Simón Bolívar es recibido por Manuel Piar en Angostura con todos los honores correspondientes a la máxima jefatura militar
WILLIAM GARCÍA
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Un tema bastante distorsionado y por consiguiente, poco comprendido, ha sido la llegada del Libertador al Orinoco en su segundo y determinante arribo. Un episodio que ha generado muchas diatribas, dado a que no se ha expuesto desde una mirada crítica y desde la concepción global que amerita el estudio de la guerra de Independencia.
Lo primero en ser tergiversado, ha sido el propósito de sus dos visitas. Ubicándonos en el contexto, tenemos que para el 30 de enero de 1817 Simón Bolívar tenía la noción de lo imposible de contar con el refuerzo de las tropas de Manuel Piar, al igual que con las fuerzas de Santiago Mariño para contener la amenaza española sobre la Casa Fuerte de Barcelona. En una carta que le despacha desde dicho cuartel general, le expresa al general oriental de manera fehaciente: “no espero, pues, que estando ese ejército tan internado y sobre los muros de Guayana, pueda retrogradar, haciendo una marcha tan penosa. No cuento pues, por ahora, ni para la defensa de esta plaza, ni para la próxima inmediata campaña con la División del General Piar” (Daniel Florencio O’Leary. Memorias de O’Leary. Tomo XV. Caracas. 1881, p. 149-150).
A pesar de haber enviado emisarios y de manejar la información adquirida por la relación epistolar con Piar, el Libertador fue a reconocer personalmente en su primera y sorpresiva vista del 4 de abril, el estado de la campaña de Guayana. En torno al motivo y los resultados de dicha visita, el historiador nativo de Carúpano y radicado en Ciudad Bolìvar, Bartolomé Tavera Acosta en el Romo I de su libro “Anales de Guayana” (1905, p. 216-217), refiere que “Bolívar y Piar conferenciaron largamente día y medio elaborando el plan militar que había seguirse para rendir la Angostura. Convenidos ambos, Piar marchó a incorporarse con sus tropas que había dejado a la margen derecha del Caroní, en tanto que el Libertador marchaba en solicitud de su ejército para venir a activar y apoyar las operaciones que se verificarían”.
Estando de regreso de Angostura en el Chaparro, recibe el 15 de abril de 1817 la noticia de la caída de Barcelona. En una comunicación que Bolìvar dirige el 18 de abril a Brion se puede observar que éste se desprende de la constante solicitud de la fuerza militar que obra sobre Guayana para auxiliar y enfrentar al ejército realista que amenazaba tan imprescindible trinchera en Barcelona.
En la mencionada misiva remitida al almirante, le expone textualmente: “el 4 del presente llegué a la Mesa frente de Angostura, y tuve el placer de revistar un ejército poderoso y bien disciplinado, y de ver el brillante aspecto que presentan nuestros negocios en aquella Provincia (…) Tantas ventajas me determinaron a dejar aquel ejército para que terminase la reducción de la Provincia” (Simón Bolívar. Epistolarios Bolívar-Luis Brión, Luis Brión-Bolívar. Volumen 62 de Colección “Bicentenario Bolivariano”. Presidencia de la República. Caracas, 1983, p. 34).
Lo cierto es que una vez enterado de la pérdida del importante bastión de Barcelona, el Libertador concentrará sus esfuerzos hacia Angostura. Siendo una de las primeras medidas, el requerimiento inmediato de la flota republicana al mando del Almirante Luis Brion hacia las bocas del Orinoco, la cual venía de librar importantes combates en la defensa marítima de Barcelona.
Un hecho trascendente de su llegada al Chaparro lo refieren Rafael María Baralt y Ramón Díaz en el Tomo II de su obra “Resumen de la Historia de Venezuela” (2010, p. 445), al señalar que Bolívar tuvo en efecto una entrevista con Piar y regresó luego al Chaparro, donde encontró las columnas de Armario, Bermúdez y Valdés, la nueva infausta de la casa fuerte y la novedad del viaje de Mariño a Cumaná”.
La historiadora María Magdalena Zambrano en su libro “Manuel Piar. Gloria y extravío del héroe” (2022, p. 69-69), acota que también se sumaron “Jacinto Lara, Francisco Vicente Parejo, Fernando Galindo, Rafael Guevara, entre otros, que venían a encontrarse con él. Siguieron a su cuartel general en el Juncal cercano a Barcelona”.
Mientras que su primer biógrafo Felipe Larrazábal en el Tomo II de su libro “Vida del Libertador Simón Bolívar” (1925, p. 72), reafirma que “Arismendi, Armario, Bermúdez y Valdés, rompieron con Mariño y regresaron al Chaparro para aguardar las órdenes de Bolívar. En la Palmita, como atrás se ha dicho, cerca del Chaparro halló el Libertador las divisiones que le fueron fieles. No puede pintarse el dolor que le causó la noticia de la pérdida de Barcelona, y el asombro que le produjo la defección de Mariño”.
Estos oficiales que se habían percatado de la disidencia de Mariño acudieron a presentársele al Libertador y con “las fuerzas en la Palmita ascendían a poco más de 500 hombres; con ellas emprendió el Libertador marcha hacia el Orinoco, dejando a Monagas y otros subalternos en diferentes puntos de los Llanos, para inquietar al enemigo” (Ibídem. Larrazábal. 1925, p. 73-74).
Esto desmonta la versión de que de que Simón Bolívar llegó solo a Angostura. Es precisamente allí donde el Libertador inicia el despliegue ofensivo hacia Guayana. El historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre en su libro “Bolívar” (2011, p. 263), agrega que en el Chaparro el Libertador “ordenó a Monagas y a Zaraza continuar sus operaciones en los Llanos altos, y después se encaminaron con el parque al Orinoco”.
Pero enfocado en la fuerza naval de Brión, insiste en solicitud de la escuadra. Marco Delgado Rodríguez en el libro “Batalla de el Juncal. Consideraciones geoestratégicas. 27 de septiembre de 1816. Manuel Piar. Notas Biográficas” (Caracas. 2016, p. 143), apunta que en la comunicación que Bolívar envía el 18 de abril al Almirante le ordena “presentarse a la brevedad posible, con toda la fuerza naval en el Orinoco. Acopiar, en Guayana, cuanto elemento de guerra halle, de propiedad o por vía de crédito, puesto, que “Guayana libre nos dará no sólo mil recursos sino una importancia política extraordinaria, y con qué satisfacer los créditos que hemos contraído y contraigamos en lo venidero”.
Luego emprende la marcha hacia Angostura. Felipe Larrazábal en su obra citada (1925, p. 73), dice que “la estación de las lluvias, que había principiado ya, hizo dificultoso el paso del Orinoco, que al fin se practicó en pequeñas canoas, durante los días 25 y 26 de Abril, dos leguas más arriba de la desembocadura del río Pao”.
El mismo día de la llegada de las fuerzas conducidas por Simón Bolívar a las riberas del Orinoco, Manuel Piar por segunda vez, intenta asaltar la plaza de Angostura, a la par que se ocupa del movimiento de la flota realista. “Tales eran las ocupaciones de Piar cuando llegaron a su campamento el coronel Tomás Montilla y el teniente coronel Montes de Oca de parte del Jefe Supremo, a solicitar guías, bestias de silla y ganados para la marcha de las tropas que traía del otro lado del Orinoco” (Vicente Lecuna. Crónica razonada de las guerras de Bolívar. Tomo II. 1950, p. 17)
A pesar de que Lecuna sostiene que el 25 de abril en la tarde Piar despachó los comisionados hacia Moitaco y que éstos tardaron en encontrar al Libertador, el Diario de Operaciones anuncia que fue el 30 de abril al medio día cuando se recibe “un oficio del Jefe Supremo, participando haber pasado el Orinoco y hallarse ya de este lado del Aro, con las tropas que trae” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 249).

Lo que si se compagina con la cronología del relato es que el 27 de abril es cuando “las tropas del General Bolívar terminaron el paso del Orinoco y el 30 ya habían dejado atrás el rìo Aro, y avanzaban hacia Angostura” (Ibídem. Lecuna. 1950, p. 17).
Como bien se sabe, el Orinoco era constantemente patrullado por la escuadra enemiga. O sea, que no se puede mirar a este desafío como un paso sencillo. Por lo que el Libertador, “el 30 de abril, burlando la vigilancia de la flotilla española cruzó el río cerca de la desembocadura del Aro” (Ibídem. Liévano Aguirre. 2011, p. 263).
Ahora bien, de lo que no cabe la menor duda es que al enterarse Manuel Piar de la proximidad del Bolívar, sale a su encuentro. El diario relata que “el día 2 de mayo a las cuatro de la madrugada marchó S.E. el General Piar con sus Edecanes hacia el río Aro a encontrar a S.E. el Jefe Supremo que llegará en este día con una fuerte división de infantería a este campo a engrosar el ejército” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 249).
Felipe Larrazábal (1925, p. 78) nos ofrece detalles del arriesgado cruce, al narrar lo siguiente: “pasó el Libertador el Orinoco y lo pasó el ejército, más arriba de la confluencia del Pao, como queda dicho. Pero en aquel punto no había camino, y hubo de abrirse una pica por medio de un espeso bosque, en la cual las tropas avanzaban a proporción que delante de ellas se proyectaba el camino. Sin subsistencias, acosados por el hambre, prepararon carne de caballos para alimentarse, cuando llegó felizmente el coronel Tomás Montilla con auxilios que enviaba Piar. Siguieron la margen derecha del río Aro hasta unirse con las tropas de Piar que estrechaban el sitio de Angostura”.
El mencionado autor puntualiza que “la reunión tuvo lugar a las nueve de la mañana del 2 de Mayo, y Bolívar fue reconocido solemnemente como jefe supremo de la República de Venezuela”. Siguiendo la secuencia del diario, veremos que dos horas después, es decir, “como a las once de la mañana llegó a este campo el Excmo. señor Jefe Supremo, acompañado de S.E. el General Piar, el Estado Mayor general y Edecanes de SS.EE” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 249).
Esta incuestionable fuente testimonia que el encuentro se produjo bajo un ambiente signado por el rigor marcial y armonía entre los dos guerreros. Muy al contrario de lo que han querido posicionar algunos autores, el Libertador “fue recibido con las más vivas expresiones de júbilo, estimación y respeto, y con los correspondientes honores”. De hecho, la cordialidad y el respeto a la jerarquía militar fue de tal manera que “el Jefe Supremo se alojó en la tienda del General Piar, y correspondió graciosamente a las demostraciones de nuestros oficiales y soldados con elogios y expresiones singulares” (Ibídem. O’Leary. 1881, p. 249).
En la crónica del diario se deja plasmado que “dentro de una media hora después llegó el Excmo. señor General Arismendi, el de División Bermúdez, y los de Brigada Valdez, Saraza y Soublette con la división de infantería que trae el Jefe Supremo para engrosar la que opera contra Guayana” (Ibidem. O’Leary. 1881, p. 249).
Pero lo que apunta más adelante, despeja cualquier tipo de duda o conjetura generada por la versión de que todo el ejército de Guayana lo había formado Piar, al afirmar que “estas nuevas tropas se situación al frente de las de aquí y fueron alojadas en este mismo campo del Juncal. Y ambas forman hay un ejército respetable” (Ibidem. O’Leary. 1881, p. 249).
Tavera Acosta (1905, p. 223), reafirma que “en la mañana del 2 de mayo todo el ejército republicano, inclusive los vencedores de San Félix, le aclamaron como Jefe Supremo. Por su parte, Liévano Aguirre corrobora que Bolívar “como general en jefe, asumió la suprema dirección de la guerra en Guayana” (2011, p. 263).

Pese a las reiteradas órdenes del Libertador a Piar para reforzar la defensa de Barcelona ante el inminente ataque español y al hecho de no haber recibido respuestas satisfactorias, no hubo altercados ni roces por el incumplimiento de la urgente solicitud de las tropas. El cruce de correspondencias, así lo demuestra.
Realmente Piar había tenido desavenencias con oficiales en ocasiones previas a la llegada de Bolívar, pero hasta ese encuentro no se había suscitado algún desacuerdo con el Libertador. De hecho, “desde ese momento quedaron las operaciones a cargo de Bolìvar” (Ibidem. Tavera Acosta. 1905, p. 223). Simón Bolívar es recibido por Manuel Piar en Angostura como la máxima jefatura militar, “con las más vivas expresiones de júbilo, estimación y respeto, y con los correspondientes honores”. No hubo inconveniente alguno para que los vencedores de San Félix, le aclamaron como Jefe Supremo”. Se daba inicio a la tercera fase de la campaña libertadora de Guayana y a la expulsión definitiva del dominio español en las aguas.

