasional la tomada por el general Bolívar respecto a la marina en el Orinoco. Desde Barcelona, con clara visión de la realidad, emitió el concepto de que para rendir las dos plazas fuertes de Guayana era necesario destruir la escuadra de los realistas”.

Por otra parte, el historiador Vicente Lecuna en el Tomo II de su libro “Crónica razonada de las guerras de Bolívar” (1950, p. 19) ratifica que tan convencido estaba Bolívar de la urgente necesidad de la escuadra, que una vez hace su arribo a Angostura, ese “mismo día envió por tierra al comandante Salcedo con despachos para el almirante Brión, llamándolo a penetrar con sus escuadrilla en el Orinoco, para intimidar a los españoles, cortarle sus comunicaciones y producir la rendición de las plazas”.

Comenzaba de esta manera, las operaciones navales que entre mayo-agosto de 1817, pondrán a prueba la capacidad del Libertador como un estratega de la guerra fluvial. En la carta que envía el 13 de mayo de 1817 desde la Mesa de Angostura al Almirante Luís Brión, no solo reconoce la victoria en los campos de San Félix, al comunicarle que “esta brillante acción ha fijado la suerte de esta provincia, pues el poderoso y selecto auxilio destinado por Morillo para subyugarla ha sido pulverizado”, sino que reafirma la necesidad de la flota, al sentenciar al respecto: “sería aun infinitamente mayores nuestras ventajas si logramos ser dueños del río, y apresamos los buques que están fondeados en Angostura y la Vieja Guayana” (Archivo General de la Nación. Archivo del Libertador. Documento 1854.

Esto refleja la claridad de sus objetivos al asumir la conducción de la campaña de Guayana. Pero su visión iba más allá. Bolívar tendrá que resolver el tema de los recursos para costear los gastos que demanda una escuadra capaz de batir a la poderosa flota española en el Orinoco. En la misma misiva le trasmite a Brión que “anime y estimule a los particulares a que armen grandes y pequeñas embarcaciones en corso conforme a las ordenanzas que le consultó en Barcelona”; y le hace saber que no “de ni un momento en hacer nuevos y extraordinarios sacrificios para equipar los buques del Estado, seguro de satisfacerlo en el mismo acto que entre al río”. Añade que “procure a costa de cualquiera sacrifico dar un pequeño avance a los guaiqueríes de las flecheras y sobre todo que obre en esta ocasión con más actividad que un rayo” (Ibídem. Archivo del Libertador. Documento 1854).

Desde su estadía en Barcelona, Bolívar proyecta el necesario envío de la flota patriota al Orinoco y también el desalojo de la escuadra realista de Angostura y la Vieja Guayana. En cierto modo, fue una disposición crucial el compromiso adquirido con los corsarios que acuden a su urgente llamado. Serán estos marinos, quienes cubran de gloria a la Armada venezolana y escriban una de las páginas más brillantes de la épica naval de nuestra independencia en los ríos venezolanos.

El testimonio fehaciente de uno de los españoles habla por sí solo del impacto de las maniobras fluviales ordenadas por Bolívar en el Orinoco. El Capitán Rafael Sevilla en su obra “Memorias de un oficial del Ejército Español. Campañas contra Bolívar y los separatistas de América (1916, p. 169), asienta que “tuvieron noticias ciertas de que una escuadrilla se había apostado en Orocopiche, a dos leguas de la ciudad. Les cerraban todas las salidas; el hambre empezaba a molestarlos y era preciso mantener abierta la parte baja del Orinoco, como nuestra última esperanza de salvación, aunque al llegar a la embocadura tuvieran que romper el bloqueo de los rebeldes).

La concepción que tenía el Libertador sobre lo impostergable de la marina patriota en el Orinoco, la reitera al Almirante Brion el 16 de mayo, en el Cuartel General de la Mesa, en donde le hace saber que “ocupado el río por nuestra marina, es infalible la rendición de Angostura, y entonces sin rodeos podemos hacer el lucrativo y rico comercio que presenta esta Provincia y poner a la disposición de V.E. cuanto es necesario para cubrir sus créditos, lo que se efectuará luego que V.E. entre en el Orinoco” (Ibídem. Archivo del Libertador. Documento 1857).

Le pide además, que “escriba a todos sus amigos de los países extranjeros, para que nos traigan armas y municiones, ya sea a Maturín o a esta Provincia, por los canales más fáciles y seguros; en la inteligencia de que serán satisfechos en dinero o frutos del país con la mayor ventaja, pues estamos en circunstancias de pagar estos objetos preciosos aunque sea por las nubes” (Ibídem. Archivo del Libertador. Documento 1857).

El suministro de los pertrechos de guerra era clave para emprender una batalla determinante contra la flota española, sobre todo, la adquisición del arsenal bélico naval. La relación de pagos que el Consejo del Gobierno de Angostura acuerda cancelar de manera sistemática a través de canje de mulas a los proveedores, no importando el precio, resulta sumamente interesante para conocer cómo se sufragó la campaña fluvial de Guayana, que además de esta vía, sería implementado la patente de corso para honrar el compromiso con los marinos, es decir, con las presas de los barcos capturados al enemigo.

En este sentido, también “buscaba Bolívar los medios de comunicar con el exterior por las bocas del Orinoco, y para ello dispuso que el jefe más activo e imperioso del ejército estableciese un astillero en el puerto de las Tablas, para convertir en buques de guerra algunas malas piraguas que pudieron conseguirse” (Ibidem. Baralt y Díaz. 2016, p. 453). .

Tan dispuesto y lleno de optimismo estaba el Libertador de acabar con el control españoles en el Orinoco que el 16 de mayo “también escribe al Coronel Leandro Palacios, para anunciarle que “el Almirante Brión, con su escuadrilla, a las Bocas del Orinoco, pondrá muy en breve en su poder, las dos Guayanas que él había resuelto asaltar, y cuya operación ha suspendido porque con este auxilio estamos ciertos de triunfar por mar y por tierra” (Ibídem. Archivo del Libertador. Documento 1857).

Estas operaciones serían acompañadas por un despliegue comunicacional intimidante. Ese mismo día, Bolívar dicta una proclama frente a Angostura, cuyo objetivo era hacerle creer al enemigo que “el Almirante ha llegado ya a las bocas del Orinoco con una fuerte escuadrilla a destruir a la vez las fuerzas de mar y tierra, de vuestros tiranos” (Ibidem. Lecuna. 1950, p. 19).

Pero además, se propuso trasmitir a mediados de mayo a los emigrados de las Antillas que “la llegada del almirante con su escuadrilla las bocas del Orinoco pondrá muy en breve en nuestro poder las dos Guayanas, que yo había resuelto asaltar, y cuya operación he suspendido porque con este auxilio estamos ciertos de triunfar la vez por mar y por tierra” (Felipe Larrazábal. Vida del Libertador Simón Bolívar. Madrid, España. 1925, p. 82).

Casi que de manera simultánea al inicio de las maniobras fluviales en Angostura, Pablo Morillo arriba a Barcelona, pero éste “en vez de marchar contra Guayana, adoptó el absurdo pensamiento de ir contra Cumaná y Margarita, mientras Brión recibe orden del Libertador para penetrar con su escuadrilla en el Orinoco, y se apresuró a cumplirla, trayendo, para rendir a Guayana, lo único que necesitaba Bolívar, es decir, escuadra” (Ibídem. Larrazábal. 1925, p. 82).

Al tanto de lo que acontecía en las costas orientales, sobre “la marcha de Morillo contra Margarita, dio nuevo impulso a la construcción de las embarcaciones y consiguió en efecto que se equipasen cinco o seis barquichuelos, cuya salida se dispuso luego” (Ibidem. Baralt y Díaz. 2016, p. 457).

El 17 de mayo, los españoles recibieron “aviso por un buque que venía de las Fortalezas, de que el enemigo estaba poniendo una batería en una punta, a cuatro leguas de Guayana, para interrumpir la comunicación con aquéllas e impedir que ninguno de sus buques intentase ganar el mar” (Ibidem. Sevilla. 1916, p. 169).

En efecto, Lecuna (1950, p. 19) narra con mayor precisión, al decir que se instruye “la construcción de una batería o la Punta o la Vuelta más debajo de Angostura para estorbar los movimientos de la escuadrilla real y se reunió una flotilla con el mismo objeto en la boca del Orocopiche”, pero la flota española contraataca de inmediato y “en la madrugada del 17 de mayo, el capitán Echeverría, desembarcó una columna, atacó por sorpresa y tomó la batería, pero reaccionados los patriotas volvieron a la carga, retomaron el puesto y obligaron a los españoles a reembarcarse”.

Pese a que la campaña había arrancado con un espléndido despliegue ofensivo contra las fuerzas realistas en el Orinoco, un lamentable suceso ha de ocurrir. El distanciamiento y la ruptura del general Piar con el ejército. La historiadora María Magdalena Zambrano en su libro “Manuel Piar: Gloria y extravío de un héroe (2022, p. 69), lo resume al exponer que cuando Bolívar asume “el mando, otorga a Piar el grado de General en Jefe y divide el ejército en dos divisiones. Una, para continuar el sitio a Angostura a cargo del General Francisco Bermúdez y de Manuel Cedeño. La otra, para sitiar a la Guayana Vieja (Los Castillos de Guayana) a cargo de Piar, quien no aceptó y pidió a cambio se le asignaran las Misiones. Así hizo Bolívar, pero Piar seguía resentido”.

Dado a esta negativa, Bolívar envía al general José Antonio Anzoátegui a asumir el asedio de las fortalezas de San Francisco de Asís (Fuerte Villapol) y San Diego de Alcalá (Fuerte Campo Elías) en el Bajo Orinoco, del hoy municipio Casacoima, estado Delta Amacuro. Ramón Azpúrua, quien fuera prácticamente su primer biógrafo en la obra “Hombres notables de Hispanoamérica” (1877), e igualmente incluida en la compilación de Valdez Mederico, añade que “los triunfos del Juncal y de San Félix, en que Piar se mostró tan valeroso, tan activo y hábil general, le habían hecho aspirar al mando en jefe del ejército Libertador y al Gobierno supremo de Venezuela, con la exclusión del Libertador” (2024, p. 46).

Lo cierto es que a dos semanas de haberse dado comienzo a las maniobras para rendir las fortalezas y de arrojar del Orinoco las naves españolas, se registra el primero de los combates fluviales que se libra en el caudaloso río, un buen inicio de una campaña visionada y ejecutada por el mando supremo del Libertador Simón Bolívar, quien estaba consciente que debía fortalecer la escuadra, improvisar fuertes, incrementar las operaciones fluviales, tomar de manera paulatina sus apostaderos y darle batalla para terminar con su dominio en la provincia de Guayana.

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