Simón Bolívar realiza ingentes esfuerzos por mar y tierra para impedir la caída de la Casa Fuerte de Barcelona
WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA
Algunos historiadores imbuidos en la visión localista desconocen el ámbito y el radio de acción de la campaña de Guayana, limitándola solo a Angostura y el Orinoco, cuando la Casa Fuerte de Barcelona constituyó un frente de batalla sumamente indispensable para las operaciones militares en las fortalezas de la denominada provincia. Sobre todo, la Armada, cuya fuerza defiende de manera heroica esta plaza y es la que irá posteriormente a combatir y expulsar a los españoles de Guayana.
Mientras se libra una ardua batalla frente al mar de Barcelona, Manuel Piar se percata de la urgente necesidad de la flota patriota y a ello se debe que hiciera varias solicitudes en requerimiento de una escuadra indispensable para enfrentar el poder naval español en el Orinoco.
Este solo hecho nos indica que había dos frentes de batalla, dependiente uno de otro. En carta que Piar dirige el l 5 de diciembre de 1817 desde el cuartel General de Pueblo Nuevo al general Pedro Zaraza, se puede evidenciar que no era un capricho del Libertador, el necesario socorro solicitado, no solo de las tropas de Piar, sino también a las de Mariño, para proteger a esta imprescindible trinchera de la Casa Fuerte.
En esta misiva cargada de en un tono bastante fuerte, Piar a Zaraza, diciéndole: “Cuando nombré a U.S. Comandante en Gefe de todas las fuerzas que existen en la Provincia de Barcelona, mi objeto fue evitar los males que la amenazaban si el enemigo intentase invadirla de nuevo” (Ibidem. O’Leary. 1881, p. 95). .
Su empeño para no atender la solicitud lo lleva a increpar a Zaraza en los siguientes términos: “aquellas fuerzas son iguales, cuando no superiores, a las que el Coronel Infante dice que tiene Real; y los talentos militares y valor de U.S. son en mi concepto mucho mayores que los del Gefe español. No hallo, pues, un motivo para abandonar la empresa de Guayana por atender a las amenazas insignificantes de un enemigo que U.S. sólo es capaz de destruir”.
Piar subestima al ejército español y desconoce además, a la poderosa escuadra enemiga, la cual pondrá un cerco vía marítima a la Casa Fuerte de Barcelona, en donde Bolívar tendrá que dar una batalla crucial. En fin, resta importancia al requerimiento de Zaraza para proteger la fortaleza de un inminente ataque.
Simón Bolívar desembarca el 1º de enero de 1817 en Barcelona y a un mes y cuatro días después de esta correspondencia, los patriotas reciben una derrota el 9 de enero en Clarines, lo que acrecienta la amenaza realista a Barcelona. Durante ese mes, los españoles harán un despliegue, no solo terrestre, sino también marítimo.
La historiadora María Magdalena Zambrano en su libro “Manuel Piar. Gloria y extravío de un héroe” (2022, p. 43), asevera que “el Libertador escribe a Mariño, Páez, Cedeño, Piar y Zaraza, entre otros, para concentrarse en Aragua de Barcelona”. En efecto, así lo fue. Este despacha de comunicaciones a concentrar fuerzas para evitar la caída de este importante bastión militar.
No recibiendo respuestas satisfactorias, Bolìvar comisiona “a Arismendi personalmente a convencerlos. Cuando este regresa, la situación se había hecho más difícil, le cercaban en Barcelona, por tierra y por mar, y esa fue una de las veces que Piar se negó a dejar Guayana” (Ibídem. Zambrano. 2022, p. 43).
El historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre en su obra “Bolívar” (2011, p. 254), comenta que “Bolívar recibió las informaciones de Arismendi cuando su situación en Barcelona llegaba a sus extremos más difíciles, pues el capitán general de Venezuela, resuelto a aprovechar las ventajas del triunfo realista de Clarines, había destacado hacia el Unaré, al mando de poderosas fuerzas, a Morales y Aldama, mientras la escuadrilla española del Caribe salía de Puerto Cabello, con orden de impedir al Libertador su retirada de Barcelona por mar”. Sin embargo, el Libertador sale es hacia Angostura a finales de marzo a entrevistarse personalmente con Piar. Pero antes de esta decisión, había comunicado la amenaza naval española sobre la plaza de Barcelona. En carta que el 20 de enero remite al General José Tadeo Monagas, le hace saber textualmente: “ayer por la mañana se avistaron a barlovento de esta plaza siete velas grandes. Por la tarde han estado a tiro de cañón de la Boca y después han gobernado al Nordeste, manteniendo en frente del puerto. Es, pues, la escuadra española, compuesta de una corbeta, tres bergantines, dos goletas y un falucho.
Sin duda los enemigos han combinado alguna operación sobre esta plaza; y sus fuerzas marítimas esperan la aproximación de la de tierra, para obrar de acuerdo”. (Ibidem. O’Leary. 1881, p. 133).
Un interesante libro publicado en 1953 en Madrid, España, por el Cap. Navío Julio F. Guillén y titulado “Independencia de América. Índice de los papeles sobre Expediciones de India: 1807-1817”, y cuyos documentos originales reposan en el Archivo General de Marina, ofrece una valiosísima información sobre las operaciones marítimas de la escuadra realista durante este período, en el cual se reportan gran parte de las maniobras a las que hace mención El Libertador.
Tomando en cuenta la distancia entre la Costa Firme de Venezuela y el tiempo transcurrido para que una comunicación llegase a este ministerio en España, el registro de las fechas de los informes y correspondencias, coincide con el bloqueo que la Real Armada establece en enero de 1817 a la plaza de Barcelona, el cual, Bolívar hace saber a varios de sus oficiales.
En enero de 1817, se reporta la “salida de Cumaná del Comandante de la Marina española en Venezuela, José María Chacón para bloquear el puerto de Barcelona de la escuadrilla; su regreso: por haber sido atacada Puerto Cabello con considerables fuerzas” (1953. p. 105).
Lo que desconocen los historiadores concentrados en el discurso lineal y que solo siguen las pistas de Manuel Piar, es que la escuadra patriota libraba importantes combates en la defensa marítima de Barcelona, a las órdenes del Libertador. El 26 de enero, Bolívar ordena al capitán de navío Antonio Díaz situarse en la boca del Neverí para impedir a las flecheras y esquifes armados monárquicos entregar suministros a Real”.
En el mar los españoles no dan tregua para apoderarse de Barcelona, por lo que “en la tarde del 12 de febrero, se da un combate entre escuadras en la boca del Neverí. El almirante republicano Luis Brión había enviado desde isla Margarita dos goletas, una balandra y un místico para apertrechar a Bolívar, pero en el camino se encontraron con la corbeta Bailén, un bergantín, cuatro goletas y un falucho al mando del capitán de navío monárquico José María Chacón, pronto se le sumó la Escuadrilla Sutil del capitán de fragata José Guerrero”.
En ese momento crucial, la llegada de la fuerza sutil patriota a la boca del río muy cerca de la costa, logra una enorme ventaja, debido a su menor calado para navegar por una zona donde el enemigo no podía acercarse. Ahí se les unió el al mando del capitán Antonio Díaz, nativo de Margarita, con dos embarcaciones y siete flecheras venidas del puerto, trabándose un combate de fusilería y artillería entre las flotas. Finalmente, Chacón opta por retirarse a Cumaná por refuerzos”.
Pero la escuadra monárquica volvió reforzada y precedida por sus fuerzas sutiles, logrando en la mañana del 18 de febrero, el capitán Guerrero el desembarco de sus hombres, capturando una flechera y desalojando a los defensores del Morro, pero Bolívar envió una columna que lo obligó a retirarse a toda prisa, incluso abandonando la flechera. Al día siguiente, el 19 de febrero de 1817, el oficial español Guerrero intenta un nuevo desembarco, pero no pueden resistir el fuego de la artillería de las naves de Díaz ni de la infantería atrincherada en el Morro, obligando a Chacón a ordenar el reembarque. Los principales barcos realistas se quedaron bloqueando la costa mientras las fuerzas sutiles volvieron a Cumaná por artillería. Para inicios de ese mes de febrero Bolívar había trasladado la artillería a la Casa Fuerte”.
No obstante, el acecho continúa y Bolívar defiende a ultranza la Casa Fuerte. “El 21 de febrero, desde El Juncal Real se comunicaba con la escuadra realista, permaneciendo siete días en la zona amenazando con un nuevo ataque por tierra contra Barcelona. Ante ese peligro, Bolívar ordena abandonar el Morro y trasladar los cañones que quedaban a la Casa Fuerte y las trincheras alrededor de la ciudad. El 28 de febrero, la escuadra monárquica vuelve con refuerzos, desembarca de inmediato y ocupa el Morro. Los días 2 y 3 de marzo los republicanos los atacan por tierra y mar, destruyendo a la flotilla sutil e inutilizando algunos barcos mayores, pero no logran llegar al Morro porque al final del istmo los realistas habían construido una batería protegida por una estacada y un foso”.
El ímpetu de seguir defendiendo la plaza a toda costa, sigue y “en la noche del 3 de marzo, el Libertador hace construir otra batería al inicio del istmo desde donde se puede bombardear con ventaja a su contraparte, al amanecer los monárquicos se retiran del istmo y el capitán de navío Agustín Armario avanza con una columna de 400 soldados, obligándolos a refugiarse en el fuer te del Morro”.
Mientras que “desde el Neverí, el capitán Díaz navega muy cerca de la costa bajo fuego de las goletas enemigas hasta llegar al Morro y desembarcar. De inmediato, ataca el fuerte y obliga a Chacón a reembarcarse apresuradamente con fuertes pérdidas. Los realistas vencidos vuelven a Cumaná. Habían perdido 400 muertos, heridos y dispersos en el asalto de la Casa Grande”.
La Armada venezolana había librado una trascendental defensa a esta trinchera. Mucho antes de su renuncia, el comandante de la Escuadra española, Pascual Enrile, envía un informe notificando la necesidad de las naves de la escuadra realista, el cual es reportado a través de un Acuerdo que la Junta Militar de Indias debate y expone que “sin Marina de guerra todo es perdido para tranquilizar y conservar las Américas, según notificación de Enrile a los Ministros para que faciliten prontos y abundantes auxilios” (1953. p. 42).

Como respuesta, se envía a Venezuela un refuerzo a las tropas de Morillo, en las corbetas Descubierta y Diamante, al mando del brigadier de la armada Juan Bautista Topete, en la llamada División Canterac, que sale de Cádiz el 1 de abril, pero el viaje fue tan calamitoso y largo que los buques y la tropa que transportaban llegaron en pésimo estado” (1953. p. 53).
Así que ante este panorama, empeñarse en concentrar todas las fuerzas en Guayana y abandonar esta importante fortaleza, significaba darle la espalda al enemigo, y esto es lo que no logran percibir los historiadores que se aferran en posicionar una versión para desestimar la capacidad estratégica del Libertador, al acusarlo de negarse a abrir operaciones sobre la campaña de e Guayana.
De hecho, una de las ventajas logradas por los españoles para atacar a Barcelona fue el haber dejado Piar desguarnecida la Casa Fuerte, llevándose gran parte del ejército a Guayana. Lo cierto es que ante la apremiante coyuntura, Bolívar se ve obligado a salir con apenas 15 hombres y a riesgo de su vida, para constatar personalmente los informes de Piar, dejando la ciudad de Barcelona con 700 hombres al mando de general José María Freites y bajo la protección de Mariño. En ese tiempo un nuevo ataque realista sobre Barcelona significó una tragedia con la pérdida de la Casa Fuerte” (Ibídem. Zambrano. 2022, p. 53).
Zambrano le hace una dura crítica a Antonio José y Alonso Hipólito Valdez Mederico, en el libro, Piar y Bolívar. La verdad histórica de la Campaña de Guayana (8-10- 1816 / 16-10-1817), al sugerir que los autores “presentan los dos viajes del Libertador a Guayana como si fuera uno solo, según lo cual, Bolívar salió primero y luego detrás el ejército, para así poder afirmar falsamente que el Libertador dejó la ciudad desguarnecida, protección, y de esta manera hacerlo responsable de la masacre de la Casa Fuerte” (Ibídem. Zambrano. 2022, p. 45-46).
Conocedor el Libertador de la dinámica de la campaña, comprendía las circunstancias y los cambios que moldeaban la guerra de un momento a otro. Por lo tanto, tenía bien claro que su objetivo era de trasladarse de manera rápida y sorpresiva a Angostura a constatar el estado de las maniobras al mando de Piar. No obstante, Valdez Mederico, (2021, p. 21-22), al realizar una periodización brusca y situar una “Segunda Etapa: Bolívar en Barcelona y Piar en Guayana, asegura que “uno de sus objetivos era convencer a Manuel Piar para que regresara a Barcelona y no concluyera la Campaña de Guayana”.
Esta versión inverosímil, es aclarada por Zambrano (2022, p. 46), al sostener que cuando Bolívar se dirigiò a Angostura, fue “también por los apremios en los que se vio en la misma, con la amenaza realista en puerta”. Se trataba de evitar la caída de la Casa Fuerte de Barcelona y además, de su defensa dependía la protección y el auxilio a la campaña de Guayana.
Esto se podrá constatar en las Memorias del General Pablo Morillo, publicadas en 1826 en Francia, donde destaca que: “El rebelde Piar había invadido la Provincia de Guayana. En posición tan crítica y tan inesperada, envié socorros a esta última provincia bajo las órdenes del General de La Torre, quien partió de San Fernando de Apure y me dispuse a recorrer centenares de leguas para atacar el mal en su raíz”.
Tomada la Casa Fuerte el 7 de abril, añade el historiador Vicente Lecuna en el Tomo II de su libro “Crónica razonada de las guerras de Bolìvar” (1950, p. 35-36), que Morillo unió sus tropas a las de Aldama el 13 de mayo y “su proyecto consistía en seguir sobre Guayana, a pesar de la distancia, de más de ochenta leguas hasta Angostura y del país semidesierto y desolado por donde debía transitar, pero al acercarse a Santa María empezó a sentir el rigor de la estación lluviosa y estando en el pueblo constantes y copiosos aguaceros materialmente le cerraron el paso hacia el Orinoco”.
Esto incuestionable dato se desprende de una nota dirigida por Morillo el 2 de julio de 1817 desde Cumaná al ministro de Guerra, la cual es citada por Lecuna y publicada en la obra de Rodriguez Villa, en la obra llamada “El General Morillo. Tomo III, p. 390.
Acota Lecuna (1950, p. 36) que “tal fue la razón expuesta al Gobierno de Madrid para justificar el abandono de Guayana, pero se cree también que influyera en su determinación la pequeñez relativa de sus fuerzas. Cuando todavía vacilaba recibió la noticia de haber arribado a Barcelona, la expedición Canterac, y desde ese instante resolvió definitivamente dirigirse a la costa. Dejó por el momento la División de Aldama en el Chaparro, pensando fortificarlo con obras de campaña, y siguió a Cumaná a disponer d ela recuperación de Carúpano y la reconquista de Margarita”.
Lo que permite confirmar la influencia de un copioso invierno que detiene la marcha de Morillo hacia Angostura, es el propio relato del jefe español, cuando asegura de manera expresa: “la fortuna no favoreció la primera operación y penetré hasta Cumaná y Campano (Carúpano), después de haber atravesado el interior de tres provincias, Todos los puertos de mar en donde reside la mayor parte de su población, fueron arrebatados al enemigo y poco tiempo después me encontraba con fuerzas suficientes sobre el suelo pérfido de La Margarita”.
A todas estas, no cabe duda que el teatro de operaciones de la guerra para inicios de 1817 se circunscribía a dos frentes de batalla interdependientes. Esto lo confirmarán las maniobras militares de Pablo Morillo al arribar a Barcelona. Mientras esto ocurría en el frente norte de la campaña de Guayana, por el río Orinoco se cernía otra amenaza, el general Miguel de La Torre zarpara precisamente durante la primera visita del libertador a Angostura, hacia los castillos de Guayana, par atacar por tierra a las fuerzas patriotas al mando de Manuel Piar”. El 15 de abril Bolìvar tiene noticias, tanto del triunfo de San Félix, como de la caída de la Casa Fuerte de Barcelona, de la cual hizo ingentes esfuerzos por conservarla. Este panorama lo lleva nuevamente al Orinoco a dirigir personalmente la tercera y definitiva etapa de la Campaña Libertadora de Guayan

