El rol de la armada venezolana en los pasos previos a la batalla de San Félix ha sido obviado por la historiografía tradicional

WILLIAM GARCÍA
RNCC / FOTOS CORTESÍA

Un aspecto dejado a un lado por la historiografía tradicional, es la influencia de la armada en la campaña libertadora de Guayana. La relación cronológica del diario de Operaciones no solo da cuenta de las operaciones fluviales y combates escenificados, sino que también desmonta la versión del bloqueo absoluto a los castillos de la Vieja Guayana y a la plaza de Angostura, además de ofrecernos una visión integral para despejar muchas dudas y aclarar diatribas generadas por el determinismo histórico y el desconocimiento de la armada venezolana en los pasos previos a la batalla de San Félix, como fuerza vital en la contienda.

El paso del Caroní y la toma de las Misiones Capuchinas se produce el 2 de febrero, por lo que ese mes estará signado por movimientos ofensivos para las fuerzas patriotas. No obstante, a finales de ese mes comienza oficialmente el rigor del bloqueo decretado por el Libertador Simón Bolívar en Barcelona, de conformidad a los cuarenta días de su entrada en vigencia.

Por consiguiente, marzo será un mes intenso, al registrar el mayor número de acciones militares de carácter naval, situando al caudaloso río como a sus playas en el teatro de operaciones de gran relevancia. El solo puerto de San Miguel, el más clave de toda la ribera recibirá dos ataques que ponen en vilo a la campaña en tierra.

De igual modo, la isla de Piacoa sería uno de sus principales objetivos, siendo tomada el 2 de marzo por las tropas patriotas al mando del Coronel Pedro Hernández. Según el diario de Operaciones del día 3 de marzo de 1817 en la mañana, el General Manuel Piar despacha un oficio al Coronel Hernández, Comandante de la línea que sitia a Guayana, previniéndole destine una partida al pueblo de Piacoa a recoger y asegurar las embarcaciones que allí se encuentren” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 207).

Durante ese mes, las misiones de la armada venezolana serán superiores a las del ejército en tierra. En la mañana del día 4 de marzo reportan el desembarque de enemigos por el puerto de Tablas y al día siguiente, instruyen por oficio al General Cedeño para que remita los Alférez Orta y Joaquín al capitán Antonio Rodríguez, Comandante de las fuerzas sutiles” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 208).

Esa semana y la próxima serán empleadas en la construcción de embarcaciones. “El 9 de marzo anuncia el Diario de Operaciones que el Comandante del Caruachi ha concluido otra piragua de ocho varas de largo, una vara y una pulgada de boca. En la noche se recibe otro oficio del Comandante de la Vanguardia, Coronel Pedro Chipìa desde el pueblo de San Miguel. Este dice tener seis curiaras, y que para mañana tendrá 12, con que privará la comunicación de los enemigos por el río” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 211).

El 12 de marzo salió Piar a las siete de la mañana de San Félix a las playas del Orinoco, a visitar la escuadrilla sutil que está formando el Jefe de la Vanguardia, Coronel Chipía, volviéndose después de media hora a su alojamiento” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 211).

Ese mismo día hace saber a Manuel Cedeño que “el coronel Chipía tiene en este puerto 16 curiaras con que ha empezado ya a hacer el corso. Por este medio hemos obstruido las comunicaciones entre las dos plazas que necesitan enviar un convoy fuerte para dar un parte. Otro crucero igual se establecerá en Piacoa para impedir la subida de los buques que vengan de fuera. Estableciendo U.S. también el suyo en Maruanta, o donde más convenga, será imposible que nos pase un buque” (Marco Delgado Rodriguez en el libro “Batalla de el Juncal. Consideraciones geoestratégicas. 27 de septiembre de 1816. Manuel Piar. Notas Biográficas”. Caracas. 2016, p. 121).

Realmente ese era el propósito de Piar, obstruir el tránsito de buques y las comunicaciones entre las dos plazas. Sin embargo, el Diario de Operaciones refleja el esfuerzo de sus estrategias, pero estas no pueden ejecutarse de manera efectiva, motivado a la inferioridad armamentista de su flotilla. El 13 de marzo a las siete de la noche se recibieron pliegos del Coronel Chipía, participando haber apresado una goleta mercante y haber sostenido un fuego vivo de artillería con una cañonera y cuatro flecheras que trataron de represar a la goleta, la cual se quemó después de haber extraído sus útiles. En el combate hubo dos muertos y un herido de la flotilla patriota” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 213).

Al día siguiente, el 14 de marzo en la noche, se tomó en el pueblo de San Miguel una curiara con dos hombres que se sospecha hayan venido a espiar” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 213).

Un día después, el 15 de marzo se sigue la construcción de trincheras en el puerto y se anuncia que desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde han dado caza nuestras curiaras a dos goletas que bajaban de Angostura, pero debido a la fuerte brisa que les favoreció, no consiguieron otra cosa nuestras embarcaciones que hacerlas retroceder impidiéndoles el paso” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 214).

El 16 de marzo se concluyeron las trincheras en el puerto de San Miguel. Ese día Piar ordena el ataque y apresamiento a una cañonera y dos flecheras que custodiaban la isla Fajardo, disponiendo que saliesen al anochecer siete de las curiaras patriotas, bien tripuladas al mando del Capitán Rodríguez, a tomarlas por sorpresa a la hora que dicho comandante juzgue conveniente por la noche. En consecuencia, salieron nuestros buques al anochecer sobre la isla Fajardo; pero habiendo soplado mucha brisa en la noche, que hizo embravecer demasiado el río, no pudieron nuestras curiaras dar el golpe y se encontraron con la impotencia de atravesar el río como debían para a tacar a los enemigos, no logrando otra ventaja que imponerse del lugar en que se fondean éstos. Con este resultado regresaron nuestras curiaras a las tres de la madrugada siguiente” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 215).

Dado a la asimetría bélica de las flotas y a la superioridad en la propulsión de las naves españolas, las cazas a buques mercantes que llevaban provisiones a los sitiados, no fueron tan efectivas, pero sí lograron parcialmente el objetivo de obstruir el paso en determinadas ocasiones. Pese a esto, las maniobras de nuestra fuerza sutil no se detienen y es que a la mañana siguiente, el 17 de marzo, exactamente a las ocho y media de la mañana, una embarcación que iba rumbo a Angostura, se dispusieron tres curiaras a darle caza, pero esta resultó ser una embarcación cañonera y salieron los buques a apresarla, pero la fuerte brisa que sopló impidió que atravesaran las corrientes del río, para llegar a la otra costa, sobre la cual y a toda vela se escapó la cañonera, sufriendo solamente unos tiros de fusil que le hicieron los buques” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 215).

El 18 de marzo al amanecer regresó la escuadrilla, sin haber ejecutado la operación prevista para el día anterior en la tarde, por encontrarse los buques escoltados con otros buques de guerra. No obstante, ese mismo día salió la escuadrilla en las inmediaciones de la fortaleza, con el objeto de apostarse en lugares que les proporcione hacer algunas presas” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 215- 216).

Los informes del día 19 de marzo indican una intensa actividad y es que desde muy temprano, a las siete de la mañana regresa la escuadrilla y al acercarse al puerto tiene una pequeña escaramuza con dos flecheras y una cañonera enemiga, pero sin resultados que lamentar. Solo hubo un ligero intercambio sin dejar bajas ni daños a las embarcaciones” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 216).

Tres horas después, del 19 de marzo, se anuncia la presencia de dos goletas que subían hacia Angostura con treinta o cuarenta reses, pero como venían escoltadas por dos cañoneras y tres flecheras, la escuadrilla patriota no pudo impedirle el paso. Horas más tarde, a las cuatro, bajó una goleta, acompañada de una cañonera y dos flecheras; la primera hizo tres tiros sobre nuestras trincheras, pero no causaron ningún daño” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 216).

Esto contradice la versión del cerco total a la plaza Angostura, la cual no dejaba de recibir provisiones a través de la red hídrica del Orinoco. El día 20 de marzo el diario apunta textualmente: “a la una de la tarde bajaban una cañonera y una flechera enemigas. Se dirigieron cinco de nuestras curiaras bien tripuladas a impedirles el paso, siendo mandadas por el Capitán Matamoros, Tenientes Ramos y García y Subteniente Tillers; bajo el mando del Capitán Rafael Rodríguez, quien también mandaba una particular. Los buques enemigos, al llegar cerca del puerto, fijaron el pabellón de sangre, se prepararon a combate y cargaron sobre los nuestros, que en línea se pusieron en todo el paso” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 216).

Esta acción resalta el nombre de unos valientes marinos sumidos en el anonimato y quienes, pese a la superioridad naval enemiga, estos derrocharon heroísmo y coraje en la caza de embarcaciones enemigas, la toma de islas y en repeler el ablandamiento de costas, cuyos resultados incidieron de tal manera, en el curso de la campaña. En este caso, su desempeño es realmente significativo, ya que “los enemigos fueron rechazados dos veces que cargaron a forzar el transito; y en la última en que nuestras curiaras trataron de abordarlos, desplegaron éstos, todas sus velas, y echaron a huir vergonzosamente, favorecidos del fuerte brisote que soplaba. Por más de una hora se sostuvo de ambas partes un fuego vivísimo de artillería y mosquetería” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 216-217).

La pericia naval de estos insignes héroes, es exaltada en el parte de este memorable combate fluvial, jamás abordado por historiador alguno. El relato sostiene al respecto que “la conducta de nuestros marineros no ha dejado que desear: el despecho con que sobre el horroroso fuego de artillería de los enemigos hacían todo el empeño por abordar, oponiéndose el oleaje bravío que casi sumergía nuestras pequeñas curiaras, es digno solo de unos hombres libres. Por nuestra parte tuvimos la desgracia de que nos hiriesen gravemente al Capitán Matamoros, y levemente al Subteniente Orta. Los enemigos han sentido tanto mal que aseguran todos los marinos que apenas siete hombres le quedarían a la cañonera; y a la flechera también muy pocos. Los mismos marinos, y aun los espectadores de tierra, aseguran haber visto caer claramente al Capitán y al artillero de la cañonera. El resultado, en fin, ha sido que los enemigos, no lograron el pasaje, se escaparon al favor del viento, tornándose al lugar de donde salieron” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 217).

En menos de 24 horas, nuestra fuerza sutil había tenido otra acción de armas. Esta vez, en el mismo puerto de San Miguel, cuando el día 21 de marzo a las 10 de la mañana pasaron para los castillos de la Vieja Guayana, una cañonera dos flecheras, dos goletas y un bongo enemigos. Nuestra pequeña escuadrilla tuvo un corto tiroteo en las inmediaciones del puerto; pero no pudo impedirles el paso por la superioridad de las fuerzas de aquellos. Una de las goletas al pasar dirigió algunos tiros de cañón sobre el puerto, pero no nos causaron ningún daño” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 216-217).

La infantería protege de una emboscada enemiga a la escuadrilla apostada en el puerto de San Miguel.

Piar pernocta el dìa 24 de marzo y se dirige desde este punto a las seis de la mañana al puerto de Tablas con su comitiva, en donde encuentra a dos cañoneras y tres flecheras y a pesar de haberse dirigido a hacer fuego a dicho puerto, Piar y Anzoátegui pudieron observar con despacio toda la isla Fajardo que está al frente de este puerto. Hecho el reconocimiento de la isla y de los buques que la guarnecen, Piar regresa al puerto de San Miguel en donde llega a las diez de la mañana, mientras las embarcaciones del apostadero de Fajardo bajaron al mencionado puerto y encontrándose de frente con dos de nuestras curiaras, le hicieron un fuego vivo de cañón y fusil, intentando tomarlas. La escuadrilla patriota no salió a combatir por la superioridad de las fuerzas enemigas, pero gracias a la protección que le dio la infantería, se pido repeler el ataque y una posible toma de este punto estratégico” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 218).

Ese mismo día, hay una importante operación. Se trata de la toma de la isla Bernabela, una misión encomendada al Capitán Fuenmayor, quien toma 24 prisioneros y cinco curiaras, de las cuales quemó tres y condujo dos al campo de la Mesa de Angostura. Se dice también que el general Cedeño va a establecer un crucero por aquella parte” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 219).

El 26 de marzo se recibe un oficio en la noche notificando un combate con una cañonera y dos flecheras que intentaron un desembarco en el puerto de San Joaquín, pero que no solamente se les impidió; sino que también les mataron a un patrón y tres hombres, que vio caer al agua, y dos más heridos, logrando escaparse los buques, por no tener allí nuestro destacamento otros con que tomarlos” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 219).

Si bien Manuel Piar buscó proteger todas las entradas y puertos, no contaba con una escuadra adecuada para impedir el paso de barcos, repeler ataques y capturar embarcaciones, ya que su escasa flota se limitaba a pequeñas piraguas en franca desventaja ante la Real Armada española desplegada en las aguas del Orinoco. Pero lo cierto es que también impresiona el mecanismo para proveer de embarcaciones que permitieran el paso del río Caroní a la infantería y a la caballería, siendo esta, una de las misiones del apresto operacional de la incipiente flota republicana, como lo es el transporte de tropas, cuyo paso también definió el destino de la guerra. De allí el constante celo para proteger tan importante trinchera.

En la mañana del día 29 de marzo se recibe correspondencia del General Cedeño participando haber llegado a Angostura 36 lanchas, conduciendo refuerzo desde San Fernando. En consecuencia de este parte se han tomado las medidas necesarias para esperar al enemigo, librando orden al comandante de la línea contra Guayana, para que reúna el destacamento de Piacoa y se ponga en marcha con todas las fuerzas a este Cuartel general, con otras prevenciones para conservar aquel sitio” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 220).

Al General Cedeño le detalla Piar las maniobras que debe realizar en caso de ser atacado y le participa que él marcha esa misma tarde a acordar sobre las operaciones que deben ejecutarse. Al mediodía salieron de San Miguel dos piraguas en hombros de indios, a ponerlas en el paso del Caruachi, por disposición de Piar para ayudar el pasaje de la caballada y la división del General Cedeño” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 220).

A las cuatro y media sale Piar con su estado mayor hacia la Mesa de Angostura, a visitar a aquella línea y a tratar con el General Cedeño, haciendo alto a las nueve de la noche en el Caroní, donde pasó la noche. A las once recibe oficio del Capitán Urbina solicitando dos piraguas para el paso del Caruachi. Se recibieron varios oficios durante esa noche. Uno de ellos del Comandante del destacamento de Piacoa, manifestando haberle venido una partida que destinó a la isla Tórtola, conduciendo siete buenas piraguas con once hombres y su familias” (Ibídem. O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 220-221).

Como se puede observar, en los pasos previos a la victoria de San Félix, los combates librados en el cauce del río y que no mencionan los autores, trastocan las operaciones enemigas y confieren a nuestra flotilla un rol imprescindible en acciones hostiles que impidieron a la armada española un despliegue absoluto para el abastecimiento de las fortalezas y, además evitaron los asaltos fluviales que los realistas intentaron ejecutar.

Desde esta perspectiva se puede evidenciar que las acciones bélicas no solo se concentraron en el memorable campo de batalla ni en las fortalezas, sino que también tuvieron como escenario las aguas del caudaloso Orinoco, sus playas y puertos. Siendo la armada, en los sucesos posteriores a San Félix, una fuerza clave para culminar la liberación de Guayana.

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