La falta de una flota para tomar la plaza de Angostura y sus incidencias en el frustrado asalto
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Por lo general, los biógrafos de Manuel Piar pasan desapercibido estrepitoso asalto registrado en la madrugada del 18 de enero de 1817 en la plaza de Angostura, excepto algunos que hacen mención, pero de manera muy superficial, cuando este arriesgado hecho militar produjo el mayor número de bajas de todos los enfrentamiento terrestres y fluviales de la campaña libertadora de Guayana.
Eduardo Blanco en su clásica obra “Venezuela Heroica” (1883, p. 112) y con el arte narrativo que lo caracteriza señala textualmente que Piar “intenta en vano apoderarse de Angostura, sin los elementos indispensables para tomar a viva fuerza una ciudad de suyo inexpugnable, provista de numerosas tropas, abundante artillería, y a la cual defienden, por la parte del río, dos fragatas de guerra, tres goletas y cuatro cañoeras”.
En efecto, parte de la fuerza más artillada para la defensa de la plaza de Angostura, es precisamente el poder naval español que se fue reforzando con la llegada de la expedición Pacificadora de Pablo Morillo en 1815, ante los continuos ataques de Manuel Cedeño que hizo mover barcos de guerra y parte de la oficialidad marítima de la escuadra realista comandada por Pascual Enrile, al llamado Apostadero de Guayana. .
Blanco (1883, p. 112), califica el asalto como una “temeridad inconducente” y lo subraya como un “frustrado proyecto” que “refrena el ardimiento de sus principales temientes, repelidos con numerosa pérdida del amurallado recinto”, lo que genera el retiro de una notoria oficialidad en sus filas.

Por su parte, Rafael María Baralt y Ramón Díaz en el segundo Tomo de “Resumen de la Historia de Venezuela” corrobora que “el 18 por la noche intentó un asalto contra la plaza; pero rechazado con pérdida considerable por las fuerzas de mar y tierra que la defendían, hubo de volver mal trecho a sus cuarteles en la incapacidad de hacer un nuevo ataque”. (1841, p. 443,
Esto lo corrobora la historiadora María Magdalena Zambrano, al exponer en su obra “Manuel Piar: Gloria y extravío de un héroe” (2022, p. 51-53), que “después de los preparativos, el 18 de enero por la madrugada, lanza el asalto que no tuvo resultados positivos, siendo los patriotas derrotados con importantes pérdidas” y resalta que “Angostura estaba muy protegida y era inexpugnable, provista de numerosa tropa y abundante artillería, defendida por tierra y por el río”.
Ramón Azpurúa, uno de los primeros biógrafos de Piar en su obra “Biografía de hombres notables de Hispanoamérica”, publicada en 1877, e incluida en la compilación de Antonio José Valdez, titulada “Las biografías del general en jefe Manuel Piar (2024, p. 38), también califica el asalto como una temeraria operación y quien al respecto comenta que “siguiendo Piar su propósito de ocupar a Angostura, pone en práctica un asalto combinado: el denuedo, la actividad y una hábil combinación no bastan: son rechazados todos los jefes y cuerpos del asalto; solo Pedro León Torres logra tomar el fuerte y artillería que en el plan se le designaron. Perdida, por temeraria, la operación, se retira Piar con su división a las Misiones del Caroní”.
El propio historiador Antonio Valdéz Mederico, junto a su hermano Hipólito, en el libro “ Piar y Bolívar, la verdad de la Campaña de Guayana: 8/10/1816 – 17/10/1817, publicado por la Editorial Trinchera en Caracas (2021, p. 19-21), asienta que “Piar inició su periplo en Guayana, intentando tomar la fortificación española el 18 de enero de 1817, y sufriendo una escabrosa lección, con más de 60 bajas, entre muertos heridos. Decidió, entonces, sitiar las fuerzas españolas y bajar a las Misiones del Caroní, a organizar política y administrativamente los pueblos de la Provincia”.
Otro de los historiadores del siglo XIX que bien vale la pena consultar es Ángel María Galán, quien escribe la “Biografía del Coronel de la Independencia Felipe Mauricio Martín, publicada en Bogotá (1882, p. 20) señala, entre otros aspectos, que “pasaron los patriotas el Caura en las embarcaciones tomadas a los españoles, y fueron a acampar a las inmediaciones de Angostura, ciudad que atacaron vigorosamente; no pudiendo tomarla por causa de las fortificaciones magníficas que tenían en ella sus defensores, le pusieron estrecho sitio para rendirla”.
Finalmente, uno de los más estudiosos sobre las armas del proceso revolucionario de la emancipación, el historiador Guillermo García Ponce, en su reconocido libro “Bolívar y las armas en la guerra de Independencia”, ratifica que “Guayana no podía ser tomada sin la combinación de fuerzas navales” y que horas después del revés militar, “el 19 de enero de 1817, Piar escribió al Libertador, ganándolo para sus proyectos y solicitando el apoyo de la flotilla de Brión” (2002, p. 134),
Lo que nos lleva a sintetizar que la inferioridad naval para tomar por asalto la plaza fue uno de los factores para que Piar “sufriera una escabrosa lección” y terminara aceptando que sin una escuadra era imposible realizar un asalto efectivo a la amurallada y artillada fortaleza. De hecho, al estar consciente de lo imprescindible de las naves de guerra, escribe al Libertador, horas después de la fracasada operación, el 19 de enero de 1817, exponiéndole que había desistido tomar la plaza por asalto y se limitaba a estrecharla por sitio, porque de este modo daba “lugar a que se venga a las bocas la escuadrilla había traído y así lograran por ese medio batir y apresar la enemiga que de otro modo se llevaría todos los causales” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 128- 129).
Recalca Piar que requiere de la aprobación del mencionado proyecto e insiste en “la cooperación que pide de las fuerzas marítimas”, aunque desestima la capacidad de “la escuadrilla enemiga, que lejos de ser tan fuerte como se ha creído hasta ahora, es muy débil por su número y más aún por su tripulación” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 129).
Ocho días antes del temerario asalto, el 10 de enero, Simón Bolívar había comunicado a Piar, “estar seguro, por informes los más exactos y dignos de crédito, que sin una flotilla respetable no es posible tomar la Guayana y que un buque inglés que procedía de Grenada y hacia poco había estado en la zona, le había instruido de sus fuerzas marítimas. Que además, las nuestras son muy inferior a ellas, y no pueden por ahora separarse de las costas hasta asegurar todas las comunicaciones externas, por donde se reciben los auxilios y elementos para la guerra. Bolívar enfatiza de manera textual: “no perdamos nuestros esfuerzos, aún no es tiempo de tomar Guayana. Llegará ese y con suceso” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 117).
cer de “una flotilla respetable” que pudiera enfrentar a la poderosa escuadra española que defendía la plaza de Angostura.
La preocupación de Piar por la carencia de una escuadra en sus fuerzas, lo lleva a remitir una correspondencia, el 21 de enero, desde el Cuartel General de Yegüera, al Teniente Coronel Miguel Armas, para informarle que “el Alférez Cuesta ha puesto en sus manos el pliego que vino del otro lado del Orinoco y el cual contenía un oficio del Excmo. Señor Jefe Supremo (Bolívar), comunicándole su arribo a Barcelona con una fuerte escuadra, y con todos los elementos de armas y municiones necesarios para continuar la campaña. Agrega que el Libertador le afirma que ha salido ya la escuadra con dirección a las Bocas, para que se apoderen del río y cooperen con el ejército a la rendición de la plaza” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 113-134)
El contenido de esta misiva, no deja lugar a dudas, sobre la urgente necesidad de una flota para cooperar con el ejército la rendición de Angostura. No obstante, las obras antes citadas, solo hacen mención a la operación contra la magnífica fortificación fluvial de una manera muy simple. Lo que nos lleva a recurrir a otras fuentes que registran los pormenores de este temerario asalto a la inexpugnable fortaleza para determinar hasta qué punto, la falta de una escuadra incide en el duro revés del asalto.
Una de las obras es escrita por un testigo de primera mano, como lo es el libro “Relación histórica de los sucesos políticos y militares de la Provincia de Guayana”, reeditado por Academia Nacional de la Historia en 1989, cuyo autor es el oficial español Tomás Surroca y de Monto, quien fue uno de los protagonistas en la defensa de la plaza de Angostura y quien dirigió uno de los sitios más impenetrable, como lo fue la batería Nº 5 con seis cañones y flanqueada por tres flecheras de la escuadra realista. La otra fuente es el Diario de Operaciones de Manuel Piar, publicado por Daniel Florencio O’Leary en el Tomo XV de sus Memorias en 1881.
En relación a Surroca, se cuenta con la referencia textual que hace Marco Delgado Rodríguez en el libro “Batalla de el Juncal. Consideraciones geoestratégicas. 27 de septiembre de 1816. Manuel Piar. Notas Biográficas”, publicado en 2016. Aunque constituye un valioso aporte documental, no analiza ni interpreta el hecho, lo que nos lleva a hacer uso del método hermenéutico-dialéctico para obtener una comprensión más profunda y crítica que vaya más allá del simple relato.

No sin antes, revisar el libro del historiador nativo de Ciudad Bolívar, Manuel Alfredo Rodríguez, quien usa como fuente a Surroca para su obra “La Ciudad de la Guayana del Rey”, publicada en 1990 por Ediciones Centauro, en donde destaca de forma sucinta, la defensa artillada por tierra y por agua de la que disponían los españoles. En torno a su fuerza naval, apunta que “el resguardo del lado oriental fue complementado metiendo en La Laguna de Cornieles o el Porvenir tres flecheras con pedreros o cañones de a 3 que flanqueaban la Batería Nº 5”. (p. 183).
Prosigue Rodriguez (1990, p. 184) y acota que “en el Orinoco cinco barcos artillados apoyarían los fuegos de las baterías: Una goleta con un cañón de a 18 flanquearía Nº 1 o reducto de Fernando VII y en el flanco izquierdo de la batería de La Alameda estarían la fragata de 14 cañones “Mercedes”, mandada por el capitán Juan Aramujas; una goleta de tres cañones capitaneada por el subteniente de fragata Vicente García y otra de cinco piezas confiada al Inte. Ignacio Suzárregui”.
Pero para tener una noción de como habían quedado integradas las fuerzas de ataque, el mismo diario reseña el dìa 18 de enero, que “dispuesto el asalto desde la noche anterior y tomadas las más activas y eficaces medidas por el Mayor General del ejército, se dispuso el ataque en la forma que sigue: el coronel Pedro León Torres debía dirigirse por la derecha de la batería del centro; el coronel Chipía por la izquierda; el coronel Salom por la parte del barrio de Perro Seco; el coronel Hernández por la Alameda o ribera del Orinoco, y el capitán Cadenas por el frente del Reducto, quedando formada una línea de reserva en la llanura o campamento “(Ibídem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 156).
El resto del ejército, asegura Conde ·quedó de reserva al pie del Cerro del Zamuro frente al reducto enemigo con los Generales Piar y Cedeño y el E. M. –Estado Mayor”. Precisamente, la Alameda estaba entre los puntos más artillados de Angostura. El Diario de Operaciones sostiene que el asalto comienza “entre la una y dos de la madrugada a los puntos designados; un fuego vivísimo y una artillería perfectamente servida encontraron de obstáculo nuestras tropas, principalmente por la parte de Perro Seco y la Alameda en donde no pudimos penetrar” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 156-157).
El testimonio de Surroca revela que los españoles habian hecho de Angostura, una fortaleza inexpugnable, es decir, se habian preparado lo suficiente para repeler el osado y anunciado asalto. En los “apuntes” del Capitán Conde, citado por Delgado Rodriguez (2016, p. 111), éste sostiene que “a las doce se pusieron en movimiento pero el enemigo sin duda advertido de ello por su espionaje y por el ladrido de algunos perros, rompió el primero con fuegos de Artillería y mosquetería en toda la cortina, baterías y buques de guerra, cuya luz igualaba casi a la del medio día”. O sea, que el fuego fue simultáneo desde las trincheras del ejército y la marina.
Lo que describe Surroca en el siguiente párrafo, deja ver que a Piar le tendieron una emboscada. El oficial español relata entre otras palabras, que “la noche nublada y sin luna, y el no pasar la voz o palabra en la ciudad, hicieron creer a los asaltantes que los de las trincheras estaban dormidos, se dirigieron caminando para la boca del cañón que les esperaba, en el número 2” y cuando se supo que ya habían entrado una buena partida de insurgentes, rompió el fuego como se le tenía mandado, a cuya señal le siguió la batería y fusilería de la trinchera, con el cual obligaron a los enemigos a retroceder dejando el piso lleno de cadáveres y heridos” (Ibídem. Delgado Rodríguez. 2016, p. 112),
El relato afirma que entraron con su seña “papelón y queso” y remontando un escalón estaba en una pequeña altura como cien varas (845 metros) avanzaron trepando los barrancos, caminando a tientas, sin ser vistos ni oídos pudieron llegar hasta la inmediación de la batería Nº 5. Perdido este punto, el comandante español se incorporó a otra batería y mandó a romper el fuego contra el número 5 para evitar que llegasen a la ciudad, pronunciando un tiroteo que duró más de tres cuartos de hora con mucha viveza de ambas partes, pero los acertados tiros de metralla del punto del reducto, obligaron la retirada de los insurgentes” (Ibídem. Delgado Rodríguez. 2016, p. 113).
El saldo de los caídos en esta trinchera fue de “dieciocho muertos y tres heridos enemigos quedaron dentro de la batería número 5, entre los primeros había un comandante de batallón y un capitán. A pesar de estar bien artillada y flanqueada por buques de guerra, “por la Alameda hicieron también su tentativa, pero viendo tantas bocas de cañón que les alumbraban el camino, desistieron de su proyecto” (Ibídem. Delgado Rodríguez. 2016, p. 114).
Piar, al comunicarle al Libertador en la correspondencia que remite el 19 de enero, dice expresamente que “frustrada así la empresa con pérdida de ochenta hombres, entre muertos y heridos, e informado por los prisioneros tomados aquella noche de que todos los intereses y municiones están a bordo y que nada lograrà con ocupar las paredes, por lo que desiste tomar la plaza por asalto y opta a estrecharla por sitio” (Ibidem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 129).
Mientras que Manuel Alfredo Rodríguez (1990, p. 188), refiere que “los asaltantes fueron rechazados en todas partes y Salom perdió más de 60 hombres en la zanja y el atrincheramiento de Perro Seco. Sólo Pedro León Torres pudo tomar la Batería Nº 2 mandada por Lizarza pero no recibió auxilio oportuno y fue desalojado por refuerzos enemigos. Al amanecer se recorrió el campo y se reconocieron 106 bajas entre muertos y heridos que incluyeron 11 oficiales”.
Este saldo, casi se aproxima al ofrecido por Tomás Surroca, al apuntar que “en el número 2, desde su parapeto a la casa aspillada se contaron sobre cuarenta muertos. No bastante, “en las inmediaciones de los puntos atacados se encontraron cerca de doscientos muertos” (Ibídem. Delgado Rodríguez. 2016, p. 114).
Lo cierto es que la falta de una flota para tomar la plaza de Angostura tuvo una enorme incidencia en el frustrado asalto, lo cual hará replantear las estrategias de la campaña libertadora de Guayana, basada en la necesidad de una escuadra respetable en las aguas del Orinoco, una vez que llegue Simón Bolívar, y la flota del Brion, se activen las operaciones fluviales y se estreche el bloqueo a las fortalezas.

