Poco se habla del contexto y la trascendencia del paso de Simón Bolívar al río Orinoco, aquí analizamos el tema a profundidad

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Los pocos historiadores que han reseñado el paso de Simón Bolívar al río Orinoco lo han hecho de una manera simple y aislada del contexto de la campaña libertadora de Guayana. Algunos hasta han especulado, tergiversando el propósito de tan trascendental visita que marcará un hito en la historia de la guerra de independencia.

Uno de los motivos ha sido la limitada consulta a las fuentes y la falta de una secuencia lógica a la relación epistolar entre los principales conductores de esta significativa gesta, la revisión minuciosa al diario de Operaciones de Manuel Piar y al abordaje de esta campaña desde una óptica geoespacial que ayuda a salir de la visión localista, fragmentaria y sesgada. Esto ha generado suposiciones aisladas y acomodaticias a la visita del Libertador a Angostura, al punto de defenestrar su figura, atribuyéndole acciones y determinaciones erráticas.

El 25 de marzo de 1817 Simón Bolívar parte de Barcelona. Lo acompañaba un reducido número de apenas 15 hombres, dejando una fuerza de 700 efectivos al mando de Pedro María Freites para defender la plaza Casa Fuerte. Recorre una distancia de unos 400 km en once días, enfrentando partidas realistas que encuentran en el trayecto, hasta llegar el 3 de abril al lado occidental del Orinoco.

El Diario de Operaciones registra para la posteridad la cronología de los hechos. Este detalla que “el 3 de abril de 1817 a las tres de la mañana el General Manuel Piar emprendió marcha con los escuadrones y al llegar a la Mesa. En el mismo campo como a las ocho de la mañana, se presentó el Capitán José Antonio Gómez, enviado por el Jefe Supremo en comisión verbal, informando que Simón Bolívar se encontraba en la ribera opuesta del Orinoco y como trata de pasar el río, Piar se dirige con el Estado Mayor y un piquete de sus carabineros, hasta el punto por donde debía pasar el Jefe Supremo, llevando consigo al comisionado Gómez” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias del general O’Leary. Caracas. 1881, p. 236).

Prosigue el relato y agrega que “a las doce hizo alto en las riberas del Orocopiche y en el momento de haber llegado al sitio, dirigió al Comisionado Gómez con cuatro soldados de caballería y algunas bestias, al punto por donde debe desembarcarse el Jefe Supremo. Como a las dos de la tarde siguió al punto por donde debía desembarcar Bolívar y a las ocho de la noche acampó con su comitiva en el hato de San José” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 236).

A todo riesgo llega la costa occidental del caudaloso río. Debido a la inseguridad del sitio, Bolívar no podía esperar y al despuntar el alba del 4 de abril “cruza el Orinoco en una curiara que le ofreció el Comandante Pantaleón Guzmán” (Felipe Larrazábal. La Vida del Libertador Simón Bolívar. Tomo II, P. 67).

Ese mismo día, a las cinco de la mañana, Piar había emprendido la marcha hacia el desembarcadero del Jobito, pero no llega a tiempo de facilitarte el cruce, por lo que “en el tránsito encontró al Libertador que venía ya a unírsele, acompañando al Jefe Supremo dos de sus Edecanes y el Coronel Parejo” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 236).

Añade el Diario que “en el lugar del encuentro, Piar y Bolívar tuvieron una conferencia de un cuarto de hora, y luego siguieron juntos con sus respectivas comitivas al hato de San José, acampando a las ocho de la mañana en este hato, en donde reposaron hasta las dos de la tarde, cuando llega el Capitán Gómez, participando que fue apresada por dos canoas enemigas la curiara en la que el Libertador había pasado el caudaloso río” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 236).

Este suceso daba cuenta del grado de peligro donde asume el desafío para lograr el encuentro con el general Piar. “En consecuencia de la perdida de la curiara, determinó Bolívar seguir a la Mesa con Piar para repasar el río, y en la misma hora se emprendió la marcha, encontrando en el tránsito al General Cedeño que vino a recibirlos. Como a las doce de la noche acamparon en el sitio del Juncal donde estaba acampado nuestro ejército” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 236).

Sobre los temas de la conversación no queda registro, y esto, al igual que la entrevista de Bolívar con San Martín en 1822, es lo que da lugar a varias opiniones y versiones. El acucioso biógrafo del Libertador y connotado Bolivariano, el historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre, en su obra “Bolívar” (2008, p. 114), sostiene que “los dos se encerraron en una humilde choza a tratar los asuntos motivo de su entrevista. Desde un principio que entre ellos no podía haber acuerdo sincero, pues ambos luchaban por el mismo objetivo: la jefatura suprema de las fuerzas revolucionarias. Sin embargo, se mostraron a la altura de las circunstancias y, disimulando con fingida cordialidad, sus propósitos, entraron a considerar detenidamente el problema militar de Guayana, para acordar de la forma en que Bolívar debía prestar su colaboración”.

 En atención a la llegada de las 36 lanchas y 1.500 efectivos de refuerzo enviados por Pablo Morillo para levantar los sitios de Angostura y Guayana la Vieja, considera Liévano Aguirre que la correlación de fuerzas se inclinaba a favor de los realistas y así “el parque y la escuadrilla de Bolívar se convirtieron en su única esperanza” (2008, p. 113).

Mientras que uno de los biógrafos de Piar, el historiador venezolano Asdrúbal González, en su obra “Manuel Piar (1979), se formula interrogantes que no ha sido posible responder: ¿Se establecieron condiciones para el reconocimiento del Libertador? ¿Por qué Bolívar no asumió el mando inmediato del ejército?, Piar lo había hecho en igualdad de condiciones antes de la batalla de del Juncal, en vísperas de una acción decisiva como la de San Félix” (Antonio José Valdez Mederico. (Compilación) Las biografías del general en Jefe Manuel Piar y Bolívar. Fundación Editorial El perro y la rana, 2024 Caracas. p. 165-166).

 González asegura que “Bolívar va a la entrevista con Piar, decidido a traerse el ejército de Guayana, lo que deja entrever que poco sirvieron las observaciones hechas por el curazoleño sobre lo improcedente de concurrir a la concentración de El Chaparro, y la necesidad de liberar la margen derecha del Orinoco” (1979, p. 165).

Era evidente que si había dos frentes de batalla: Guayana y Barcelona, no podía Bolívar “asumir el mando de las tropas” y mucho menos “en igualdad de condiciones”, porque se trataba de la estructura militar de un ejército y el Jefe Supremo era el Libertador. En cuanto a lo que “Bolívar va a la entrevista con Piar, decidido a traerse el ejército de Guayana”, resulta incongruente.

Esta suposición es automáticamente descartada con la correspondencia que Piar despacha al Comisionado General, Coronel José Félix Blanco, el 7 de abril desde el Cuartel General del Paso del Caruachi, en donde se refleja el verdadero propósito de la visita del Libertador a Angostura y hace inverosímil la versión infundada y la crítica negativa hacia la imagen del Libertador.

El motivo lo expresa Piar de manera tex tual, al afirmar: “El Excmo. Señor Jefe Supremo ha venido hasta la Mesa de Angostura donde he tenido el gusto de conferenciar día y medio con él. Para conducir los pertrechos que me ha ofrecido necesito enviarle las bestias necesarias. Interesa mucho que a la mayor brevedad posible envíe al Comandante del Caruachi cien mulas de las mansas y más gordas que haya en esos poblados, pero que no estén preñadas; todas bajo el cuidado de un hombre de bien que no las pierda en el tránsito” (Ibidem. O’Leary. 1881, p. 225). El contenido de esta carta se compagina con las comunicaciones dirigidas a Pedro Zaraza y a Monagas, reafirmado el motivo de su sorpresivo arribo al Orinoco.

El 19 de enero de 1817, Simón Bolívar respondía un oficio de Zaraza, fechado el 16 de enero en el Chaparro, en donde le manifestaba el vivo interés que tenía de verlo, al tiempo que le informaba lo reportado por el teniente Coronel Salcedo sobre todo lo que carecía su ejército. En este sentido, Bolívar le “aseguraba que su primer objetivo era armarlo y equiparlo perfectamente, en cuyo objeto está en la ciudad de Barcelona para ir remitiendo sucesivamente, según vayan viniendo, bestias de cargas, todas las armas, pertrechos y elementos necesarios para la guerra” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 132).

 Lo que expone a continuación, es más contundente, ya que revela la visión integral del Libertador con respecto a la operación conjunta del ejército y la marina. Bolívar agrega que “en el acto que llegue la escuadra que espera de un instante a otro, vuela al interior con todo lo que le traiga, a tener el gusto de cooperar con todos sus compañeros de armas a completar la libertad de nuestra querida patria” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. 1881, p. 132).

Otro historiador seguidor de Piar, Fernando Falcón en su trabajo “Sobre los orígenes, nacimiento y educación de Manuel Carlos Piar (1997), ofrece una interpretación muy sintetizada y al respecto, sostiene que “para el 3 de abril, se tiene conocimiento de la presencia de Bolívar al otro lado del Orinoco. Piar, dando prioridad a la presencia del Libertador, suspende momentáneamente la conducción de las operaciones militares y se reúne con él al día siguiente. Enterando debidamente a Bolívar de los pormenores de la campaña, emprenden juntos un reconocimiento sobre el sitio de Angostura y de allí parte a asumir de nuevo el mando de sus tropas” (Ibídem Valdez Mederico. 2024, p. 107-108).

Vicente Lecuna, un consumado Bolivariano hace ver en el Segundo Tomo de su obra “Crónica razonada de las guerras de Bolívar” (1950, p. 10-11), al suceso como una visita sorpresiva, al exponer que “al llegar el general (Piar) a la Mesa de Angostura el 3 de abril en la mañana se le presentó un oficial llamado José Antonio Gómez con la inesperada noticia de que el general Bolívar se hallaba del otro lado del Orinoco y venía a su campamento. Fue una casualidad feliz la llegada de Piar en esos momentos”.

En efecto, así lo fue. No existe hasta ahora documento alguno que compruebe una visita previamente acordada. Lo cierto es que el 4 de abril, a las dos de la tarde, en el sitio de la Mesa un joven de Angostura, les llevó la noticia de que La Torre con todas sus tropas se había embarcado en la tarde rumbo a Guayana la Antigua. Este hecho, de la mayor trascendencia, ponía en peligro las Misiones, y era urgente asegurarlas” (Ibídem. Lecuna. 1950, p.11).

Relata más adelante Lecuna (1950, p.11) que “sin vacilación tomaron el partido de disponer el regreso de las tropas al Caroní a marchas forzadas, y en efecto estas la emprendieron al siguiente día al amanecer después de pasarles revista el Libertador. En seguida los dos jefes hicieron con la caballería un reconocimiento de la plaza, hasta muy cerca de la Laguna regresaron a la Mesa y al medio día se separaron: Piar a alcanzar la infantería, y el Libertador a dirigirse, no al lugar por donde había cruzado el Orinoco, sino al de Angosturita, más debajo de Angostura, para despistar el enemigo repasar el río y seguir a los llanos de Barcelona, Cedeño quedó con sus jinetes frente a la capital”.

La historiadora María Magdalena Zambrano en su libro “Manuel Piar. Gloria y extravío del héroe” (2022, p. 62), ofrece un relato más equilibrado, y al respecto señala que “el Libertador y Piar anduvieron juntos el 4 y 5 de abril haciendo inspecciones; momento en el cual Piar ratificó su reconocimiento a Bolívar como Jefe Supremo y este aprobó el plan de operaciones de Piar y salió de regreso a Barcelona para volver a Guayana posteriormente”.

De igual manera, Zambrano al citar al “al historiador Indalecio Liévano Aguirre dice que, durante la inspección, Bolívar hizo recomendaciones a Piar para la concentración de sus fuerzas, que fueron aceptadas por el jefe guerrero” (2022, p. 62).

Más adelante, la referida autora acota que “quienes han pensado que Bolívar no tenía la visión de la importancia de Guayana que poseía Piar y entre quienes han manifestado esa opinión está la historiadora guayanesa, Hildelisa Cabello, cuando afirma: Que la liberación y ocupación de la provincia de Guayana no formaba parte de los planes del Libertador, es decir, de las estrategias militares de la guerra; tampoco poseía el Libertador cálculos claros sobre las potencialidades que ofrecía este territorio como sí parece que lo tenían Manuel Piar y Manuel Cedeño” (Ibidem. Zambrano. 2022, p. 41),

El mismo día que los dos estrategas se encuentran, se realiza una asamblea en el Cuartel General de los españoles para tomar la determinación de sus siguientes operaciones militares. Mientras Simón Bolívar y Manuel Piar se reúnen, Miguel de La Torre acuerda avanzar en convoy con numerosa escuadra hacia los castillos de Guayana y de allí, salir en busca de las fuerzas patriotas.

Un testigo de primera mano de los hechos, como es el capitán español Rafael Sevilla, en su obra “Memorias de un oficial del Ejército Español. Campañas contra Bolívar y los separatistas de América” (1916, p. 164), reafirma que el 4 de Abril se efectuó “una junta de jefes, presidida por el brigadier Latorre, en la que se acordó que el brigadier Latorre se trasladase con el mayor número posible de gente a la fortaleza de Guayana por el río, y luego por tierra hasta el punto designado”.

Lo cierto es que el arribo de Bolívar al majestuoso Orinoco marca un hito para la campaña de Guayana, debido a la coyuntura de la guerra. Si bien los historiadores ofrecen versiones contrapuestas, el diario de Operaciones y la correspondencia oficial, no registra desacuerdo entre ambos guerreros, ni discrepancias, por lo menos en esos días.

No obstante, el punto de vista de Liévano Aguirre se ajusta a las estrategias empleadas posteriormente, al opinar que las circunstancias llevaron a Bolívar a formarse un plan que perseguía poner fin a la dispersión de fuerzas para provocar su concentración en un punto intermedio entre Angostura y Guayana la Vieja y esperar allí el ataque de La Torre, cuyo plan fue aceptado por Piar. El historiador colombiano subraya una nota muy interesante, al sugerir que “reconocida la autoridad de Bolívar los dos se despidieron cordialmente”.

Esto se conjuga con el contenido de la misiva de Piar al Coronel Blanco el 7 de abril de 1817, en donde se expresa en términos como “el Excelentísimo Señor Jefe Supremo” y que “ha tenido el gusto de conferenciar día y medio con él”. A nuestro juicio, la entrevista de Bolívar y Piar no se produjo en un ambiente de desavenencias, siendo sumamente determinante el nivel militar que ambos líderes demostraron en aquel momento crucial. Lo que ocurrirá después, queda sujeto aa estudios desde una mirada crítica.

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